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Hel turismo ha dejado de tener gracia. Una marea arrasadora y masiva, que ha puesto a Cádiz en el punto de mira.
Pero si nosotros vamos, ya otros vienen de vuelta: Dubrovnik reduce a la mitad el número de cruceros, y Florencia se plantea cobrar la entrada a la ciudad. Aún están a tiempo: Venecia ya no; es un cascarón vacío, un decorado que perdió a sus vecinos mientras avanzaba la implacable ola turística.
El turismo masivo desnaturaliza a las ciudades, precariza el empleo (más de lo que ya está) y deja en pelotas al nativo, pues sube los precios -ya aquí empieza a notarse- y provoca su éxodo ante el elevado coste del alquiler. Es lo que se llama gentrificación. Eso, por no hablar de los pisos turísticos, poco o nada regulados, en desleal competencia con la hostelería reglada y que son, por lo general, cuevas de dinero negro. En Baleares saben de esto, pues maestros y funcionarios destinados allí deben pagar un dineral por un cuchitril… si lo encuentran. Baleares es hoy un destino temido y rechazado.
Ahora, la Junta quiere poner en marcha, aquí en Cádiz, la ZGAT. La Z de zona, la G de gran, la A de afluencia y la T de turística. Para echarse a temblar: ¿Turismo? Contrimás -que diría aquella aguda concejala- mejor.
"De algo hay que vivir ¿no?". Sí, el turismo deja dinero, pero aquí también viven personas, en su ciudad de toda la vida. Y nadie está en contra de que ganéis pasta, mucha pasta, pero hay que pensar en el futuro, para no con-ertir a Cádiz en un decorado zarzuelero, poblado por unos tipos muy graciosos que se dan en espectáculo. El fin de la ciudad… y del turismo.
Para prevenir esto, el gobierno portugués proyecta el 'alquiler accesible', ofreciendo rebajas fiscales a los propietarios, a cambio de limitar los precios. Una medida no impositiva y que respeta el derecho a la propiedad, usando un baremo de precios estimados en función de la zona y el tamaño de la vivienda. Para acceder al beneficio fiscal, el alquiler será como mínimo de 5 años, o 9 meses si es para estudiantes. En fin, es una propuesta en favor de la 'maestrificación', o sea, proteger al ciudadano medio y al profesional que viene a trabajar a la ciudad.
Porque, ¿el turismo era eso? Entonces "Emosido engañado".
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