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Análisis

ROSARIO TRONCOSO

Volar

En pleno siglo XXI aún hay quien vigila y controla a su pareja en las redes sociales

Faltan meses para otro 25 N, pero el trabajo de prevenir la violencia de género (aunque a veces dude de lo correcto de esta denominación) en nuestros jóvenes, en casa y desde los centros educativos, ha de ser diario. Pico y pala, para erradicar prejuicios e ideas del pasado que están en la masa de la sangre y que se reavivan, por ejemplo, a través de insultos a una chica que ejerce como árbitra en un partido jugado por niños en Barcelona, en niñas hechas desaparecer por su propio padre o en la retahíla de barbaridades escritas a Luna, sí, la mujer blanca que abrazó al hombre negro, en sus redes sociales. Hay una falsa moralidad de pacotilla que me hierve la sangre. Gente que proclama lo que no piensa de verdad, por quedar bien ante los demás, pero que en casa vapulea a lo suyos, de puertas para adentro. En pleno siglo XXI aún hay quien vigila y controla a su pareja en las redes sociales, tíos que se permiten opinar de forma denigrante sobre la manera de vestir de una mujer, o que critican de forma soez y desagradable su estilo de vida. Jueces de la verdad absoluta para dirigir el comportamiento de sus compañeras o denigrarlas porque quieran volar. No me gusta que a los toros te pongas la minifalda, ese himno machista que cantaba Manolo Escobar, su mensaje, está peligrosamente presente y de actualidad entre los jóvenes y no tan jóvenes: "Esa va vestida para buscar guerra". Si la maltratan es porque le va la marcha. Sé de lo que hablo. Y da mucho miedo. Todos nacemos con alas, pero llevamos escrito en la genética aún que nosotras debemos volar más bajito, y agradar, contentar, sostener en equilibrio a la familia y proyectar que no tenemos inquietudes más allá de lo que está bien visto por esa voz interior judeocristiana y tradicional que nos impulsa a ser buenas, aunque realmente no sepamos muy bien qué tiene de bueno dejar, las más de las veces, aparcada la identidad. Aún creemos que lo correcto es someternos a algo o alguien, por ¿amor? ¿dedicación? ¿para ser respetables? Uf. Y la culpabilidad. Parece que está mal querer ser persona y mujer por encima de todo, y que no es incompatible con ser pareja de alguien, hija y madre. A pesar de tanta lucha, no se entiende todavía (la verdad duele) que para lograr la plenitud como madre, hija y pareja de alguien, se ha estar plena y completa desde el origen. El amor sólo crece a partir del amor propio. Pero la teoría sigue estando lejos de la práctica, por desgracia, a pesar de las campañas publicitarias y los programas de educación en igualdad. Hace falta verdadera pasión y fe, mucha para reparar los rotos y coser los descosidos. Y tener claro que las alas no entienden de género. A veces la libertad duele, pues está hecha de heridas. Pero volar es para todos, como respirar.

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