Análisis

Enrique Montiel

Tortillas de camarones

Nadie diría por entonces que la tortilla de camarones sería un timbre de gloria

Hicieron de la necesidad, virtud. Y un prodigio de la harina de garbanzos y un puñadito de camarones que habían cogido en las compuertas de los esteros y los caños. Lo llamaron "tortillas de camarones" y se puede demostrar que María Picardo, María la de la Venta de Vargas, una mujer singular, verdaderamente inolvidable, fue una de las divulgadoras, la que las puso en el mundo. Para muestra un botón: un día fue a almorzar a la Venta el abuelo de nuestro Rey Felipe VI, Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona, a quien Franco impidió reinar en España. En la Venta, lógicamente, lo esperaban y María Picardo, la viuda entonces de Juan Vargas, se había puesto el delantal más blanco y almidonado que tenía, el más refulgente. Se presentó delante de ilustre visitante y le hizo un plongeon como si estuviera acostumbrada. A don Juan le sorprendió tanto que le dijo "¿Dónde has aprendido tú a hacer este saludo, María? "Dónde va a ser, Señor, en la televisión". Fue un saludo que acabó en risas francas de todos los testigos y actores. E inmediatamente aparecieron los camareros con fuentes rebosantes de tortillas de camarones. Sí, la Venta fue un primer foco del creciente prestigio de las tortillas de camarones, referente en las comparaciones con todos los demás que se apuntaban a este manjar del recuerdo de lo humilde, de las callejuelas isleños que llegaban hasta los caños y los esteros. No sé si alguien referirá esta y otras historias domésticas en el Simposio que el lunes se iniciará en San Fernando, organizado por la Cofradía de los Esteros que preside el cocinero de la COPE Pepe Oneto, un isleño que ha sabido construir una realidad que se llama la Cofradía de los Esteros mundo adelante y que ha hecho -en vivo y en directo- tortillas de camarones para medio mundo. En estas páginas están los detalles de este Simposio para quienes mañana lunes quieran asistir y participar. Una de las intervinientes, Lela Fontao, hace años, con un grupo de mujeres solidarias, las hacía por toda la Isla para ayudar a los más necesitados. Nadie diría por entonces que la tortilla de camarones sería un timbre de gloria y un reclamo turístico para San Fernando. Lo es. Y el nacimiento de esta delicia humilde de la gastronomía, surgida de los tiempos de necesidad, es hoy una delicatesse de la cocina internacional. Del 'bienmesabe a la tortilla de camarones' debería ser considerado un período histórico de nuestra ciudad. Hablaría de dos siglos con todas sus vicisitudes. En efecto, hemos vivido y vivimos en el corazón de una riqueza natural que, por lo menos, no ha muerto del todo ante la voracidad de la especulación del suelo y la avaricia de los hombres. Para pensarlo.

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