Tribuna libre

Fallece Rafael de Cózar, catedrático, escritor, pintor y poeta

Hoy, quienes nos dedicamos al noble oficio de leer y de escribir estamos de luto. El fallecimiento de nuestro compañero, Rafael de Cózar, en unas circunstancias especialmente dramáticas, deja un vacío, tanto en el ámbito profesional como en el fondo humano, y nos produce una intensa tristeza. En el breve espacio de estas líneas, no abundo en su dilatado y denso currículum profesional ni en el valor del legado literario y artístico con el que nos enriquece a sus lectores, sino que me limito a poner de manifiesto mi admiración y mi gratitud hacia un amigo noble, servicial y afectuoso que se esmeraba en compartir sus tiempos, sus ideas y sus experiencias, adoptando siempre una actitud de respeto y una disposición a colaborar en las diversas actividades culturales.

Hace escasos meses, en la conversación que sostuve con él en un tribunal de tesis doctoral, me explicó con incontenible entusiasmo que ahora, prejubilado de las tareas docentes, era cuando se encontraba en las mejores condiciones físicas y mentales para vivir con intensidad: para dedicarse plenamente a la reflexión, a la lectura, a la escritura, a la pintura y a la conversación con los amigos. Todos los que lo tratamos coincidimos en que Rafael era un hombre dotado de una energía vital desbordante, de una inteligencia rápida y de una notable sensibilidad artística. A pesar de que, como él decía, "ya había cumplido sus añitos", estábamos convencidos de que, gracias a su espíritu jubiloso, aún le quedaba mucho tiempo para, incansable, seguir formulándonos sus urgentes preguntas y para él mismo responderlas haciendo gala de su independencia intelectual y de su espíritu libre. En varias ocasiones dialogamos sobre la unión indisoluble del ejercicio de la pintura y la literatura: "tú sabes Pepe -solía repetirme- que las dos actividades alivian los dolores y curan las enfermedades porque ayudan, de manera eficaz, a vivir la vida en el más amplio e intenso sentido de esta expresión". Esta convicción constituye, a mi juicio, la clave que explica la convergencia entre sus trayectorias artística y literaria.

Y es que Fito, orientado por su lúcida inteligencia y alentado por su fina sensibilidad y por su entrañable cordialidad, ha vivido extensa e intensamente, ha trabajado y ha disfrutado, ha sufrido y ha amado: "he amado a los míos, a mi familia, a mis amigos y, además, a todas las manifestaciones de la vida, la amistad, la conversación e, incluso, la polémica". Desde estas líneas expreso mis condolencias y mi afecto a su esposa, hija, hermanos y demás familiares y amigos. ¡Hasta siempre, Rafael!

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