Análisis

JOSÉ GRIMA PEÑA

Paco el de la farmacia

Han sido más de 45 años donde has sido testigo de la salud de cuatro generaciones. Allí entré por primera vez con mi abuela, que a su vez había llevado a sus hijos, y ahora soy yo el que he acabado llevando a los míos.

Porque Paco, nuestro Paco en la Plaza Asdrúbal o en la Plaza de Toros como todos la conocemos, es más que un mancebo al uso. Cuando los anuncios de medicamentos en la televisión empezaban a concluir con el 'consulte a su farmacéutico', todos los de este barrio veíamos en ese icono la imagen de Paco detrás del mostrador con la bata blanca. Aquel que buscaba alivio después de la incomprensión del médico de cabecera, encontraba en él -aparte de los medicamentos- una sonrisa, una broma o una simple frase que hacía olvidar el mal que tenía.

Y es que a showman no te gana nadie, porque al de 90 o al de 7 años, fuera con un andador o con un chupete, has sido capaz de mejorarle como si fueras un curandero de la risa.

El primer recuerdo es sin duda en la espalda del número 8, esa esquina de levantes eternos donde con el simple hecho de ir ya sabías que podías coger una pulmonía. ¡Cuántos paraguas rotos y cuántos resbalones habrás visto! Entonces no llevabas esa placa que hoy te identifica como Francisco González Flores, que raro suena... "¡Anda Paco, que ya te conocemos para ponerte plaquitas!", te dijimos muchos.

La modernidad también cambió esos barrotes de aluminio y ese pequeño ventanuco de guardia -donde al fondo se veía una mesa camilla junto a un flexo y unas estanterías de vieja botica- por unas nuevas instalaciones unos metros para dentro donde 'el chino' se encargaba de sacar el medicamento que le pedías.

Cuantas peleas con 'el chino' al que quizás ese café mañanero no le sentaba bien. ¡Qué buenos ratos esperando la cajita bajar por la rampa!.

No sólo has sido nuestra calma, también has sido los ojos y las manos durante años de un Don Vicente que constantemente te mostraba el cariño de un padre, y ahora con Vicente, Monte o María Luisa, te comportas como ese hermano mayor imprescindible cada día. Qué te gusta hacerles rabiar, pero cuando no estás, están ansiosos de verte entrar. Hasta cuando tú lo has pasado mal, eras el que consolaba y no el consolado.

Vas a cumplir 65 años y llevas meses diciendo que es tu adiós. ¡Vaya cuenta atrás nos llevas dada! ¿Dónde es la cena de despedida? ¿En el centro de la plaza? ¡Anda Paco que te vamos a tener que montar una verbena! Somos muchos los que pedimos tu nombramiento como mancebo emérito del barrio. Porque eres Paco el de la farmacia y vas de la mano de una época, donde Pepe el frutero, Luis el de los ultramarinos, Ricardo de La Colina o El Canguro han ido poco a poco dando paso a nuevos negocios y nuevas personas donde eres el superviviente.

¿Dónde vas a estar mejor? Piénsatelo bien Paco, aunque sea un par de horas al día, pero que nos sigas pidiendo 'perdón por lo de macho' o haciendo el truco de devolver el cambio en la mano dejándolo en la mesa, que para el barrio no hay mejor medicina.

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