Homenaje a 50 años de trayectoria en el Teatro Falla La noche de oro de Juan Villar

  • Casi medio centenar de artistas celebran durante cinco horas los 50 años de trayectoria del cantaor en una noche rebosante de cariño dentro y fuera de las tablas del Falla

El cantaor Juan Villar, durante su homenaje en el Gran Teatro Falla. El cantaor Juan Villar, durante su homenaje en el Gran Teatro Falla.

El cantaor Juan Villar, durante su homenaje en el Gran Teatro Falla. / Fito Carreto

Con brillo y buen metal. Caro y codiciado. Valioso y opulento. Si es así es el cante de Juan Villar, oro puro, así tenía que ser su noche, la noche en la que celebraba 50 años de su compromiso férreo, inquebrantable, con el cante por derecho. Como el oro su cante, como el oro sus bodas de oro, conmemoradas la noche del 13 de noviembre en un Gran Teatro Falla rebosante de cariño dentro y fuera de las tablas. “¡Te lo mereces, Juan!”, le jalean sin rastro de ojana. Y Juan llora, y Juan canta, y uno y lo otro lo hace de verdad. Y nos deslumbra, como el oro.

Como el tiempo, que es oro, por lo que cinco horas pueden parecer muchas horas si no vienen cargadas de estimulantes experiencias, de instantáneas de esas que se tatúan en el alma, de magia. Y nada de esto faltó en la noche de oro de Juan Villar porque el tesoro del tiempo estuvo a buen recaudo en manos de casi medio centenar de artistas que se encargaron de que el respetable –cariñoso, expresivo, con ganas de juerga– se sintiera parte de una ceremonia especial.

Como el oro, en la retina del público quedarán para guardar bajo llave imágenes impagable, quizás, por paradigmáticas, recortamos dos escenas que triangulan tres grandes nombres del cante, de la guitarra y del baile. El de Juan Villar y Paco Cepero, a un lado del díptico; el de Juan Villar y Rosario Montoya La Farruca, al otro. ¡Échele papas, caballero...!

¿Es oro o no es oro lo que les vendo? El maestro Cepero de reencuentro con el cantaor viñero, fundiéndose su guitarra, que habla, por bulerías con la voz afillá de Juanito Villar, como en los viejos tiempos. O el de La Jineta, en pie, entregado y enamorando a esa Farruca, de negro, que levanta una mano en soleá por bulerías y calla el mundo... Dos imágenes tremendas, de un contenido estético y simbólico de lo que ha sido la carrera artística de Juanito Villar potentísimo. El sólido cantaor de alante, el infalible cantaor de atrás. Y compás, y compás, y venga compás, de la sonanta de uno, de los pies de la otra, de la garganta de él. Ovación en uno y otro caso, ¡cómo iban a terminar estas dos escenas si no! Con el Falla batiendo palmas como ustedes saben que las baten y siendo conscientes de que han sido testigos de algo excepcional.

Pero antes de llegar a estos dos momentos cumbres que se produjeron en la segunda parte, la noche de oro del predilecto de la saga de los Jineto se cosió con los hilos de oro de diferentes voces y sentires, de diferentes procedencias, de diferentes generaciones. Una noche, por tanto, también para celebrar el pasado, el presente y el futuro de este arte, el flamenco, del que Cádiz es cuna y que este 16 de noviembre también andará de aniversario, el de su nombramiento como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

El cantaor Juan Villar y Paco Cepero, en el Gran Teatro Falla. El cantaor Juan Villar y Paco Cepero, en el Gran Teatro Falla.

El cantaor Juan Villar y Paco Cepero, en el Gran Teatro Falla. / Fito Carreto

Porque Patrimonio Inmaterial, porque bello oro viejo, deberían ser los mimbres oscuros y puros del insultantemente joven Samuel Serrano o de la rama más lustrosa del árbol de los Rancapino, la de Alonso Núñez hijo, Rancapino Chico. Porque Patrimonio Inmaterial, porque oro llamativo para lucir es la elegancia de las hechuras y las maneras en el cante y el porte de David Palomar (“¡pregonero, pregonero!”, le jalea su Cádiz), de la imponente Marina Heredia por tangos, de su padre Jaime Parrón, de Curro Albaicín recitando a Rafael de Léon, de Manoli de Gertrudis y de Encarna Anillo, de la ondulada forma de enfrentar las alegrías de Raúl Gálvez o la tradicional y fiel acometida con la que las abraza Felipe Scapachini.

Oro, señores, caro como el que durante décadas sale de las minas del arte que son los barrios de la Viña y de Santa María. Y si del primero es don Juanito Villar del segundo salió la cantaora May Fernández, otra de las artistas cuyo nombre habla del presente del cante de Cádiz, en el que también está Caracolillo.

Oro líquido que resbala por las cuerdas y los pentagramas de la noche. De Joaquín Linera El Niño de Leo a Pituquete, pasando por Miguel Salado, Juan Ramón Ortega, Manuel Jero, José Quevedo El Bolita... Magistrales guitarristas casi permanentemente acompañados en escena por el percusionista David Gavira y con las apariciones estelares en uno de los últimos cuadros del músico Diego Magallanes y del violinista Emilio Martín.

El cantaor Juan Villar flanqueado por sus hijos Antonio y Juan. El cantaor Juan Villar flanqueado por sus hijos Antonio y Juan.

El cantaor Juan Villar flanqueado por sus hijos Antonio y Juan. / Fito Carreto

Oro brillantísimo como el baile de Rosario Toledo, chispeante siempre, toda energía y maestría, o el Patricia Valdés, arraigado, solemne o el de Lydia Cabello, generoso, aplicado. Oro de aquí y oro de allá, en tal abundancia que faltan líneas para nombrar a todos aquellos artistas que participaron en el homenaje. Que si hemos mencionado a la familia de Granada, también estuvo presente Utrera con Mari Peña y Manuel de Angustias; y Jerez, con Miguel Lavi y Chiclana, no sólo con Alonso, también con su hermana Ana y su joven sobrina, Esmeralda, hija de Ana, que con su eco dulce nos hablaba del futuro de otra de las sagas de enjundia de nuestra tierra.

Y hablando de sagas, y hablando de oro, la de los Villar, esa inaugurada por el propio Juan y continuada por sus hijos y nietos, esos que cuando cantan y bailan hacen llorar al patriarca. De Juanete a Zamara; de Juan José a su madre Susana; de Luisa a Pilar; de Antonio a Amadorita... Sin guión, sin trampa ni cartón, al natural para ellos y para el padre. Opaíto. Juan Villar. 50 años haciendo grande el cante. Su peso en oro.

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