Carlos López Aragón | Fundador de Cía. Zen del Sur

"Detrás de la cultura hay mucho más que puro ocio y entretenimiento"

  • La compañía llega hoy al Festival Anfitrión con todas las entradas vendidas en sus dos noches en Baelo-Claudia

  • La propuesta ‘Órbita’ incide en el sello gaditano de sus intérpretes

Un momento del espectáculo ‘Órbita’, con los intérpretes Carlos López y Noemí Pareja

–Llegan al Teatro Romano de Baelo-Claudia con las entradas agotadas para sus dos sesiones, en un verano difícil para la cultura. Están en órbita con el público.

–Sí. En realidad hemos representado solo dos veces antes. Preestrenamos en diciembre y la próxima semana vamos a Ciudad Rodrigo, donde estrenaremos oficialmente. Órbita ha tenido muy buena acogida, creo que conseguimos emocionar al espectador. Es un espectáculo multidisciplinar, con danza acrobática, música en vivo, circo… Lenguajes muy atractivos que llaman la atención en un mismo espectáculo, atraen mucho. Y hay un guiño al sur, trabajamos desde esa investigación.

–¿Sobre qué fuerzas, conceptos o ideas gira Órbita?

–La órbita es la trayectoria de un objeto alrededor de otro, influenciado por una fuerza central, que en el espectáculo son nuestras raíces. Representamos una trayectoria cíclica a través de dos personajes que viajamos hacia nuestras aspiraciones, pero siempre regresamos al origen, a ese arraigo que nunca se va, que está dentro de ti.

–Cádiz, el mar y el arte flamenco son tres elementos que aparecen en Órbita. ¿Cómo se concretan en el escenario?

–A través de la expresión corporal. Trabajamos desde el lenguaje flamenco, en la música hay mucha raíz, y desde el enfoque de la danza contemporánea y circo moderno. Toda la escenografía tiene mucha vinculación con el mar, mi compañera Noemí (Pareja) viene de una familia de marineros, donde hay almadraberos, y utilizamos en escena una red de pesca, un ancla y otros elementos ligados a nuestra tierra.

–Tanto usted como Noemí Pareja, su compañera en escena, son gaditanos. ¿Cómo influye este factor en la creación?

–En este espectáculo sí es una herramienta creativa que ayuda a desarrollar escenas, por la coyuntura de nosotros como artistas que procedemos de un mismo lugar. Hay una disciplina que es la red aérea, que ha construido el tío de Noemí, y de ahí ha salido un dúo de danza o de los cajones que simbolizan las rocas, la playa, surge una escena de percusión y danza acrobática. En este sentido, este espectáculo es diferente de los anteriores por esa vinculación.

–Se encarga usted también del aspecto musical de sus espectáculos. ¿Normalmente hay una disciplina que le da la pauta, que se impone como eje motriz?

–En el proceso creativo estas disciplinas se mezclan. De la música puede venir la inspiración para un movimiento de danza o viceversa. Un sello de la compañía es la conexión entre el sonido y el movimiento, partimos de una inspiración, en el caso de Órbita de nuestras raíces, que generan emociones y se transmiten en modo de música y movimiento. Luego le damos una forma concreta. La creatividad no tiene límites, así que hay que filtrar mucho.

Nuestro origen gaditano ha sido una herramienta creativa en 'Órbita' para desarrollar escenas

–Lleva además tiempo implicado en el Proyecto Saludarte con la Universidad de Granada.

–Lo desarrollamos paralelamente a nuestra trayectoria. Hace poco hemos hecho un estudio diferente al que ya estaba publicado y nuestra pretensión es seguir investigando. Hemos participado en congresos de comunicación y salud, seminarios y charlas y descubrimos que el arte es salud y que ayuda a las personas. Tenía la inquietud de seguir investigando y surgió cuando estudiaba Deporte en Granada, me interesaba vincular el arte, la salud y las emociones. Hice el doctorado y continué una relación profesional con una profesora de la facultad que sigue a un ritmo variable porque es muy complejo compaginar todo.

–¿Ha extraído de ahí alguna reflexión que le haya ayudado en estos difíciles tiempos que vivimos?

–El arte forma parte de nuestra vida, influye en nuestro estado de ánimo y se usa de manera consciente para regularnos emocionalmente. Hay un impacto directo sobre el estado de ánimo cuando un espectador ve un espectáculo. Cuando surgió el confinamiento lo primero que hacía la gente es ver algo relacionado con el arte para sobrellevarlo. La cultura es un sector vulnerable, complicado, no tiene el apoyo que se merece, tiene que evolucionar para llegar a una posición para que se le valore porque hay mucho más detrás que el puro ocio o entretenimiento.

–¿Cómo lleva la compañía las restricciones ante el Covid-19?

–Funciones cerradas para el verano, festivales internacionales cancelados, pérdida de ingresos… Es lo que al final ayuda a sostener la estructura de la compañía y afecta sobre todo si se ha invertido en un nuevo espectáculo. Es una situación difícil para las artes escénicas porque el trabajo telemático no es la solución, son espectáculos que necesitan hacerse en vivo. Nos mantenemos a flote con optimismo, esperando a que la situación revierta y de momento con el planteamiento de seguir actuando.

Monté la compañía en un momento de crisis. Hay que resistir, esto cambiará de alguna forma u otra

–¿Son suficientes las ayudas planteadas a nivel institucional?

–Se intenta ayudar, pero hace falta más. No solo es representar en un teatro, sino que detrás hay que mantener un local de ensayo y a los artistas, muchos de ellos artistas de calle. Es un sector tan específico y tan grande que se requiere profundizar.

–¿Qué mensaje daría a los creadores que empiezan ahora?

–Animaría a que siguieran creyendo en lo que hacen si se sienten artistas, con espíritu creador. Lo que hay que controlar es el aspecto económico para adaptarse a la situación, tener cuidado en cuánto inviertes, tomar medidas… Yo fundé esta compañía en un momento de crisis y poco a poco salió adelante. Hay que sentarse y estudiar mucho la situación. De alguna manera u otra esto cambiará, hay que resistir.

–Con Órbita ¿qué emociones espera que graviten en la mente y corazones de los espectadores de Baelo-Claudia?

–Acercar el sentimiento de añoranza y arraigo, empatizar con eso es bonito. Habrá momentos de nostalgia, la música en tonalidad menor, cercana al flamenco, transmite esa sensación. Pero hay momentos también de felicidad. Quisiera que el resultado fuera de felicidad y gratitud.

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