La esquina del Gordo

Libertad de expresión. Bueno, y qué

¿Y el país? El país es el oscuro objeto sobre el que se manipula; el condenado a pagar a gentuza que dice sin convicción ni contrición: "Marchemos, y yo el primero…"

¿Se acuerda de aquella frase pronunciada por el rey más miserable que ha tenido las Españas? "Marchemos francamente, y Yo el primero, por la senda constitucional". Ahora, con el mismo sentido moral, después del Abrazo de Valencia, otro impresentable ha dejado claro todo lo contrario. Lo ha dicho como corresponde a su talante socialdemócrata de toda la vida: "Abriré el debate para actualizar la Constitución", o sea: "Marchemos todos revueltos para hacernos con ella un disfraz a nuestra medida". Por lo visto ignora que ya no engaña ni a los suyos y necesita golpes de efecto para seguir contando con sus aplausos laneros.. ¡Qué pena de país donde tantos quieren vivir de prestado!

Pero ya ve, a listo no hay quién le gane. De momento ha conseguido la amnesia interesada del jarrón chino, el gran hombre de Estado pese al Gal, la cal viva, Filesa… Foto de un abrazo necesario para el monclovita actual forzado a ser socialdemócrata cuando no pasa de ser un frentepopulista mecido por un comunismo solapado del que abomina Europa. Así le va en ella. Y el otro abrazo, el suministrado al esperpento, el de los puntos suspensivos antes y después del 11-M, el de la sonrisa eterna, el muñidor de los separatismos encabronados, el de la memoria histórica, el asesor de comunismos bolivarianos. ¡Qué bochorno, papi!Pues este es el panorama a derecha e izquierda, caso de que existan: congresos, convenciones, romerías, aplausómetros, rendibúes, ji ji, ja ja, abrazos y rechazos ostensibles, todos a mesa y mantel, fotos incluidas. Lo que no mata engorda.

¿Y el país? El país es el oscuro objeto sobre el que se manipula; el condenado a pagar a gentuza que dice sin convicción ni contrición: "Marchemos, y yo el primero…". Pese a toda la parafernalia, Sánchez ha perdido porque España no ha ganado nada después de la astracanada de Valencia. La patulea sanchista, tampoco. O tal vez sí, seguir ignorando que no es lo mismo estar unida que estar uncida.

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