Por fin, tras un año menos marcado por la pandemia, ha llegado el verano, el verano de la vacuna, porque, si por algo recordaremos este verano será por las vacunas, las colas en los puntos de vacunación, y el calor sofocante de esos diez minutos de reposo.

Atrás queda la pandemia, pero tan cerca que aún puede olerse, y el verano, el ansiado verano, llega como llegó el pasado. Resulta más que curioso la mejoría general que precede a todo verano, para luego retornar las lagrimas por una pandemia que no deja de crecer, y que esperemos que, tras la Patrona, el verdadero final del verano portuense, se haya diluido.

Sin embargo, aún siendo pocos los años, hablamos de la pandemia, de las vacunas, de los encierros de los contagios… de todo…. como si lleváramos toda la vida sufriendo sus consecuencias. Y así, como ya ocurriera el pasado verano, no hay quienes no dejan pasar la oportunidad para, aun a pesar de ser normas estatales, acusar a quienes quieren disfrutar del verano de insolidarios descerebrados que acabaran con la raza humana. A pesar de ello, el verano, el fin de las mascarillas y la vacunación, se han adueñado del Puerto. Las calles, llenas de todo, menos de locales, rebosa de una extraña y tímida salud.

Los meses pasados, pocos a lo largo de toda una vida, nos han dejado una huella imborrable. En algunos casos la higiene llegó para quedarse, lo cual es de agradecer; los amorcegamientos han sido desterrados y la gente apelotonada en la barra han desaparecido. Hoy, gracias a la pandemia, puedes pedir una copa sin que te soplen en la oreja, te sientas intimidado, o puedas recibir el sudor del individuo de atrás. Las distancias se mantienen, de forma natural, y así el verano que vivimos peligrosamente se va desarrollando con normalidad; puedes sentarte en una terraza y apoyar el codo sin miedo en la mesa, no te quedarás pegado; después de todo, y aunque nos pese, ni la pandemia nos cambió tanto ni ha sido el fin de la raza humana, pero nos ha dejado costumbres que nunca debieron perderse, como son el correr del aire y el respeto por el cuello del vecino.

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