Puente de Ureña

Dolor, nostalgia y tiempo

El dolor cuando vuelve a los recuerdos tan nítidos es como un exantema de memorias

Fue justo el Día de la Mujer cuando le dieron cristiana sepultura a Pilar Paz Pasamar, la poeta de Cádiz por antonomasia. El recuerdo es como el ataque fulminante de un tiburón. Ves las mandíbulas del tiempo dentro de tu cabeza. Aquellas tertulias en su casa, donde mi más querido poeta en el tiempo, José Luis Tejada, mi gran profesor y maestro que me la descubrió. No he vivido tertulias más interesantes y educativas, hoy le llaman, talleres literarios, que aquellas. Recuerdo, de memoria, todavía versos de Tejada leídos allí. Eran Platero, Torretavira y Gaviota. ..Olvidar… es enterrar con mentiras/ lo que una vez fue verdad.

Vuelven los versos rápidos como la corriente del caño. Podemos querernos bien/que entre tu pueblo y el mío/ va el lazo vivo de un tren/ Un tren sin prisa ninguna/que va por los cojumbrales/ pisando huevos de luna./ Él, doctor en Filología, introdujo siempre palabras cuasi locales. De cohombro, venía esta, que Manolo Ríos Ruiz también introdujese en sus poemas de la generación del lenguaje, junto con Ángel García López.

El dolor cuando vuelve a los recuerdos tan nítidos es como un exantema de memorias. Ves a todos los contertulios, sus ropas, los paraguas, las butacas, las sillas…recuerdas las palabras…

Un viaje en el tiempo. La gente de Platero, las cartas de Juan Ramón, los versos de Quiñones, las ilustraciones de Cherbuy. Tantos años de épica personal. Se desliza la idea, busca la mano, intenta que se envuelva en las palabras…eso es el poema. Algo como cuando el alma se agarra a su cimiento. O las dudas, la palabra que sobra, que no envuelve ni es tan necesaria, que apunta al ripio.

Se va una etapa. Un sentido poético. Un colectivo. Gente que sintió y supo expresarlo con la belleza de su verdad. Beauty is truth, truth beauty. El platonismo descarnado: "Cuando uno desnuda los poemas de la música y de los colores, quedan como los rostros abandonados por la flor de la juventud". -La gente recociendo las ideas sin llegar a acertar. Ciegos de sus instintos más dañinos. El de Antequera in invidum, mientras Pilar, Tejada, Fernando, iban pagando su verdad porque al escribir envolvían el sentimiento en la emoción de las palabras.

El precio a pagar es el resentimiento muchas veces. Memoria de sus versos. El precio de quién come del árbol del conocimiento es ser expulsado de algunos paraísos.

Descansa en paz, Pilar.

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