El ajetreo y la alegría de cada rincón de mi casa cuando llegan los nietos no lo cambio por nada. “Se te cambia la cara”, me dice un vecino. Y saco de mi armario la ropa de colores alegres.

Algunas amigas no entienden qué me pasa. Hasta me miran con cara de preguntarse cómo puedo estar contenta con el trabajo que supone la intendencia precisa para que todo funcione.

Yo, ni siquiera sé si lo entiendo, pero de lo que estoy segura es de lo que siento. Y siento que se regeneran mis capacidades de seguir organizando encuentros para que la familia nunca se desvincule. Para que los nietos que viven lejos aprendan todos los nombres de la familia grande que formamos.

Eso de ser tronco con ramas que a su vez se regeneran con nuevas ramas puede ser ejemplo. La estabilidad de las raíces da seguridad.

Alguna que otra vez, cuando están relajados, nos piden que les contemos cosas que nos pasaron mientras fuimos niños. Y entonces, mi marido y yo zarandeamos la infancia y seleccionamos aquellas más tiernas que les dejen claro que esto de querer a la familia o de hacer vínculos no es algo que hayamos inventado, sino que nos viene de lejos.

Ojalá les vaya bien a los niños del mundo. Ojalá tengan oportunidades de vivir experiencias con sus abuelos, al menos en vacaciones… Pero este deseo, nos consta que es irrealizable para la mayoría de ellos.

Cuando miro el futuro tambaleante que tienen, la fragilidad de las relaciones entre los países y lo poco que depende la paz del mundo de nuestros deseos de abuelos, me echo a temblar. Así que mi propósito para este verano que aún puedo sigue siendo proporcionarles unas buenas vacaciones en esta preciosa tierra nuestra, cerca del mar. Y que, en su memoria de niños, se conserven estos días especiales. Que no les falten buenas lecturas ni conversaciones, en comidas sin prisas, que les hagan más reflexivos, más solidarios. Mejores personas.

Estoy absolutamente segura de que es el deseo de todos los que estamos en mis mismas circunstancias.

Una sociedad no puede funcionar con individuos aislados.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios