Astronomía Una impresionante bola de fuego sobrevuela el Golfo de Cádiz a 69.000 km/hora

Desde que, cosas de la pandemia, me ha dado por hacerme hortelana aficionada, he dejado de criticar los precios de los productos ecológicos. Baratos me parecen, con lo que cuesta sacar un kilo de tomates o una calabaza en condiciones.

Dicen que aquello que no requiere esfuerzo, no se valora. Yo sería más explícita: no valoramos lo que a nosotros no nos cuesta ningún esfuerzo. Y en la mayoría de los casos no es por despreciar el trabajo de otros. Es mero desconocimiento.

Con los niños, el ejemplo es evidente. La mejor forma de hacerles conscientes del esfuerzo que supone tener la casa medio decente es encargarles que participen en las tareas. Ponerles a hacer la cama o recoger el lavavajillas es la mejor estrategia.

Nos ha costado siglos aplicar la misma fórmula a la mitad de la población que hasta hace pocas décadas creía que el trabajo en el hogar era poco menos que unas vacaciones pagadas. En cuanto han vivido en sus carnes la inversión personal que supone poner la lavadora, hacer plan de comida diario o llevar una agenda paralela con las citas del pediatra y las fechas en las que hay que llevar a los niños al colegio vestidos de verde/morado/blanco porque es el día de Andalucía/violencia machista/paz, la percepción ha dado un vuelco. Criticamos a los hombres que van presumiendo de encargarse de sus bebés o de repartirse los días de limpieza -que tiene tela-, pero al menos es la prueba de que, ahora sí, están valorando el esfuerzo de una carga que históricamente fue invisible.

Desafortunadamente, el ejercicio no vale en todos los casos. Hace unos días leí un reportaje sobre tres jóvenes emprendedores que han fundado una empresa de alquiler de yates, jets y villas de lujo. Tienen tantos apellidos compuestos que apenas caben sus nombres en los pies de foto. Se conocen de veranear juntos en Sotogrande. Por mucha buena intención que le pongan, dudo que sean capaces de entender el nivel de esfuerzo que supone para tantos otros de su edad, simplemente, salir adelante, sin recursos, sin contactos, y con la necesidad urgente de llevar un sueldo a casa.

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