Los terrenos de la zona de La Puntilla son una oportunidad para darle un giro a la relación que la ciudad de El Puerto mantiene con su río. Si en tiempos ya lejanos fueron los duques de Medinaceli los grandes propietarios de suelo en el municipio portuense, ese lugar ha sido ocupado por la Autoridad Portuaria, que es titular actualmente de 1,5 millones de metros cuadrados situados estratégicamente en las amplias márgenes del río Guadalete (incluso la Ciudad Deportiva).

La Autoridad Portuaria tiene la llave para que cualquier proyecto mercantil, pesquero, de turismo náutico o lúdico relacionado con el sector marítimo se pueda desarrollar. Hoy por hoy, el río, que tanta riqueza trajo antaño a El Puerto, está desaprovechado, prácticamente desconectado de la ciudad, como si hubiera una valla invisible que impide que el casco urbano se fusione con la arteria que siempre le dio la vida.

Los muelles exteriores del Guadalete ofrecen una imagen desoladora: no llega un solo mercante, no hay tráfico alguno de mercancías, ninguna línea marítima por modesta que sea, opera en este lugar. Sólo llegan a este muelle buques ya desahuciados camino del desguace, que quedan amarrados durante años, oxidados y semihundidos junto a los cantiles, ocupando un lugar privilegiado que merecería sin duda un uso más rentable.

En los años 70 hubo un proyecto para construir un puente sobre el río a la altura de la Rotonda de La Puntilla y transformar los muelles de la desembocadura en una zona con tráfico portuario y actividad mercantil, pero no se hizo. El proyecto para transformar la dársena exterior en una terminal para tráfico ro-ro (barcos que descargan con rampas abatibles por popa) tampoco prosperó y los terrenos anexos a la dársena han sido destinados para la empresa de desguace de los buques que se alinean en el muelle comercial.

Mientras tanto, la actividad mercantil y la entrada de cargueros y barcos turísticos se ha destinado a otras ciudades, como el puerto de Cádiz, que ofrece trabajo y riqueza a la ciudad.

En un plano más modesto, el disfrute del río por los ciudadanos deja mucho que desear; sólo hay una rampa de varada para que los aficionados a la náutica puedan bajar sus barcos; la terminal marítima ha quedado como dormitorio de los catamaranes, y el antiguo varadero Guadalete es una ruina que alberga en su interior la imagen fantasmagórica del vapor Adriano III, como metáfora del propio abandono del río.

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