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Pablo Alborán: ha nacido una estrella

El músico presentó su primer trabajo ante un público entregado desde una hora antes del concierto en el Anfiteatro

Pablo Alborán, en un momento de su concierto del domingo en Cádiz.
Pablo Bernardo Caveda / Cádiz

24 de mayo 2011 - 05:00

Aunque sabía que Pablo Alborán había alcanzado el número 1 en las listas de ventas con su primer trabajo y que ya había recibido el disco de platino, nada me hacía presagiar lo que me iba a encontrar en el Anfiteatro de Cádiz a las ocho de la tarde. Acostumbrado a conciertos minoritarios e independientes, un sudor frío me recorrió la espalda al cruzar la puerta de la sala situada en la Punta de San Felipe y encontrarme cara a cara con una masa desdibujada de chillidos, sudores y luces que iban y venían en un inmenso recinto que olía a humanidad fuera de sí, impaciente, capaz de todo.

Miles de personas de pequeña edad. Gradas que se perdían en el cielo a oscuras con muchedumbres desencajadas que compartían secretos nerviosos mientras Pablo Alborán se preparaba en su camerino. Música chunda chunda inquietante y decenas de guardias de seguridad corriendo de un lado a otro.

Los responsables de la sala hicieron las veces de cicerone (mil gracias) y me condujeron por estrechos y empinados pasillos en penumbra mientras sorteaba brazos, piernas y alguna que otra cara hasta que me encajaron en el centro de todo aquello, con mi cámara y mis notas, ante un escenario vacío con tres sillas.

Hacia las y veinte, los pitos y los berridos arreciaron. Pablo se demoraba en demasía y el calor que inundaba la sala multiplicaba los tics nerviosos y las gotas de sudor que surcaban las pieles tostadas y recias por los primeros días de playa y los últimos días de gimnasio (nuestros jóvenes están muy en forma, lo puedo asegurar).

Entonces, Pablo Alborán se personó sobre el escenario con sus pantalones vaqueros y su guitarra, con aspecto de no tener nada que ver con todo aquello, y puso caro de pasmo. Estoy seguro de que Pablo ha tocado para públicos de mayor grosor, pero no creo que se haya enfrentado nunca a un público tan entregado y apasionado.

El cantautor malagueño fue recibido por una salva compuesta de "te quiero", "Pablo, eres diferente" o "quiero un hijo tuyo", a lo que el músico respondió con Desencuentro, primera pieza de una actuación en la que demostró que canta como los ángeles, que no compone nada mal y que lo tiene todo para convertirse en el nuevo Alejandro Sanz.

Y es que este chico, aunque carga con el marchamo de guapo, lo hace todo bien. Es la nueva estrella de la canción melódica para jóvenes hiperhormonados por derecho propio. Se nota que ha recibido clases de canto y toca bien la guitarra. Puede que sus letras ("no puedo seguir… buscando tu aroma en el viento no puedo mentir y ocultar lo que siento") no alcancen el nivel literario de un Verlaine, pero lo suyo no consiste tanto en hacer poesía como en llegar a las situaciones ordinarias que vive cualquier chico o chica de diecisiete años.

A Desencuentro siguieron Perdóname y Ladrona de mi piel, con las que introdujo a un guitarrista y a un bajista, y luego continuó hasta dar buena cuenta de su primer disco.

El concierto se desarrolló dentro de lo esperado, y a cada gesto vocal le sucedió una reacción histérica por parte del público, que funcionó como una sola persona y se lo pasó en grande cantando, llorando y hasta bailando.

Hacia la hora de concierto empezó a anunciar el fin del concierto: "Me va a costar despedirme de vosotros", anunció el de Málaga. Cómo logró Pablo Alborán salir de allí sigue siendo una incógnita para mí, que dejé el recinto antes de que las masas enfebrecidas por la música empezasen a abandonar sus asientos.

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