Sigue la vorágine turística en nuestro país; más millones de turistas, más miles de millones de euros. Es un ejemplo de que las leyes físicas no son de general aplicación. Aquí, en un espacio finito y con unos recursos limitados, se pretende un crecimiento indefinido de turistas, de urbanizaciones, de hoteles…, y así hasta el colapso total.

El dinero abundante y fácil obnubila la vista, el conocimiento y la perspectiva a largo plazo. Desde que Franco y Fraga decidieron en 1963 -con la Ley de Centros y Zonas de Interés Turístico Nacional (cuyas consecuencias persisten aún hoy; ahí están Atlanterra o Sotogrande)- ligar el futuro de España al turismo residencial, y apostar por urbanizar la costa, ningún gobierno –sea de la ideología que sea, y de todos los niveles de la administración- ha puesto en entredicho ese “destino en lo universal”. Y la costa se urbanizó, y se destruyeron paisajes, espacios naturales, patrimonio cultural, tierras fértiles... Todo por el turismo.

Y políticos y empresarios comprobaron que el dinero del turismo era más fácil que innovar, investigar o desarrollar tecnologías. Y que bastaba con ser líderes en bares, hoteles, chiringuitos, centros comerciales… y mucho sol, alcohol barato y desmadre nocturno. ¡La sala de fiestas de Europa!

Si a la destructiva especulación urbanística le unimos el cambio climático que estamos provocando por esa irresponsabilidad atávica, tenemos el tsunami perfecto. Pero seguimos como si nada pasara. Hemos destruido el metabolismo natural del litoral, conocemos sus graves achaques, sabemos qué remedios aplicar… Pero nada, seguimos con la falsa creencia de que el mar se mantendrá tal cual por los siglos de los siglos.

La resiliencia del litoral está llegando a su límite. La subida imparable del nivel del mar provocará en las próximas décadas la pérdida de la mayor parte de nuestras playas. ¿Entonces qué? Las inútiles y costosísimas “regeneraciones” de playas se tornan cada vez más insostenibles.

Y seguimos como si nada. En El Puerto se plantea una promoción urbanística en la playa de Santa Catalina, casi al nivel del mar; en El Palmar un complejo hotelero en zona inundable; y en Tarifa una macrourbanización junto a la playa de Los Lances.

Si nos enfrentamos al mar, nos devorará.

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