Tribuna libre

Taite Cortés

Tito Juan. Manzorro. Amigo

02 de marzo 2022 - 01:33

Intento acordarme hoy de en qué momento me diste el maravilloso privilegio de formar parte de tu vida, Juan, y no puedo decir cuándo fue. No puede ser más que me colara, como en esa foto que tanto nos gusta en Saint Maló. Una intrusa en un instante, en mil instantes, en una cotidianidad que me abristeis con una generosidad infinita. Porque no logro recordar cómo fue, Juan, qué llegó a pasar para que terminara en vuestro círculo y en vuestra familia hasta el punto de que mi hija te reconoce como Tito.

Porque tenerte cerca ha sido un privilegio que nunca podré agradecer lo suficiente, Juan, aunque me duela en el alma perderte tan pronto. El hombre reservado, discreto, ha sido uno de los mejores amigos que una pueda llegar a tener, una de las mejores personas con las que enriquecer tu vida. Porque Juan siempre tenía una reflexión acertada, una decisión correcta (aunque algunas no las compartiera), porque tenía una sabiduría pragmática y de pueblo, de esos orígenes que tanto reivindicaba, que simplificaba problemas y soluciones; y nos regalaba una inteligencia desbordante que aplicaba a su sentido del humor hasta el punto de que uno de los últimos mensajes que tenemos suyos, poco antes de irse, era metiéndose con nosotras, sus amigas (somos más en el grupo, se siente).

Todos hablan de tu bonhomía, Juan, y no les falta razón, todos estos adjetivos con los que te describimos: inteligencia, entusiasmo, coherencia, trabajo, tesón, estaban dirigidos únicamente a hacer el bien porque puedo afirmar sin atisbo de dudas que eres la mejor persona que he conocido. Junto con Mónica, claro, porque en cierto modo, tampoco os entiendo por separado. Os conocí como un todo, os he vivido como un todo y creo que seguirá siendo así, porque vas a estar siempre con nosotros, en nuestro recuerdo, en nuestro corazón, en nuestro día a día.

Y si el maestro Kapuscisnki decía que "para ser buen periodista hay que ser buena persona", se entiende por qué has llevado el oficio a los niveles más altos de calidad con compañerismo, con ilusión, con sensibilidad, con la empatía que te hacía comunicar tanto porque tu secreto era tener siempre presente a los demás, a los y las que estaban al otro lado.

Juan pasó de ser mi referente radiofónico en el carnaval, mi ídolo en la distancia, a mi amigo, mi ídolo en el día a día. Y aún no sé cómo fue ni a qué dioses, destinos debo agradecer que así ocurriera. Porque el Manzorro de andar por casa era aún más grande que lo que se reflejaba en las ondas. Hemos echado muchas horas, muchos viajes (con muchas portadas de discos), muchas anécdotas, mucha radio también, mucho Gavilán pollero y tocadiscos en el Falla. Le he visto ser feliz a cada momento: en los viajes, en los días de playa, en el Falla, en los atardeceres, en su boda (esa boda tan llena de guiños), en su vida con Mónica. En esos detalles con los que le intentaba sorprender en cada ocasión y con los que nos terminaba contagiando a todos de sus ganas de hacerle feliz.

Y sólo puedo dar las gracias por todo esto. Y porque con Juan todo era fácil, o hacía que pareciera fácil, hasta la enfermedad que llevó con determinación y con buen ánimo, como siempre me recalcaba.

Mi hija lleva dos días diciendo "Mira, tito Juan" cada vez que sale su recuerdo en la tele o fotos en las redes. Y sonrío ampliamente. No sólo porque me parece un título que, aun sin decírmelo, creo que llevaba con orgullo, sino, sobre todo, porque llamarle Tito es lo mejor que le puede pasar a Guadalupe, que ha de crecer con su referencia y sus valores para que este mundo sea mejor. Como lo era cuando Juan estaba en nuestro día a día.

Te voy a echar de menos, Juan. Ya te estaba echando de menos cuando no nos podíamos ver tanto como antes. Te vamos a echar de menos en la radio, en las noches de Falla, en la tele, en el grupo "un bebo, cohones", en todos los espacios que llenabas tanto a pesar de tu afán de discreción. Creo que esa es la principal característica de las personas grandes, que lo son aún sin quererlo, o precisamente porque no quieren.

Seguirás estando en nuestras vidas, Tito Juan. Manzorro. Amigo.

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