Empieza el mes de la Virgen. Empieza para los creyentes el mayor misterio, dogma, que vincula a Dios con la tierra. La Inmaculada concepción. Según la Biblia el máximo ejemplo de la Natividad es justamente la Encarnación del hijo de Dios, de quien María encarnaría a su vez la Casa de Dios, según estaba escrito, para ser siempre santa, y era necesario que desde el primer instante de su existencia, desde la misma concepción, fuera "digna mansión del Hijo de Dios". El ángel Gabriel comunicó a la Virgen: "Llena eres de Gracia". Ave María Gratia plena. Más para que esta salutación, pronunciada en nombre de Dios, suma Verdad, fuera verdadera en toda su extensión, era preciso que en todo momento estuviera María inmune de culpa original. No me resisto a la palabra griega que define la peculiar definición de los valores marianos. María es la favorecida de Dios, (en griego. alude a una singular abundancia de gracia, a un estado sobrenatural del alma en unión con Dios).

La Virgen María es desde el momento en que contestó: Hágase en mi según tu palabra, la primera persona que comulgó con Dios al recibir el cuerpo de Cristo en su divino interior, sin mancha, cuando la segunda persona de la Santísima Trinidad se hizo hombre para salvar a la humanidad de las iniquidades y los pecados.

Más amor que el amor es María. Sólo ella es capaz de alcanzar del ángel de la Anunciación, en todo el género humano, el destino de estas palabras de Dios: "No temas, has hallado gracia a los ojos de Dios".

En mi pregón de la Navidad de la Real Academia de San Romualdo, dije que sin el misterio de la Inmaculada Concepción no existiría ni la Natividad, ni la Semana de Pasión ni la religión cristiana. Una de mis oraciones hace relación a la famosa décima que aprendimos de pequeños y que resalta su misterio.

Bendita sea tu pureza/desde el principio creada/por Dios antes de la nada./Inmaculada certeza./Concibiendo la belleza/pura desde su invención,/Dios reveló su intención/fuera del tiempo y espacio/de hacerte hermoso prefacio,/de su amor y devoción /.

Ella que tuvo la gracia divina desde el primer instante de su ser, es nuestra madre, tierra prometida, arca de la alianza, templo de redención.

El verbo kharitóô -llena y colmada de gracia- agraciar, favorecer, estar llena de gracia, aparece una sola vez en el Nuevo Testamento, en la carta a los Efesios. El misterio de la Natividad es este. Esta es la verdadera Navidad. Y este misterio sólo es posible con la Encarnación de la Inmaculada Concepción.

Imagino la sombra descendiente/mínima y leve, casi imaginaria, /bajando en ecos semiridiscentes /su pequeño milagro de emisaria.

Entonces, en el centro de su frente,/entonces, donde el alma es solitaria./Donde reinan los sueños y la mente,/se hizo carne la sombra embrionaria./Desde entonces mi alma es más segura./Desde entonces mi alma no es oscura./Desde entonces Jesús es pensamiento./

En mi pequeño mundo descreído/El misterio de Cristo ha descendido/La eternidad ya tiene nacimiento.

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