Matías Tejela, oreja en cada toro, puerta grande en Santander

Vega escucha ovación en su primero, un toro sin fuerzas al que le cuaja muletazos con gusto. El segundo de su lote, muy complicado. Aguilar da una vuelta al ruedo

El diestro Salvador Vega lleva la embestida con la mano derecha del flojo toro de Ortigao Costa.
El diestro Salvador Vega lleva la embestida con la mano derecha del flojo toro de Ortigao Costa.
Agencias / Santander

29 de julio 2009 - 05:00

GANADERÍA: Toros de Ortigao Costa desiguales de presentación y juego. Manejables 1º, 3º y 5º. Complicado 2º y 4º. Flojo el 6º. TOREROS: Salvador Vega, ovación con saludos y silencio; Matías Tejela, oreja y oreja. Sergio Aguilar, vuelta y silencio. INCIDENCIAS: Plaza de Toros de Santander. Tres cuartos de plaza.

El madrileño Matías Tejela paseó dos orejas en la corrida de Beneficencia que cerro la feria de Santander. El madrileño lidió un castaño basto, veleto y con arrobas que apretó en el jaco, siendo bien picado. Tuvo nobleza al principio de faena, aunque su planta imponía. En la muleta del alcalaíno resultó mirón, aunque Matías se confió y hubo comunión entre ambos a pesar de los parones. Toro incierto ante la firme mano del madrileño, que mató de estocada desprendida con desarme. El toro cayó patas arriba y Tejela cobró una oreja de mérito.

El quinto fue un toro alto, hecho cuesta arriba y flojo en los primeros tercios. Mal picado, tuvo fondo por el pitón izquierdo, que rápido vio Tejela, que en los medios le endosó dos tandas al natural con muletazos largos y poderosos que llegaron al público. Siguió con la zurda el de Alcalá, aunque con menos intensidad, ya que el toro comenzó a no emplearse de la misma forma. Con circulares y el remate con el de pecho epilogó Tejela una faena bien estructurada, que remató con bellos ayudados por bajo. Estocada rinconera con efecto que valió para pasear la oreja.

Sergio Aguilar lidió un toro mejor hecho con el que se lució en un buen saludo de capa. Quitó por ceñidas chicuelinas ante el buen son del toro. Comenzó por estatuarios ligados con trincheras, para después endosarle una tanda por el pitón derecho que resultó deslucida al perder las manos el toro, que fue mansito y berreón, que se lo pensaba a la hora de tomar la muleta del de Vallecas. Lo más emotivo fue el toreo de frente al natural, que remató con manoletinas.

El sexto fue un toro bajo y bien hecho al que cuidaron en el caballo. Llegó sin fuerza a la muleta, perdiendo las manos como tónica general. Aguilar apenas pudo sacar nada del toro.

Salvador Vega lidió un toro alto, cuajado y bien armado que resultó algo flojo. Hizo un quite a pies juntos que fue jaleado y luego se enfrentó a un toro remiso a tomar el engaño, pero Vega estuvo firme con el mansito que tuvo nobleza y dejó expresar series de buen gusto con la diestra. Deslucido por el pitón izquierdo, y ante la nobleza del Ortigão se pegó un arrimón antes de matar de media desprendida y un golpe de verduguillo.

El cuarto fue un toro bajo, acapachado, vareado de carnes y violento en el caballo, banderillas y muleta. Siempre con la cara alta, tuvo embestida descompuesta el de Ortigao, con el que Vega no se confió nunca. Con esos argumentos no le quedó más opciones que coger la espada y pasaportarlo con apuros.

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