El PGOU de Balbo
30 aniversario del hallazgo arqueológico La época más esplendorosa de Gades
El Teatro Romano que mandó construir Lucio Cornelio fue la obra más emblemática de la ampliación y transformación de una ciudad cuya lealtad al Imperio fue recompensada por Roma
No es casualidad que en un lugar privilegiado del salón de plenos del Ayuntamiento de Cádiz se encuentre la imagen de Lucio Cornelio Balbo. Justo arriba del cuadro del rey don Juan Carlos que preside la sala, junto al rostro de otros intelectuales gaditanos y personajes influyentes que circundan la estancia, se sitúa este reconocimiento a los Balbo, la noble y adinerada familia que hizo que Gades no fuera una urbe cualquiera del vasto Imperio Romano. Lucio Cornelio Balbo, el Mayor, y Lucio Cornelio Balbo, el Menor, tío y sobrino, egregios miembros de una oligarquía que supo arrimarse al poder en un acercamiento por intereses mutuos que permitió que Gades, abandonada su privilegiada situación en el mundo fenicio y púnico, viviera un nuevo momento de esplendor, quizás demasiado breve, que tuvo su mejor reflejo en las relaciones comerciales y en el crecimiento y embellecimiento de la ciudad.
Así es. Resulta imposible dibujar siquiera un esbozo del Gades que vio con sus propios ojos construir el ahora en parte recuperado Teatro Romano sin acercarse a la figura de los Balbo. Del Mayor, sí, pero sobre todo del Menor, de un Lucio Cornelio que acabó igual que su tío triunfando en Roma pero que no olvidó la ciudad que le vio nacer hasta el punto de llevar a cabo una transformación tal de aquella urbe que su acción, con la creación de la ciudad nueva, puede considerarse como el primer plan general de ordenación urbana de Cádiz, un PGOU en toda regla que, de la mano de la autorizada figura del catedrático de Historia Antigua Javier Lomas Salmonte, tratamos ahora de situar al menos en sus puntos más significativos, que para la profundización erudita ya tienen encomendado su rol los libros históricos.
Los Balbo desarrollan su importante labor en el siglo I antes de Cristo. Pero mucho antes, a partir del año 206, Gades empezó a olvidar su pasado cartaginés para arrimarse al nuevo poder, el romano. Desde entonces la ciudad fue larvando un brillante futuro que terminaría deslumbrando en la época de los Balbo. Primero, con los favores de Julio César y después, con los de Octavio Augusto. El profesor Javier Lomas lo tiene claro: "Los Balbo tienen dinero, son acaudalados y se posicionan del lado de Roma por sus intereses personales, apuestan a caballo ganador, claramente. Y Roma recompensará esta entrega de la ciudad". Una lealtad que desembocó, sobre el 72 a.C., en la ciudadanía romana para Balbo y su familia, y también para los gaditanos. Gades es, ya lo era, un importante emporio marítimo, vital para el comercio de la época, y los Balbo aprovechan para implicarse "directa y profundamente en la política romana. Sobre todo el Menor", indica Lomas Salmonte.
Es en este marco en el que Lucio Cornelio Balbo, el Menor, consigue para el imperio un importante y tranquilizador éxito militar en el norte de África que le abre las puertas de Roma y le permite también, a partir del año 19 antes del inicio de la era cristiana, afrontar lo que Lomas Salmonte define como "el embellecimiento de Gades".
Efectivamente, Balbo tiene dinero y el apoyo de Roma. En Gades el canal Bahía-Caleta -que antes separaba dos islas atravesando lo que hoy es el casco histórico, aproximadamente desde la plaza de San Juan de Dios hasta los castillos de San Sebastián y Santa Catalina- se ha ido cegando por la acción humana y de la naturaleza hasta el punto de unir los dos terruños, tal y como se aprecia en la ilustración de esta doble página, permitiendo la ampliación de la ciudad con una neápolis que pudiera englobar los actuales barrios de Santa María y el Pópulo.
Balbo el Menor inicia en este Gades su particular PGOU, como lo define Lomas Salmonte, construyendo edificios e infraestructuras que a buen seguro terminarían por ser emblemáticas y que ayudan a explicar cómo era aquel Cádiz. Balbo construyó un puerto, un acueducto, el teatro y, posiblemente, un anfiteatro levantado en las cercanías de donde hoy está la Puerta de Tierra. Sólo estas edificaciones, a las que seguramente se unirían otras de igual calado, demuestran la pujanza de la ciudad. Con ellas Balbo apostó por el comercio (puerto), dio respuesta con nuevos equipamientos a las necesidades de una población creciente (el agua de la lluvia ya no era suficiente para abastecer a los habitantes de Gades y se levantó el acueducto) y los gaditanos disfrutaron de un ocio cívico-cultural con el teatro y el anfiteatro.
Pero si importante tuvieron que ser estas construcciones, más interesante aún parece el trazado de la ciudad que hace el catedrático Javier Lomas al dibujar la configuración y el equipamiento de los alrededores del teatro: "Balbo el Menor construiría el teatro de piedra como edificio emblemático en la ampliación de la ciudad. La topografía del lugar, un terreno o área que desciende desde el rompiente del Campo del Sur hasta la plaza de San Juan de Dios, facilitó la tarea de su construcción, pues se aprovechó la pendiente para la elevación de las caveae o asientos de los espectadores. Tras la escena hemos de pensar en la existencia de jardines que permitieran el paseo, la reuniones, los encuentros, y los alrededores nada extraño sería que contaran, como otros teatros en el mundo romano comenzando por el de Pompeyo, con diversos templos e incluso criptopórticos; de modo que toda la zona, desde la cota más alta hasta la plaza de San Juan de Dios, y si no toda la zona sí una parte sustancial, bien pudiera ser una zona pública de la que conocemos, y sólo parcialmente, el teatro".
Los Balbo triunfando en Roma, comercio marítimo, salazones, garum, vid, olivos, un teatro para ver representaciones o para acoger reuniones de la rica e influyente nobleza gobernante, esclavos, templos para honrar a los dioses, jardines en los que pasear los días sin un Levante que ya azotaría la ciudad... Lo que quieran imaginarse de una ciudad ya entonces pequeña, cuyos habitantes también se desperdigaban por tierra firme, y que vivió una época de esplendor quizás aún por rescatar para la memoria colectiva.
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