Análisis

aNA SOFÍA PÉREZ- BUSTAMANTE

Vilar de Donas

Aquel camino era un viejo mendigo", decía en Merlín y familiaÁlvaro Cunqueiro, que se crió en el arcén del camino jacobeo allá por los años 10 del siglo pasado, en una Galicia casi medieval. "Los caminos son semejantes a surcos, y así como las eras dan el pan, los caminos dan las gentes, las posadas, las lenguas y los países". Aunque con la pandemia los peregrinos escaseaban, tuvimos la suerte de no andarlo a solas. En Ligonde conocimos a Pepico, que atendía un albergue de la Asociación de Almería. Enjuto y fibroso como un Tarzán de alambre, era un jubilado que desde 2009 había ido a Compostela por 40 rutas diferentes, más de veinte mil kilómetros. Con sobria emoción nos cantó en su francés de emigrante un himno que recoge el viejo saludo de los peregrinos: "Ultreia et useia", "Más allá y más arriba". Como si uno se estuviera dirigiendo a un campo de estrellas.

Pensando en Cunqueiro tomamos un desvío para visitar la iglesia monástica de Vilar de Donas. Allí se conservan unos magníficos frescos del siglo XV. Llama la atención, junto al altar, una escena donde una delicada dama aspira frente a un gentil galán el perfume de una flor. Jesús García, guía voluntario, explica que el templo, aunque oficialmente del siglo XII, viene de antes, de los monjes irlandeses del siglo VI. Cunqueiro lo comparaba con una Avalón artúrica: los caballeros allí enterrados eran atendidos por hermosas doncellas, como las valquirias del Valhalla. Don Jesús mezcla historia y leyenda con su biografía de emigrante en Sestao. Tiene 92 años, se desliza voluntariosamente con sus muletas, y al despedirnos nos aconseja: "Ustedes son mujeres pero no son inferiores. Defiéndanse".

Mi hija y yo anduvimos como en un sueño por el país de una infancia antigua, con todo el tiempo del mundo para ir comiendo moras, para ir oliendo lilas, para ver cómo se nos posaban en los brazos libélulas azules, y para dejar que anidasen en nuestra memoria las gentes que nos brindaban el cuento de sus vidas. Como en el poema de Cunqueiro, ese "Rondeau de las señoras damas de Vilar" que lleva entreverado un verso de Ronsard: "Ese viento de seda es el tiempo que pasa… Le temps s´en va".

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