Quique González celebra diez años de rocanrol
Antes de tomarse un tiempo para vivir y componer, tras su mejor disco, el artista madrileño baja al sur para festejar una década como autor
En diez años, amén de cumplir etapas y de reinventar su estilo hasta imprimir a la escena musical hispana un sello personal, Quique González se ha labrado una carrera ascendente y un montón de complicidades. El músico madrileño celebra estos días el décimo aniversario desde que firmara su disco de debut, Algo personal, y lo hace en directo, con maneras de vivir rocanroleras, cara a cara ante el público más fiel, del que se despedirá durante una temporada. "Será un descanso relativo", apunta desde el otro lado del teléfono celular. "Me dedicaré a hacer el disco del año que viene, necesito tomar mi tiempo para..." Pensar, escribir, grabar, escuchar, leer, vivir. "Exacto. Llevo una temporada tremenda, setenta conciertos este año, no está mal". Y advierte que "ya hay nuevas canciones, por fortuna las canciones siguen llegando, las musas no me han fallado en todo este tiempo". Además de verdad. Quique González no sólo se ha librado del olvido de la inspiración, sino que viene de entregar, en disco y en directo, acaso el mejor disco de su trayectoria. "Espero que el próximo sea mejor", comenta con su habitual humildad, en voz baja y con esa mezcla de ternura y deje castizo que le acompaña. Diez años, tres oportunidades de soplar velas en Andalucía: Málaga (jueves), Sevilla (viernes en la sala Q) y hoy en Granada. Hay piezas para todos los gustos, piedras en el camino de todos los discos. En esta ocasión, nada de teatros, nada de asientos, rocanrol a pelo en salas nocturnas, sangre, sudor y cervecitas.
La década de Quique González comprende la lógica evolución del cantautor eléctrico que se inició bajo el influjo del rock americano y la tradición hispana y acabó convrtiéndose en pieza fundamental del engranaje musical de la Piel de Toro. Pasó de promesa de la escena rockera a cantante autogestionario, de la discográfica a la independencia, y viceversa, de la colaboración con Carlos Raya a la hermosa avería y redención junto a músicos jovencitos y rompedores, con los que ahora apura las noches de concierto. Quique vivió de todo en dos lustros, desde la muerte de su admirado y amigo Enrique Urquijo hasta su amistad inoxidable con Miguel Ríos, desde las carreteras secundarias hasta el memorable día en que ejerció de telonero de Bob Dylan.
"Fue un momento muy especial", confiesa González en torno a su última visita a Andalucía, cuando participó en el mismo cartel que Bob Dylan presentó en Jaén, el pasado mes de julio. "No lo olvidaré en la vida. Muy emocionante, sin duda. Cuentan quienes presenciaron todos los conciertos de Dylan en España que el repertorio y la actuación convirtieron a Jaén en la mejor noche de la gira. Yo lo viví con intensidad, claro, y estoy seguro de que Dylan me escuchó también a mí, pues el bus donde estaba rodando y viviendo se encontraba justo detrás del escenario". La conversación en torno al trovador yanqui deriva en comentarios superlativos hasta desembocar en una expresión a subrayar: "Tiene que ser difícil ser Bob Dylan", Quique González dixit.
A propósito de Andalucía, rincón muy querido por Quique, el artista pregunta por Cádiz, se pregunta por qué no ha tocado en Cádiz capital, "nunca hubo oportunidad, pero lo estoy deseando", y cuestiona en voz alta sobre locales con más de quinientas personas de aforo. Al conocer la fantástica acústica del Teatro Falla muestra su interés. La próxima vez será, si acaso.
En el mismo año, año de bienes, Quique ha cantado con Miguel Ríos, "uno de los más grandes". Comparte dueto con el granadino en su nuevo disco. "Miguel es como un padre para mí, desde hace muchos años es una persona muy importante en mi vida. Y para el rock español y la cultura de esta tierra, una figura incuestionable. Su carrera, cuarenta y cinco años en la escena, y todo lo que ha hecho, abrió el camino. A él le debemos la existencia del circuito de música en directo. En cualquier país, Miguel sería una leyenda". En otro tiempo, en otro lugar. Aquí cuecen habas.
La admiración mutua entre tales artistas, historia y presente del rock en castellano, se traduce también en diversión mutua: "Vamos juntos al fútbol, ambos somos del Real Madrid y quedamos los domingos para comer y ver el partido, aunque ya no vamos tanto al estadio, estamos un poco enfadados con el Madrid desde la época de Florentino". Quique pasa de galácticos.
Décimo aniversario. "Se trata de terminar el año bien arriba, compartiendo las vivencias con la gente. Esta gira es una celebración para ellos y para nosotros. La banda marcha perfectamente engrasada, es cierto, llevamos juntos tres años, desde que tocamos en Argentina..." En Argentina quedó la cosa. Quique se queda sin batería, la del teléfono. Se libró de saber si caerían hipotéticas preguntas terrenales, la crisis, Obama, lo típico. Mejor así. Quique llama al día siguiente y se disculpa por el corte de la comunicación. Cosas del diferido. En directo, Quique, cuya peligrosa timidez comparte sensaciones con el rocanrol canalla, el intimismo o lo visceral, no se corta. Sus canciones hablan solas y a lo largo de diez años configuran un álbum de imágenes para recordar y sonidos transparentes.
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