Biografía| Javier Krahe: ni feo, ni católico, ni sentimental ¡Viva Krahe!

  • Ayer salió a la luz ‘Ni feo, ni católico, ni sentimental’, la primera biografía sobre el indomable bardo de la música española

Una fotografía de Javier Krahe incluida en su biografía escrita por Federico de Haro.

Una fotografía de Javier Krahe incluida en su biografía escrita por Federico de Haro.

Dice el escritor Julio Llamazares en el prólogo de Ni feo, ni católico, ni sentimental algo así como que son todavía algunos los que se resisten a pensar que hace más de un lustro que Javier Krahe se fue para siempre y prefieren imaginarlo en su refugio de los meses de verano en Zahara de los Atunes. Y aunque no volvió de aquel último verano en Cádiz, seguirá vivo “mientras suenen sus canciones” y mientras que nos contemos “esas historias que le hemos escuchado tantas veces con esa voz carrasposa”. Historias que en buena parte han sido recogidas, interiorizadas y vueltas a hilar por Federico de Haro en la primera biografía sobre el indomable bardo de la música española que ayer salió a la luz.

“Viva Krahe”, “viva Krahe”, “viva Krahe”... Casi como un homenaje sin pactar al último hombre libre (y a este pedacito de prólogo firmado por su compañero de ajedrez), la consigna se repetía entre organizadores (Reservoir Books), protagonistas (Federico de Haro y Javier López de Guereña) y periodistas antes de que cada pantalla se fundiera a negro. Cosas de la pandemia, del teletrabajo y de Zoom, que posibilitan una presentación de la obra a distancia, que parece menos distancia cuando el autor y “el hijo predilecto de Krahe por autodesignación”, se presenta con sorna Guereña (su guitarrista, su productor, su amigo) se deshacen en anécdotas y recuerdos del hacedor de canciones.

Relatos, muchos de ellos, enmarcados en su amada Zahara, donde era “uno más” y adonde llegó López de Guereña, “un parásito vacacional que lo visitaba con familia incluida” un 11 de julio de 2015: “Llegamos a Zahara de los Atunes, echamos la tarde hablando de las canciones nuevas que iba a hacer en su año selvático (sabático), como él lo llamaba, fuimos a tomar una copa por la noche y a la vuelta se nos murió. Enseguida, Javier Ruibal, que apareció por la mañana, me dijo apúntalo todo porque esto hay que contarlo”.

Javier Krahe y Joaquín Sabina en la época de La Mandrágora. Javier Krahe y Joaquín Sabina en la época de La Mandrágora.

Javier Krahe y Joaquín Sabina en la época de La Mandrágora.

Contar a Krahe, fue el primer instinto del cantautor portuense pero López de Guereña se confesaba “sin oficio y sin distancia suficiente” para hacerle justicia. Sin embargo, cuando recibió aquel envite de Federico del Haro, al que le venía martilleando la idea de hacer una biografía sobre Krahe desde hacía tiempo, no lo dudó y le abrió “todas las puertas”.

“Él nos hizo el favor a todos de que Javier Krahe dejara de tocar la guitarra y a mí, en concreto, me ha hecho el favor de regalarme infinidad de horas de conversación y de orientarme en este largo camino”, le reconoce el periodista madrileño que se ha dejado la piel , y los oídos, y suponemos que varias libretas (casi 60 personas entrevistadas y más de 200 horas de grabación a lo largo de un proceso de documentación que ha durado dos años) para confeccionar este Javier Krahe: ni feo, ni católico, ni sentimental. Su primer libro, además.

Una obra tan rigurosa como divertida que se rebela contra “las biografías al uso” para acercarse más “al perfil íntimo de la vida-obra (inseparable una de la otra) de Javier Krahe” donde caben los testimonios de su familia y amigos, el relato de los procesos de grabación de sus discos y hasta el hallazgo de canciones perdidas como El obseso sexual, tal y como se adelantó en la presentación.

Javier Krahe jugando al ajedrez en el Estar Café de Malasaña (Madrid). Javier Krahe jugando al ajedrez en el Estar Café de Malasaña (Madrid).

Javier Krahe jugando al ajedrez en el Estar Café de Malasaña (Madrid).

Y es que “de los cientos de hilos” que se desprendían de las entrevista con la mujer, hijos, amigos de la infancia y compañeros de profesión y de afición (“Joaquín Sabina, Albert Plá, Javier Ruibal, Pablo Carbonell, Gran Wyoming, Alberto Pérez, Julio Llamazares, Óscar Ladoire...”, enumera) de Krahe, su biógrafo tiró, rastreó y halló la canción que escribió desde su exilio canadiense para su hermano menor, Jorge, que, a su vez, la cantó con Rosa León. De hecho fue la cantautora quien tenía una grabación de la canción que ya De Haro había olisqueado en el Diccionario secreto de Camilo José Cela pero que nadie parecía conocer completa.

Descubrimientos y viejas historias que se entrelazan, “huyendo de la caricatura y del estereotipo”, precisa su autor, en el empeño de dibujar un retrato trazado con diferentes pinceles porque para De Haro “muchas veces es más revelador” del carácter de una persona “una anécdota bien contada” que “una mera acumulación de datos”.

Y anécdotas hay. “De la infancia, de la juventud, de la mili, del exilio canadiense, del trabajo en una empresa de publicidad, del debut en la Aurora en la época de La Mandrágora, de los veranos de Zahara, de las noches de ajedrez en el Estar Café..., y así hasta la vejez, si es que en Krahe puede diferenciarse lo uno de lo otro porque como me dijo Joaquín Sabina muy acertadamente, Krahe nunca fue viejo porque nunca fue joven”, revela Federico De Haro que facilita la asimilación de todo este “despropósito” documental con un verbo ágil, afilado y digno hijo del irónico humor del autor de Cuervo ingenuo.

Javier Krahe en el lanzamiento del sello 18 chulos con sus socios. Javier Krahe en el lanzamiento del sello 18 chulos con sus socios.

Javier Krahe en el lanzamiento del sello 18 chulos con sus socios.

De sus épicas presentaciones de los temas en los conciertos, de los pescadores gaditanos como Juan El Cabra, de cuando se partió la pierna y grabó en silla de ruedas, de su distanciamiento con Alberto Pérez, de sus refugios (Zahara, el ajedrez) y de su libertad (“era un ser extraordinario”, dice su guitarrista). “De todo lo que tiene que haber”, hay en “este libro vivo, retrato vivo, en este relato vivo” sobre ese lujo irreverente que fue para este país Javier Krahe.

...Y viva Zahara...

Aunque no está recogida en Javier Krahe: ni feo, ni católico, ni sentimental, existe una anécdota del autor de Marieta muy ligada a esta casa, a Diario de Cádiz, que nos recuerda el escritor y periodista Juan José Téllez, y que por divertida merece coronar este reportaje.

Cuenta el propio Téllez que se pasó "años" pidiéndole a Krahe un artículo sobre Zahara de los Atunes para la revista Páginas del Sur que entonces editaba el Grupo Joly. "No había manera de que lo hiciera hasta que un año me dijo que sí, por fin", explica el periodista que recibió la nota donde Krahe elogiaba y ponía a Zahara por las nubes "hasta que terminaba el artículo: ahora gritad conmigo, ¡viva Zahara de la Sierra!" Y es que "no soportaba la idea" de que su amada Zahara de los Atunes "se masificara".

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