El Alambique
J. García de Romeu
Mi amigo Miguel
La pandemia y los cada vez más constatables efectos del cambio climático nos están obligando a repensar el modelo de ciudad. No podemos seguir viviendo en un entorno hostil, ruidoso, contaminado, con escasos espacios libres para evitar las aglomeraciones e insano, lo que facilita la aparición y propagación de enfermedades infecciosas y afecta a la salud mental. Unas ciudades donde la mayor parte de su superficie está cubierta de cemento y asfalto, la que más absorben la radiación solar y más calientan la atmósfera, convirtiendo las ciudades en islas de calor cada vez más insoportables para vivir.
Las ciudades tienen que ser cada vez más verdes. Algunas han tomado la delantera. París pretende convertirse en la ciudad más verde de Europa, con medidas que van desde la reducción de los automóviles hasta la creación de vastos bosques urbanos. En España, Vitoria es otro buen ejemplo, con su apuesta por el verde del Anillo de parques perimetrales sobre el gris del hormigón y el negro del asfalto.
Andalucía va a ser la región del país que sufra con más virulencia los efectos del cambio climático. Cada verano nos acercamos más a ese umbral de los 50º que puede hacer la vida insoportable. Y hay dos formas de evitarlo. Adoptando medidas contra el cambio climático y aumentando las arboledas y zonas verdes. La primera, a la vista de los cada vez más numerosos gobiernos negacionista a todos los niveles, parece poco probable que se implementen.
Los árboles crean un microclima con una importante reducción de las temperaturas, sirven de cobijo a la fauna, oxigenan la atmósfera, reducen el ruido ambiente y embellecen nuestros pueblos y ciudades. Los huertos urbanos también pueden reducir la temperatura, ayudando al ocio y a la producción de alimentos sanos. Por ello no es compresible la hostilidad de muchos ayuntamientos y ciudadanos contra los árboles urbanos.
En vez de proceder a reverdecer nuestras ciudades con planes masivos de plantación de árboles, se cortan sistemáticamente con argumentos tan peregrinos como que ensucian las aceras, dan sombras a las casas o levantan el pavimento. Hay árboles adecuados para todo tipo de aceras, plazas y parques, y deben disponerse los alcorques dimensionados para garantizar su crecimiento evitando daños al acerado.
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