El Alambique

Enrique Bartolomé

ebartolomeabogado@msn.com

Bienvenido, Intendente Mayor

Por fin. Ya tenemos Intendente Mayor de la Policía Local. Hacía falta como el comer, porque el orden y el concierto, en los municipales, estaba hecho unos zorros. Dicho todo, con la piel fina.

A decir de la prensa, tiene estrechos lazos con la provincia, ya que es natural de San Fernando y estuvo destinado en el cuartel de la benemérita de El Puerto entre los años 97 y 98, siendo el último jefe de línea del puesto local.

No puede haber mejor tarjeta de visita, aunque el patio de la Policía Local -la nuestra-, está de tal manera que ni los mejores enmendarían la situación si no se toman medidas drásticas y urgentes. No más paños calientes.

De entrada, el que citara a Maslow en el acto de toma de posesión me produjo buenas sensaciones. Los que tenemos formación de criminología sabemos que la teoría de la motivación, ideada por el psicólogo estadounidense Abraham Maslow, trata de explicar qué impulsa la conducta humana. Y ahí radica el quid de la cuestión, los portuenses vemos que nuestras necesidades en materia de seguridad y orden no se cubren del todo, porque la Policía Local lleva desaparecida hace ya algún tiempo.

Alto y claro llegó a decir que la seguridad, además de ser un derecho fundamental, nos lleva al bienestar y por ello no debe ser moneda de cambio. Y pidió “honradez, compañerismo, dedicación y entusiasmo”. Fue, sin duda, un aviso a navegantes.

Dejando a un lado los asuntos estrambóticos de los pantalones, la falta de combustible y lo que ya conocemos, y aunque la credibilidad está por los suelos, las primeras decisiones del nuevo Intendente Mayor, se notan en nuestras calles. Surge la esperanza.

Con el señor Rodríguez Baturone, al que le deseo –por el bien de nuestra ciudad-, eficacia en su gestión y que le dejen trabajar, espero que no ocurra lo que vimos en Bienvenido Mr. Marshall. Los habitantes de Villar del Río, entusiasmados con la visita, invirtieron dinero y tiempo para recibir a los americanos. Estos, ni siquiera se detuvieron, pasando de largo y quedándose con un palmo de narices. Ustedes me entienden.

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