La esquina del Gordo

España, país de presuntos

En la actualidad tienden más a la sensiblería y al consejo en beneficio de la humanidad

En esa disyuntiva estamos. Salvo los profesionales que se dedican a la ciencia y a la investigación, y aun admitiendo que entre estos puedan existir los adictos a la especulación mercantilista, las demás actividades humanas están saturadas de presuntos. Y así nos va.

No es pesimismo sino la foto instantánea que a diario se refleja en todos los medios de comunicación, cuya supervivencia se apoya en una publicidad proselitista para sobrevivir ante las más variadas situaciones.Habrá notado que ya casi han desaparecido los anuncios explícitos de productos o servicios; aquellas páginas de modelos de coches, de urbanizaciones, publicidad con diseños gráficos sugestivos, modelos atrevidillas y derroche de tipografía en tamaño aunque parca de contenidos y ceñidos a lo técnico. Lo importante era mostrar el producto. En la actualidad tienden más a la sensiblería y al consejo en beneficio de la humanidad. La forma física de lo que se anuncia carece de sentido, lo principal es crear necesidades artificiales, mundos oníricos, llegando hasta menospreciar al que carece, ignora o prescinde de la felicidad que se le ofrece.

Más o menos todo esto viene a confirmarnos que si antes teníamos un ángel de la guarda —nos decían que cada persona tenía el suyo propio—, ahora tenemos cientos de miles, uno para cada una de nuestras apetencias. Así, si a cualquiera de nosotros se nos antoja, por ejemplos, una batidora con música pop, o un limpiacristales con cadencias sensuales —muy prácticos, oiga—, no hay más que meterse en la red y verá como hay cienes y cienes de presuntos ángeles dispuestos a competir con precios y prestaciones para ponernos el deseo en nuestras manos.

Tristemente no es que vivamos entre intermediarios, la realidad es que vivimos en un mundo de presuntos. Ande, atrévase a planificar un viaje, una inversión o, afinando más, sobre la dieta del melocotón, sobre las bondades/maldades de los probióticos o ante una sencilla duda ideológica, Enseguida saltarán presuntos asesores, presuntos consejeros, presuntos líderes de opinión, presuntos dietistas, presuntos presuntuosos decididos a que nada de lo que pensemos tendrá valor —ni validez— si no estamos guiados y catequizados por ellos.

Abreviando: lo del ángel de la guarda, un camelo; lo que cuenta al final es que no hay vuelta atrás y sin redención posible. Estamos en manos de presuntos culpables y presuntos inocentes. O sea, como ante un tribunal de presuntos jueces.

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