La esquina del Gordo

¡Adiós, mundo amargo!

El Poder es el Poder y a ti te encontré en la calle. Ya nadie muere por ideales

Me refiero al del putiferio político. A estas alturas, después de más de treinta años escribiendo en prensa -la mayoría de ellos a contracorriente dado mi natural escepticismo y mi rechazo visceral a todos los dogmas-, conscientemente dejo de ser voluntario ladrador a la luna, ya me entiende. Ya lo dijo Rafael 'El Gallo': "Si una cosa no puede ser es que no puede ser, y además es imposible". El Poder es el Poder y a ti te encontré en la calle. Ya nadie muere por ideales. Lo peor es haber llegado a pensar que la opinión aséptica de un provinciano sirviera para algo. O sea, que a otra cosa, mariposa.

Por ejemplo, lo que hace unos días saltó a las primeras páginas. Se trata de la patata Bonnotte, pequeña y delicada golosina que crece en la isla Noirmoutier, situada en el noroeste de Francia, -¡en Francia, cómo no!- y que solamente se recolecta a comienzos de mayo.

Este año, por cuestiones de agenda, no he podido acudir a la subasta que se celebra in situ a primeros del mismo mes y donde nos reunimos lo más granado de la gastronomía mundial. El precio de la última subasta se cerró ¡en 500 euros por kilo!, para entendernos: 83.193 de las antiguas pesetas. Sí, ya sé lo que está pensando, que cuesta trece veces menos del precio que pagamos por las angulas de Aguinaga, ¡pero se trata nada más que de un kilo de papas, coño, que supera la prestación mensual por desempleo indefinido y el de la retribución de la mayoría de los temporeros que mal viven a pesar de contribuir al sarcasmo de las bajadas del paro que se publican! ¡¡Un kilo de papas!!

Claro que si entramos en detalles de marketing, este tubérculo se siembra en un suelo rico y fertilizado con racks (¿?), cuya riqueza mineral se encuentra solamente en esta isla de Noirmoutier, donde además se da un microclima especial e idóneo para el crecimiento de la Bonnotte, y si se puntualiza que su cosecha solo se realiza a mano, una por una y de forma artesanal, y solamente se recolectan unas 100 toneladas al año, hasta el precio deja de tener importancia.

Usted dirá que a qué viene destapar esta carajotada -eludible a todas luces- con las que hay que soportar por cojones de tanta o mayor magnitud a medida que se consagran los abusos y el cretinismo se expande como la malaria. Pero, bueno, esto último no tiene nada que ver con los sabores sublimes y el derecho a catarlo que le asiste al pueblo de alpargatas. El cretinismo solo es un ejemplo, quizá el más común, del sistema educativo y la colaboración suicida de los padres que, por poner un solo ejemplo, facilitan a un hijo de cuatro años un Smartphone en vez de una matraca para que se distraiga. Los Smartphones son más silenciosos, eso sí, que es de lo que se trata.

En fin, que lo dicho: cajonazo a la política aunque no a los que la sufren ni a los desmanes de quienes la retuercen en propio beneficio.

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