Germán Beardo no se ha vacunado aún. Nos lo ha contado él mismo a través de sus redes sociales, donde ha asegurado además que se siente avergonzado de aquellos que, abusando de su situación privilegiada, se han saltado la cola. Pero él, nuestro alcalde, esperará pacientemente su turno y no recibirá la vacuna hasta que lo haya hecho el resto de colectivos prioritarios.

Yo se lo agradezco, la verdad. Bastantes desgracias nos está trayendo esta pandemia para sumarle además la vergüenza ajena -y la indignación, por supuesto- de ver en todos los informativos el nombre de tu pueblo señalado por culpa del listo de turno.

Qué triste que tengamos que tomar por conducta ejemplar lo que no debería ser más que el proceder ordinario. No prevaricar, no abusar del puesto, incluso no ser egoísta. Lo mínimo para acceder a un cargo público ha llegado a parecernos meritorio. También intuyo que si el alcalde ha difundido este mensaje habrá algo más que un afán propagandístico, al menos en este caso. Supongo que no serán pocos los vecinos que hayan sospechado que, visto lo visto, raro sería que lo que ha pasado en tantos puntos de España no ocurriera también aquí. Y ante la sombra de la duda…

Más allá de la falta de ética -y habrá que ver si del delito- de tantos espabilados, me escama especialmente las circunstancias que han propiciado esta actitud. Porque listos (de los malos) hay en todos lados, pero el sistema está precisamente para pararles los pies. El plan de vacunación debería prever las situaciones en las que sobran dosis después de una tanda de pinchazos. No puede ser que, agotada la lista de los pacientes del día, no se sepa a quién llamar a continuación y haya que avisar al concejal, al cura, o al jefe del jefe del enfermero. Estoy segura de que un buen número de sanitarios, inquilinos de residencias, mayores de 80 años o quienes sea que les toque en cada momento estarían dispuestos a acercarse a un centro de salud, aunque los llamaran con media hora de margen.

El proceso será largo, ya lo estamos viendo. Estamos a tiempo de perfeccionar el sistema.

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