Análisis

Guillermo Alonso Del Real

Otra Feria

Pues sí, acabó ayer la Feria de Chiclana y deseo que todos ustedes la hayan disfrutado mucho. A mi no me pregunten, porque a la hora de escribir estas líneas aún no he decidido si me voy a pasar por la feria o no. Reconozco que me cuesta bastante trabajo cruzar el puente y atravesar el guirigay oloroso de la zona de los cacharritos hasta llegar a lo de las casetas, que es la única parte que me gusta. Algún amigo entendido me explica que la localización de cada cosa responde a razones de la firmeza del suelo o cosa semejante, así que no me voy a meter con nuestros queridos munícipes, que sus buenas razones tendrán; como las tendrán para que no exista un transporte público razonable para acceder a las casetas con cierta comodidad, porque en vehículo particular para qué te cuento. Ya dicen que cada uno habla de la feria según le va en ella. Personalmente no sé a estas horas si me animaré o no.

De todas maneras nadie se molestará por este comentario moderadamente crítico, que en realidad es un comentario de cooperación, término en boga de significado por hoy bastante confuso, porque leer el periódico en Chiclana un domingo es tarea más que complicada. Hasta hace poco había cerca de mi casa un "desavío" que vendía prensa, chucherías, cerveza y otras imprescindibles bagatelas, pero lo han cerrado para disgusto de los asiduos, qué le vamos a hacer. Por el centro tampoco hay ya un simple kiosco, así que los viciosos de la prensa escrita (algunos quedamos) no tenemos manera de sentarnos plácidamente delante de un montón de papeles impresos para disfrutar el ocio dominical a nuestras anchas.

Claro que no es lo único que falta en los domingos chiclaneros, porque en realidad el pueblo entero desaparece, se convierte en pueblo fantasma. Los bares están cerrados en su práctica totalidad, los comercios, como es natural, también. Incluso el mercadito, que alguien ideo para darle un poco de vida al centro, ha sido desplazado al extrarradio. Tal vez este domingo, por aquello de la feria sí que esté por aquí, o tal vez no. ¿A qué dedican el domingo nuestros conciudadanos? Pues, si hace bueno, supongo que algunos se irán a la playa; pero en caso de levante u otro clima adverso, la verdad es que no lo sé. Sí tengo comprobado que hay muchas personas comprando pasteles de calidad dudosa en un horno próximo, establecimiento que me inquieta hondamente por sus horarios, sobre todo por el horario de sus dependientas, cuyas condiciones laborales exactas ignoro, pero ya digo que no deja de preocuparme. A mi no me gustan demasiado los pasteles, en particular si no son especialmente buenos, así que en casita a leer o a ver una película.

¿Se puede culpar a alguien de esta desertización dominical? Pues, recurramos al tópico: "entre todos la mataron y ella sola se murió." Los hosteleros no abren porque dicen que la gente no sale y el personal dice que para qué va a salir, si no hay un puñetero local abierto. En una situación de libre comercio no parece que las autoridades puedan interferir en la no oferta y en la no demanda. Además, la mayoría de nuestros munícipes, con honrosas excepciones, no parecen muy inclinados a salir a la calle, o yo no me encuentro con ellos. Ni en los bares, ni en la plaza, ni en ninguna parte. Y luego los unos y los otros, de cualquier tendencia política, se esmeran en aseverar que es preciso establecer estrecho contacto con la ciudadanía, pero yo no doy con un concejal ni en la carnicería, ni en la peluquería ni en parte alguna, así que no sé yo. Se ve que ese contacto con la señora ciudadanía tiene lugar en privado o de forma muy discreta.

Volviendo a esto de las ferias, dicen que fueron antaño lugares de mercadeo, especialmente de comercio de ganado. Algunos todavía recordamos algunas de esa índole. Había quien iba a vender, quien iba a comprar y quienes andaban por allí a curiosear y, ocasionalmente, a dar consejos que nadie les había pedido. En estas fechas el cambalache se hace con animales racionales de la raza política. Y lo que nos queda. "Te cambio dos concejales de Villapapas por un diputado comarcal de Trapisonda." "Vale, pero el asiento de segunda fila de la sala de plenos es para Abundiete, o no hay trato." También están los mirones opinadores, que ponen cara de búho cabreado, tipo Marhuenda, o de pingüino dispépsico, modelo Inda. Algunos chalanes resultan especialmente tranfulleros y poco de fiar, esos que intentan hacer pasar rocín azogado por purasangre, o espécimen de la extrema derecha por demócrata de centro derecha. Y encima se hacen el longuis cuando alguien intenta mostrar el fraude. Pues ni siquiera se ponen colorados: de naranja no pasan.

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