Como si estuviéramos allí: gran cine bélico

El director Peter Berg eleva a la categoría de héroes a las víctimas de misiones fracasadas.
El director Peter Berg eleva a la categoría de héroes a las víctimas de misiones fracasadas.
Carlos Colón

03 de enero 2014 - 05:00

Drama, EEUU, 2013, 121 min. Dirección: Peter Berg. Guión: Peter Berg, basado en el libro de Marcus Luttrell y Patrick Robinson. Intérpretes: Mark Wahlberg, Taylor Kitsch, Ben Foster, Emile Hirsch, Ali Suliman, Eric Bana, Alexander Ludwig. Guión: Peter Berg, basado en el libro de Marcus Luttrell y Patrick Robinson. Cines: Bahía Mar, San Fernando Plaza, Al-Ándalus, Yelmo Jerez, Ábaco Jerez, Multicines Jerez, Cinesa Los Barrios.

Muy buenas maneras cinematográficas desde el principio. Poderosas, originales. Cuando se muestra lo mismo que se ha visto cientos de veces -el entrenamiento de los marines, en este caso- de tal forma que interese, en vez de provocar el lógico rechazo ante la reiteración, gracias a un estupendo uso del sonido (música y voces off) y a una inteligente combinación de imágenes de textura documental y fotos fijas, es que la cosa va bien encarrilada. Y una buena obertura predispone favorablemente a la visión de una obra. En esta caso lo que sigue a las imágenes del durísimo entrenamiento de los reclutas no decepciona.

Basándose en el libro autobiográfico del marine Marcus Luttrell, Peter Berg -guión y dirección- relata la odisea real de unos soldados altamente especializados a los que se encomienda la misión de dar muerte a un talibán afgano. Las casualidades o los fallos complican las cosas y lo que debía ser una operación rápida se convierte en una larga agonía, en un largo y no previsto enfrentamiento con los talibanes. Elevar a la categoría de héroes a las víctimas de misiones fracasadas -ya sea a causa de las circunstancias, de la torpeza del mando o de fallos en el equipamiento: y aquí se dan las tres circunstancias- ha sido siempre un estupendo recurso para el cine bélico. La maldad de los malos (que en este caso no está exagerada, aunque sí esquematizada) se multiplica por el alto número con el que cobardemente atacan a unos pocos heroicos combatientes (sólo cuatro en este caso); y las circunstancias objetivas del conflicto pasan a segundo plano. Importa mucho menos por qué están allí que el hecho de que estén luchando heroica y desesperadamente por sus vidas (ya no por su patria) con unos contrincantes muy superiores en número y en ningún sitio de ninguna parte, aislados por completo.

Toda la película se concentra en este combate. Una hora y media de las dos que dura -en las que también hay escenas de gran tensión, como la de los pastores prisioneros- es un muy bien rodado prólogo y epílogo a su razón de ser: la secuencia de la lucha entre los cuatro soldados y los muchos talibanes. Más de media hora de excepcional cine bélico, extraordinariamente rodado y montado, que ha aprendido la lección de aquel arranque de Salvar al soldado Ryan que cambió para siempre la puesta en imágenes y sonidos de la representación de la guerra. La sensación de estar allí es angustiosa. Parecen sentirse físicamente el dolor, el miedo y la angustia. Decisivo en esta secuencia y en la totalidad de la película, que tiene un frío y muy sugestivo tratamiento de la imagen y una soberbia utilización del encuadre que recuerda la espectacularidad de los antiguos grandes formatos, es el trabajo del director de fotografía alemán Tobias A. Schliessler, colaborador habitual de Berg y creador del look años 60 de Dreamgirls, que logra en esta película el mejor trabajo de su carrera y una de las mejores direcciones fotográficas del año.

Berg había demostrado sus buenas maneras artesanales -además de en la serie televisiva de temática deportiva Friday Night Lights- en el policíaco (Cop Land), la comedia negra (Very Bad Things), la revisión de los mitos de los superhéroes (Hancock), la ciencia-ficción (Battleship) y la lucha contra el terrorismo (The Kingdom), que ahora retoma pasando del género de espionaje al bélico. Y con ello ha logrado su mejor película. Sobre todo gracias a esa extraordinaria media hora de combate (enmarcada en una muy bien filmada película, hay que insistir en ello para que nadie crea que con el precio de la entrada paga sólo media hora) que supone un salto en su carrera que su anterior y solo correcta -lo que no es poco- filmografía no hacía suponer. No se pierdan el epílogo.

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