José María Merino. Escritor

"Menospreciar lo maravilloso implica desconocimiento"

  • El autor abre hoy en el Baluarte de Candelaria la XXXI edición de la cita con las letras. El encuentro está dedicado este año al género fantástico.

José María Merino (La Coruña, 1941) responde al teléfono justo antes de salir para la reunión de los jueves en la Real Academia de la Lengua. Es uno de los autores mejor considerados de la literatura actual, con una trayectoria nutrida y en la que han abundado, también, los reconocimientos -Premio Nacional de la Crítica (La orilla oscura), Premio Nacional de Narrativa (El río del Edén), Premio Torrente Ballester (El lugar sin culpa), Premio Miguel Delibes (Las visiones de Lucrecia)...-. Su último título publicado es una versión al español actual del texto medieval Calila e Dimna (Páginas de Espuma).

Merino abrirá esta tarde en el Baluarte de la Candelaria la XXXI edición de la Feria del Libro, una cita que, en esta ocasión, está dedicada al género fantástico -del cual Merino es uno de los principales valedores-. El autor, nacido en Galicia pero vinculado a la zona de León, comenta la "buena suerte" que le supuso haber contado en su casa, desde pequeño, con una biblioteca "muy buena y extensa". Su introducción a los libros fue allí, a través de los clásicos de la literatura de aventuras: "Me alimenté primero de todos esos títulos que ya no se leen -explica-. Y diría que fue Heidi mi primer libro. Recuerdo que me identifiqué totalmente con el personaje. Todo el siglo XIX estaba en esa biblioteca, y gran parte del XX".

Entre ellos, se encontraban también títulos que han contribuido a hacerlo como autor: La Isla del Tesoro, los cuentos de Allan Poe y muchos de los cuentos de Chejov... y algunas de las novelas que leyó "ya de joven", entre ellas, "Los Episodios Nacionales de Galdós, a Pardo Bazán y varios autores románticos que configuraron la percepción del terror. Y William Faulkner, que fue decisivo... Pero realmente -indica-, se trata de una lista muy difícil de resumir porque, conforme voy hablando, se me vienen a la cabeza gran cantidad de ellos".

No existe, sin embargo, un momento definido en la voluntad de escribir. "Aunque de pequeño -dice-, se me daban muy bien las redacciones, muy bien para la época... De hecho, aún conservo algún inédito de cuando tenía dieciocho años. Cuando ya vi que lo que escribía iba adquiriendo cuerpo, que parecía tener más envergadura, intenté publicarlos. Pero vaya, que no hice mi aparición como autor hasta cerca de los treinta años".

Para un escritor, apunta José María Merino, "no tiene tanto peso lo que se ha vivido como el haber leído", ya que "la vida nos puede llevar por unos u otros caminos, pero la lectura es fundamental".

"A estas alturas de la vida, creo que ya he estado en todos los sitios que estaban en las novelas que leí -cuenta-. Y no los vería como los veo si antes no me hubiera acercado a ellos de la mano de las historias, y hubieran sido distintos para mí sin los libros... Para conocer lo que somos los seres humanos, lo fundamental es la literatura, los comportamientos, el saber cómo surge y funciona el odio, el amor... Es la literatura la que nos da las claves".

José María Merino entiende que el género fantástico se vindica por sí mismo: "No hay que olvidar que lo mágico, lo maravilloso, está en los inicios de la ficción, que lo fantástico estuvo en la primera historia -explica el escritor-. El realismo es ya muy tardío. El hombre desarrolla los mitos, los lugares misteriosos, trata de explicar lo desconocido y lo extraño... Todo un mundo articulado anterior incluso a la escritura. No hay que olvidar que las narraciones van recogiendo lo que se va fraguando a través de estas ficciones, lo que luego hemos llamado la fantasía o lo fantástico".

"Menospreciar lo fantástico -continúa- implica desconocer todo esto. El Quijote es una novela realista, pero todo lo que hace al protagonista, que es el motor de la historia, viene de la fantasía: él no sería la misma persona que es si no estuviera formado en lo fantástico".

¿Y cómo atraer hacia la lectura a niños para los que Stevenson o Poe son sólo unos nombres polvorientos frente a un estante? ¿Qué opciones tiene la lectura frente a la estimulación fácil de las aplicaciones, de los juegos, de los muchos mundos de las pantallas?

"El problema -reflexiona José María Merino- es educativo. En el afán por la lectura debería estar implicada la familia: no dejárselo todo al sistema educativo. La lectura de palabras, la comprensión de estructuras complejas, fomentan el desarrollo de la imaginación y del pensamiento. Pensar que podemos sustituir la complejidad de los discursos escritos por las imágenes es retroceder desde el punto de vista de la imaginación y de la capacidad expresiva. Perder el libro de papel me parecería una barbaridad. Es lógico que cosas como las enciclopedias o los diccionarios estén en formato digital pero un poema o una novela, ¿por qué no pueden seguir estando en papel?".

"Cuando la gente dice que el libro desaparecerá me parece una locura, ¿por qué no puede convivir con las nuevas tecnologías? El paraguas tiene 2.000 años y sigue siendo útil, la hebilla es prerromana... El libro -prosigue el autor- cumple la función de llevar dentro un discurso complejo, divertido e interesante. La capacidad de desarrollar pensamientos simbólicos fue lo que nos definió como Homo sapiens, una capacidad que hemos desarrollado, entre otras cosas, a través de las ficciones. Si anulamos esto, cambiará, desde luego, nuestra manera de percibir y de entender. Lo mismo cambia incluso lo que entendemos de nosotros como especie".

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