Así se llamaban los dos ladrones que crucificaron junto a Jesús. Uno de ellos se burlaba ¿No eres tú el Mesías? ¡Sálvate!; ese era Gestas. Sin embargo, el otro, Dimas, el Buen Ladrón, asumió su castigo entendiendo que Jesús era inocente y le pidió que se acordarse de él, cuando llegase al Reino de los Cielos, y así fue.

Con frecuencia, en las representaciones de la crucifixión muestran a Jesús con la cabeza inclinada hacia el lado derecho, mirando a Dimas.

¿Dónde quiero llegar con esto? El pasado domingo la Hermandad del Nazareno Portuense sufrió un robo en las obras donde se trabajan para su futura casa de hermandad.

Es curioso que precisamente se robe en las dependencias de unos de los colectivos, las hermandades, que más da al necesitado. Todas, o la gran mayoría de las hermandades de nuestra ciudad, disponen de una bolsa de caridad destinada a ayudar a otras entidades, casi siempre religiosas, que se dedican a aliviar las necesidades de muchas personas.

Para más “Inri”, la mayoría de las cosas sustraídas son donaciones de hermanos que, con buena fe, ayudan para que la obra siga su curso, con lo cual se han robado las ilusiones de muchas personas.

Si estas leyendo esto, cosa que dudo, yo te voy a llamar Gestas, porque el robar ya de por si está feo, pero robarle a quien ayuda al necesitado es un insulto y una burla a los cofrades.

Has robado material de mayordomía, has robado material de obra y ojalá fuese porque lo necesitabas para hacer un “chapú” y dar de comer a tu familia, cosa que, sin robar, quizás esta hermandad podría habértelo solucionado más fácilmente. Espero que para la próxima pienses que hay otras alternativas y pidas ayuda en vez de “pedir prestado”, para eso es nuestra caridad.

Como cofrade, me entra mucho coraje con estas cosas, pero claro, somos personas, además pecadores y nuestro interior piensa muy feo ahora mismo. Ya sabrás tú, si podrás aguantarle la mirada al Señor el Jueves Santo.Pero el Señor Nazareno, ya tiene su mirada hacia la derecha, porque para Él, siempre has sido Dimas y está seguro de tu arrepentimiento. Así de grande es El Señor de El Puerto.

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