El rey del mar cumple 50 años
EL SEXTANTE DEL COMANDANTE
Los guardianes del cielo. La Quinta Escuadrilla de helicópteros de la Armada suma medio siglo con un amplio historial de labores de vigilancia, rescates en el mar y transporte de tropas
Recientemente se cumplieron 50 años de la creación de la Quinta Escuadrilla de Helicópteros de la Armada, y en breve se cumplirá idéntico tiempo de la llegada a Rota del primero de los aparatos, popularizados como Sea King, a bordo del portaaviones norteamericano Independence. Medio siglo que puede plasmarse en la hoja de un periódico, pero que esconden instantes, recuerdos y sentimientos para llenar una biblioteca.
La escuadrilla se creó en plena Guerra Fría con el propósito de que la Armada dispusiera de un helicóptero antisubmarino de altas prestaciones, y apostó fuerte adquiriendo los primeros aparatos salidos de la cadena de producción de Sikorsky, antes, incluso, que la propia marina Norteamericana. Se trataba de un helicóptero plegable de grandes dimensiones y dos turbinas capaces de ofrecer 2.500 CV y autonomía para cerca de seis horas. Un navegador bastante preciso para la época, un sonar calable y un sistema de estabilización automática lo convertían en el peor enemigo de los submarinos, y así lo certificaban los ejercicios en los que continuamente se adiestraban junto a barcos y aviones, hasta el punto de que los sonaristas de la Quinta se jactaban de distinguir el eco sonar de un cachalote joven del de su madre. Cualquiera que haya visto en el telediario al presidente de los EEUU subirse a su helicóptero en la Casa Blanca, habrá identificado el modelo SH-3 al que nos referimos. Hoy su silueta recortada contra el azul del cielo forma parte del paisaje familiar de los gaditanos.
En aquella época el submarino era el arma más preocupante del bloque soviético, y su tránsito, siempre en inmersión, desde sus bases en el mar Negro al océano Atlántico a lo largo de todo el Mediterráneo eran seguidas por helicópteros griegos, italianos, franceses y, naturalmente, los nuestros. Perder el contacto era perder un prestigio ganado a golpe de esfuerzo y todos nos prestábamos con devoción y profesionalidad a cumplir nuestro trabajo. Y mientras tanto, seguían llegando helicópteros a la escuadrilla hasta un número final de 18, dándose la curiosa circunstancia de que con el último entregado a España al principio de la década de los 80, Sikorsky cerró la cadena de producción con el mismo cliente con el que la había abierto.
En verano llegaba la época de descanso, empezando por el primero de los españoles, Su Majestad el Rey, que solía desplazarse a su residencia estival en Palma. Y allí marchábamos nosotros con una pareja de helicópteros para proteger al monarca en sus navegaciones a bordo del Fortuna. Como permanecíamos alertados de sol a sol, estábamos preparados cuando un día de agosto nos reclamaron desde Menorca, pues un yate francés se estaba hundiendo 40 millas al norte de Mahón, y en menos de una hora, como copiloto de mi querido amigo Guillermo Díaz Serantes, nos encontrábamos en la vertical del yate, rescatando de una muerte cierta a un hombre, una mujer y un niño, aunque perdimos a otro adulto al que un golpe de mar se llevó antes de nuestra llegada en medio de un furioso temporal.
Y es que esta faceta de salvavidas era otra de las misiones del Sea King y, en consecuencia, se cuentan por cientos las veces que las unidades de la Quinta Escuadrilla fueron alertadas para rescatar desde un windsurfista que se lo había llevado el levante hasta un pesquero hundiéndose en nuestro litoral, como sucedió un desapacible martes de noviembre de 1987, cuando el Keka, un pequeño pesquero, se hundió a pocos metros de la playa Victoria ante el desgarro de los gaditanos, que desde el Paseo Marítimo veían con espanto cómo sus dos ocupantes eran incapaces de dar una brazada debido a la violencia del temporal. La aparición providencial del helicóptero 508 debió suponer para estos hombres la aparición de un arcángel, pues cuando más desesperados estaban, la llegada del nadador de rescate del helicóptero, Rafael Huélamo, consiguió tranquilizar su espíritu, y su entrenamiento los condujo con destreza a las entrañas del helicóptero salvador.
Fueron muchas las veces que se dio esta circunstancia, aunque me gustaría resaltar el rescate de unos marineros polacos cuyo barco, el Kudowa, se hundió en el Mediterráneo debido a un corrimiento de carga con el portaaviones Dédalo navegando en las proximidades. Fue un salvamento nocturno en medio de una mar muy agitada, en el que Cristóbal Colón, piloto de un Sea King, junto a su copiloto, otra vez Guillermo Díaz Serantes, y los cabos Aniorte, Corres y Gómez Prados, dieron una lección de profesionalidad, regresando al portaaviones prácticamente sin combustible, con nueve supervivientes a bordo y la pena de no haber podido rescatar a otros 19 que perdieron la vida por hipotermia y agotamiento, excepto el capitán, que decidió hundirse con su barco. Cuando la noticia llegó a Polonia debieron frotarse los ojos al leer que el decimoséptimo descendiente del descubridor de América había salvado la vida de unos marineros polacos. Dada la inexistencia de relaciones con un país que en esa época aún pertenecía al Pacto de Varsovia, la parte más difícil del rescate fue hacer patente el deseo del general Jaruzelsky de condecorar a la dotación del helicóptero.
Con la caída del muro y la desaparición de los potenciales submarinos enemigos, la Quinta Escuadrilla adaptó los aparatos para misiones de transporte de tropas, y a tres de ellos se les montaron radares de alerta temprana para proteger a la Flota de ataques de aviación o misiles rozaolas. En su nuevo rol, la escuadrilla ha estado presente en los últimos años en escenarios tan diversos y lejanos como la recuperación del islote del Perejil, operaciones varias contra el terrorismo internacional en prácticamente todos los mares, el vertido de combustible provocado por el hundimiento del Prestige en Galicia, operaciones en Irak, Líbano, Somalia o Bosnia Herzegovina, y la importante operación de ayuda humanitaria en Haití.
El 26 de junio de 2012 la Quinta cumplió cien mil horas de vuelo, celebrándolo con un sencillo acto en Rota que permitió a los miembros de la escuadrilla de todos los tiempos compartir unas horas intensas de recuerdos y sentimientos, además de unir a todos, jóvenes y mayores, en una sola voz al entonar la Salve Marinera en recuerdo de los nueve compañeros caídos en el cumplimiento del deber a lo largo de los 50 años de vida de la escuadrilla: Agustín Farizo, Víctor de la Torre, Agustín Borrego, Juan Rojas, Jesús García de Lucio, Juan Seijas, Arturo Morales, José Antonio Gutiérrez Barba, Miguel Ángel Jiménez López….
Va por vosotros.
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