Concert Music Festival Canciones sin calendario

  • Roger Hodgson repasa con éxito el repertorio de Supertramp en el Concert Music Festival

Roger Hodgson, durante el concierto celebrado en Sancti Petri Roger Hodgson, durante el concierto celebrado en Sancti Petri

Roger Hodgson, durante el concierto celebrado en Sancti Petri / SONIA RAMOS

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La memoria es una de esas pocas realidades abstractas con la capacidad de conectar la sensibilidad de personas de distinta procedencia, credo y ambición. Nadie sabe con exactitud qué hace grande e inmortal a una canción, un disco o artista. La vara de medir es bastante imprecisa aunque contundente en el largo plazo.

Se puede decir que el pasado viernes noche, en el escenario del Concert Music Festival de Sancti Petri, la memoria activó de forma infalible los resortes del disfrute colectivo a través de un repertorio sin calendario, por más que la audiencia entera sumara días de almanaque y recuerdos hechos canciones. Una audiencia entregada desde el minuto uno, una curiosa mezcolanza de nacionales y extranjeros, con muchas ganas de pasarlo bien y darle rienda suelta a aquella memoria a la que el repertorio del mítico grupo Supertramp invoca a través de teclados ochenteros, deliciosos pasajes instrumentales, reconocibles falsetes y melodías parte ya de la historia de la música popular.

Sin calendario alguno y también sin barreras geográficas. El exvocalista de la banda, Roger Hodgson, intercaló inglés y frases en español durante todo un concierto que repasó los éxitos de la formación británica, la mayoría precedidos de las interjecciones propias del entusiasmo. A cada nota reconocible le precedía un ¡oh!, consecuencia lógica de la memoria ya trabajando a destajo por encontrar en las conexiones neuronales del respetable el instante exacto en que aquella canción quedó asociada a un episodio vital, a un beso, una cerveza entre amigos, a otro concierto incluso, a cuando de adolescentes soñábamos tumbados en la cama de nuestro cuarto con ser estrellas de rock antes de tomar las riendas de la vida propia en otra clase de escenarios.

Hodgson bebía de vez en cuando "magia española" de una taza con la que brindaba con sus seguidores y le permitía "cantar como un pájaro". Y como decíamos, también a charlar. "Siempre me emociona hacer canciones que son capaces de emocionar a gente de otros países. Todas vienen de mi corazón. Hay una conexión. Espero que este sea el caso", afirmaba.

Lo fue, sin duda alguna, durante dos horas de recital en el que a piano, guitarra o percusión, Hodgson fue desgranando nada menos que más de treinta años de éxitos. School, In jeopardy, Breakfast in America, Easy does it -con el público acompañando la melodía con silbidos de principio a fin-, Dreamer, The logical song -aplaudida a rabiar-, Lord is it mine, Death and a zoo -con un prolegómeno de sonidos salvajes y envolventes de jungla y el propio artista recitando parte del tema en nuestro idioma gracias a la ayuda de "Google Translator"-, Even in the quietest moments -mientras un asistente desde las gradas tocaba un clarinete imaginario-, Had a dream -en la que el cantante pidió bailar a la audiencia-, Child of vision -éxtasis generalizado-, Don't leave me now, Fool's overture -con sus coros eclesiásticos pregrabados-, y Give a little bit y It's raining again -los bises que convirtieron la recta final del espectáculo en una auténtica fiesta-.

Canciones sin más, despojadas de artificio, con mucha artesanía y corazón de fondo. Y un fondo de escenario que remitía a la naturaleza, con árboles frondosos porque siempre hay mucho más de lo que parece tras las hojas que ocultan el bosque. Solo hay que apartar el ramaje para encontrar los mensajes de la memoria que trajeron las melodías perfectamente ejecutadas por Ray Coburn (teclados), Michael Ghegan (viento), Bryan Head (batería) y David Carpenter (bajo).

"Me habéis tocado el corazón", admitía el cantante antes de despedirse de Sancti Petri en un fin de semana dedicado a la alegre nostalgia de compartir sensaciones como sin el tiempo no hubiese transcurrido. Corazón y memoria desafiando al calendario y poniendo la música, otra vez, como centro de las emociones verdaderas.

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