Apertura de curso en la Real Academia de Bellas Artes

El flamenco entra en Bellas Artes al compás de las vivencias de Velázquez-Gaztelu

  • El poeta y flamencólogo gaditano pronuncia un discurso en el que desgrana sus primeros contactos con el cante y las experiencias que lo llevaron a ser uno de sus principales divulgadores

Momento en el que Velázquez-Gaztelu recibe la medalla de la Academia de Bellas Artes de manos de su presidente, José María Esteban.

Momento en el que Velázquez-Gaztelu recibe la medalla de la Academia de Bellas Artes de manos de su presidente, José María Esteban. / Lourdes de Vicente

José María Velázquez-Gaztelu ya es miembro de la Real Academia Provincial de Bellas Artes. Con él entra en la institución el flamenco, el arte bello y jondo de cuyos sonidos se nutrió la infancia de este poeta y escritor, nacido en Cádiz y criado en Arcos, como él mismo se encargo de relatar ayer en el discurso de ingreso en la Academia, en lo que fue un recorrido por sus experiencias flamencas, repleto de experiencias personales y de citas autorizadas, bajo el título Cantos desde la azotea (Una historia personal del flamenco). El acto se celebró en el Palacio de la Diputación Provincial y fue cerrado por el nítido cante de Carmen de la Jara, acompañada al cante por Juan José Alba.

Como punto de partida, Velázquez-Gaztelu (Cádiz, 1942) se refirió a su condición de poeta, una dedicación, la literaria, que abraza todas y cada una de las facetas creativas y artísticas que de una u otra forma se han ido cruzando en su vida, entre ellas el flamenco: “Mi relación con el flamenco ha corrido paralela a mis vínculos con la poesía. No he querido o no he podido separar estas dos actividades, quizá porque ambas proceden del mismo sentimiento, de la misma raíz, por un lado, y por otro de la misma actitud ante la vida y del mismo origen intelectual y espiritual. Las dos para mí suponen actos creativos, el vértigo de lo desconocido, la aventura de internarme en zonas inéditas, donde puedo perderme para siempre o donde, por el contrario, puedo encontrar las claves para la comprensión de un arte de luces y de sombras, de deslumbramientos y de oscuridades”.

En su sincero y personal discurso, el escritor gaditano echó mano de numerosas citas, de frases sabias y concluyentes que sirvieron para forjar el armazón de un texto labrado desde sus vivencias flamencas.Así, sus propias palabras se fueron mezclando con las de Lorca, Luis Rosales, Gerardo Núñez, Paco de Lucía, Duke Ellington, Goethe, Fosforito o Rocío Molina.

No se considera Velázquez-Gaztelu, como ya explicaba en una entrevista a este periódico, “un teórico del flamenco”, toda vez que es la experiencia la que le ha ido llevando por este camino musical: “No me considero un teórico del flamenco y nunca me lo he planteado como materia de controversia dialéctica en el campo de las confrontaciones academicistas. Quizá porque desde el primer instante, mis conocimientos acerca de este género musical tienen su origen en una base de aprendizaje empírico más que en una reflexión analítica a través de la metodología científica (...). En mi caso, el flamenco no es en exclusiva una ciencia como posible materia de estudio, sino también una experiencia. Y como la poesía, algo que forma parte intrínseca de mi propia naturaleza, y que no se limita a compartir y admirar unas músicas y unas danzas, sino que se trata de una forma de vida y una manera de sentir y percibir”.

La cantaora Carmen de la Jara y el guitarrista Juan José Alba. La cantaora Carmen de la Jara y el guitarrista Juan José Alba.

La cantaora Carmen de la Jara y el guitarrista Juan José Alba. / Lourdes de Vicente

Sin llegar a ser un melómano, Velázquez-Gaztelu se reconoce “devoto” de un especifico elenco de compositores como Mozart, Bach, Vivaldi, Cesar Franck..., pero es el flamenco el género musical que, desde sus primeros años, le atrae de una manera distinta. “En el flamenco la naturaleza o, para mejor definirlo, la entidad de su energía era diferente a la que se producía en otros contextos musicales como, por ejemplo, en un concierto sinfónico, en la ópera o en un recital de piano, aunque sí se establecían similitudes más o menos lejanas con el jazz o ciertas formulaciones musicales asiáticas o africanas, originarias de Marruecos, India, Siria o Turquía. No era lo mismo que el flamenco, claro está, pero tampoco estaban demasiados alejados sus elementos sustanciales”.

Aquella inquietud musical llevó al hoy poeta y flamencólogo, y desde anoche académico de Bellas Artes, a formar parte de encuentros más o menos privados en los que Velázquez-Gaztelu pudo tomar contacto directo con aquellos sonidos que le llamaban a descubrir lo que le podía fascinar, en una toma de contacto definitiva con el flamenco: “Con actitudes casi diametralmente opuestas a las que solían producirse en un espectáculo cara al público, sobrevenían, o podían presentarse, oportunidades en las que el hecho musical era solo un soporte por el que se transmitía una fuerza especial, sutil y desconocida. Al observar el fenómeno con cierta objetividad, me daba cuenta de que los ojos cerrados del cantaor, o coyunturalmente abiertos, pero en blanco o con la mirada perdida, serían los de un médium un tanto ajeno a su mismo potencial de transmisión”.

De aquellas experiencias de juventud, en las que los soniquetes de la niñez terminaron de ejercer una influencia perpetua,Velázquez-Gaztelu desplegó en su discurso una nómina de nombres propios y muy personales para sus vivencias: “Dichos sonidos, que son más bien un interrogante que una respuesta, aumentaron su poder y misterio conforme se consolidaba mi amistad, siempre fructífera, con la familia de los Parrilla, con Parrilla el Viejo a la cabeza, con la de Terremoto y Tío Borrico, con la de los Morao, los Mairena y los Sordera, o con la de los Peña y los Bacán de Lebrija, en reuniones presididas por María la Perrata, Tío Bernardo, Tío Bacán el Viejo o Tío Vicente Peña”.

De aquellas vivencias, por ejemplo, surgió buena parte de su labor divulgativa en torno al flamenco, sus innumerables conferencias por decenas de países, su programa de Radio Nacional Clásica ‘Nuestro flamenco’, aún en antena y que comenzó a dirigir en 1984, y, como citó en sus palabras en Diputación, la serie televisiva ‘Rito y geografía del cante’, cien capítulos emitidos en Televisión Española, en un trabajo conjunto con Mario Gómez y Pedro Turbica, en los que José María Velázquez-Gaztelu se propuso indagar sobre el flamenco a partir de sus muchas experiencias: “Se pretendía reproducir lo que yo había percibido y apreciado, momentos únicos e irrepetibles, tan exclusivos como fugaces, en los que esos sonidos, sugerentes, conmovedores e insondables, superaban la condición artística para que, sin dejar de tenerla, adquirían, con su particular manifestación, otras connotaciones. Al menos, eso era lo que me había ocurrido y lo que estaba en el trasfondo de mis arquetipos, y, por lo tanto, de lo que se trataba era de volver a otorgarles una nueva existencia, utilizando los mismos recursos y similares disposiciones con el fin de alcanzar una magnitud lo más semejante posible a la grabada en mi recuerdo”.

Y para rematar su discurso de ingreso en la Academia de bellas Artes emergieron de la memoria de Velázquez-Gaztelu sus recuerdos más personales, aquellos que cobran significado con el paso de los años y a la luz de una trayectoria tan fructífera como la suya en la divulgación del flamenco: “Mi casa familiar de Arcos de la Frontera lindaba con la cárcel. Desde la azotea y siendo muy niño, observaba el patio donde los presos ensayaban día y noche saetas que, aferrados a los barrotes de una enorme reja que daba a la calle, cantaban después en la madrugada del Viernes Santo ante el paso del Nazareno. Al que mejor lo hiciera, se le premiaba con el indulto. Ese sonido, ese grito desesperado de libertad, como un mantra continuado año tras año los 365 días, y que se convirtió en la música de fondo de mi vida cotidiana, penetraba por la ventana de la cocina, se amplificaba por galerías y habitaciones, caló en lo más profundo de mi ser y allí se alojó para siempre. Cuando fui algo mayor, comencé una indagación y un perseverante seguimiento con el fin de desvelar las claves de ese enigma, de ese sonido con el que había convivido siempre, y sentí la necesidad perentoria de resolverlo, de descubrirlo. Aún estoy buscando su significado”.

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