Marlaska, el malquerido

Seguridad

Crece el malestar entre guardias civiles contra el ministro dos veces elegido diputado por Cádiz l El desmantelamiento de Ocon Sur y el caso Barbate minaron una imagen que no para de deteriorarse

Marlaska, en una visita a Cádiz para conocer los medios del Seprona
Marlaska, en una visita a Cádiz para conocer los medios del Seprona
Pedro Ingelmo

01 de junio 2025 - 07:01

Algo terminó de romperse la noche de febrero de 2024 en la que una narcolancha embistió en el puerto de Barbate la pequeña embarcación en la que unos agentes de la guardia civil habían sido obligados a realizar un servicio innecesario y absurdo. Dos de ellos perdieron la vida y en cada cuartel de la provincia se señaló un último responsable de aquella tragedia: Fernando Grande-Marlaska, el ministro del Interior que había sido elegido dos veces diputado por Cádiz, una de las provincias más calientes en materia de seguridad del país y con la que el juez en excedencia apenas tenía relación.

Ese mismo día, el ministro Marlaska había estado en Algeciras presentando el IV Plan de Seguridad del Campo de Gibraltar y hablando de todos los logros alcanzados en la lucha contra el narcotráfico y el blanqueo de dinero. Muchos agentes de las comandancias de Algeciras y de Cádiz tuvieron que sonreírse porque ellos mejor que nadie saben que la diferencia de medios con los que cuentan frente a las bandas de narcotraficantes cada vez se agranda más. Basta hablar con cualquiera de los agentes que se encuentran en primera línea en la lucha contra el narco para percibir una desmoralización que ha ido en aumento desde el suceso de Barbate.

Todo este malestar ha sido expresado esta semana por Victoriano García, el secretario de la Asociación Unificada de la Guardia Civil en Cádiz, en el podcast de Roberto Vaquero, un personaje singular que lidera un rarísimo partido llamado Frente Obrero, de ideología “patriota revolucionaria”, y que suele aparecer en las tertulias de Iker Jiménez, donde da rienda suelta al delirante catastrofismo marca de la casa. Vaquero sería lo que en Europa empieza a conocerse como un rojipardo.

Más allá del lugar elegido, que tiene su importancia porque Vaquero es muy seguido por muchos miembros de las escalas básicas de los cuerpos de seguridad, García, un guardia civil que se define como un patrullero, puso voz a lo que se escucha muy a menudo entre los agentes de a pie: “Los jefes no están en la calle, no han puesto en su vida unos grilletes, pero luego sí están en las condecoraciones. En Cádiz hay 50 guardias civiles por cada oficial, pero si vemos las medallas se dan a dos guardias civiles por cada oficial. Todos sabemos que no hay que estar donde se ganan las medallas, sino donde se dan”.

“Los jefes no están en la calle, que es donde se ganan las medallas, pero se las llevan ellos”

A la hora de hablar del suceso de Barbate se desata la rabia porque eso supone hablar de lo que consideran un absoluto desprecio a un mínimo de protección en materia de riesgos laborales: “El caso Barbate fue totalmente político. ¿Era tan necesario e imprescindible hacer esa intervención en ese momento cuando lo tenemos todos los días, antes durante y después? Y ese día estaba el señor ministro contando que el plan estratégico era una maravilla. El día de Barbate habría hecho falta un líder que dijera mis guardias no se suben ahí. Ábreme un expediente si quieres, pero me voy a casa con dignidad. Es el escalón de la vergüenza, nadie supo decir que no, no vamos a hacerlo porque no tiene ningún sentido (...) la jueza pidió diligencias por la falta de prevención y todas fueron rechazadas, todo bien compartimentado para que el caso Barbate no fuera más allá. Hay toda una maquinaria detrás y los muertos, muertos están”.

Uno de los líderes a los que hacía referencia y que tanto echan en falta los agentes era David Oliva. Oliva tenía una hoja de servicios impecable en la lucha contra el narcotráfico hasta que Asuntos Internos puso sus ojos en él. Aún hoy, Oliva, que se encuentra inmerso en un proceso judicial, es recibido en la comandancia de Cádiz con un respeto reverencial. Es ese jefe que exige mucho pero que los que los que trabajan con él saben que nunca los dejará tirados. Él fue el que, dirigiendo Ocon Sur en Algeciras, descabezó la principal organización de traficantes del Campo de Gibraltar, que estaba dirigida por el clan de los Pantoja y los hermanos Castaña.

Sus compañeros consideran que David Oliva es otra víctima de Asuntos Internos

Aquel grupo que en pocos meses practicó centenares de detenciones y que sus detractores criticaban por sus métodos poco quirúrgicos fue desmantelado por orden directa del ministerio. Las sombras se cirnieron sobre la figura de Oliva. Es posible que Oliva hubiera salido con bien del motivo por el que se decidió investigarlo, que era su presunta relación con un narcotraficante, pero cometió el error de querer saber más de lo necesario sobre la investigación que Asuntos Internos estaba realizando. Por eso los agentes, que ponen la mano en el fuego por él, consideran que su líder es una víctima del hombre que Marlaska puso para coordinar al ministerio con la Guardia Civil, Rafael Pérez, secretario de Estado de Seguridad.

Pérez ha dimitido esta semana coincidiendo con la filtración de unos audios sobre supuestos movimientos del Gobierno contra la UCO, pero lo cierto es que Pérez había mostrado tiempo atrás su agotamiento. En las más altas instancias del Instituto Armado se vive una guerra de guerrillas y no es ningún secreto el poco apego que la mayor parte de los altos mandos tienen a la política del gobierno de Sánchez. En el caso de Pérez, juez como Marlaska, no era una persona bien vista por los guardias civiles y en Cádiz es uno de los lugares donde esa desazón es más palpable porque, como dicen algunos, “nos envían a la guerra con tirachinas”.

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