Ingleses tras el Brexit Un limbo en el sol

  • El próximo 31 de enero entra en vigor el periodo de transición de salida del Reino Unido de la UE

  • En la provincia de Cádiz residen casi 5000 británicos: hablamos con algunos de ellos 

Andrew y Laura forman parte de la amplia comunidad de profesores británicos en la provincia. Andrew y Laura forman parte de la amplia comunidad de profesores británicos en la provincia.

Andrew y Laura forman parte de la amplia comunidad de profesores británicos en la provincia. / Fito Carreto

Ese lugar en el sol con el que todo británico de bien (y de mal) ha soñado, más que en un paraíso prometido ha terminado convirtiéndose en un limbo prometido. A partir de la semana que viene, cuando se ponga en marcha el periodo de transición de un año hasta la ejecución completa del Brexit, el limbo comienza a hacerse presente. Como se desconocen los términos exactos del (des)acuerdo, nadie es capaz de aventurar qué pasará con el día a día de la comunidad inglesa. “Lo peor es justo la incertidumbre: si sabes qué va a ocurrir, vas adaptándote, te haces una idea. Y todos los que vinimos a España al retirarnos, lo que buscábamos era quitarnos de encima el mayor número de complicaciones posibles. Como cualquiera cuando se jubila”, comenta David Fisher, presidente de la plataforma Chifra en Chiclana, iniciativa que intenta buscar una solución al problema de las viviendas ilegales y el suministro de luz y agua. Chifra tiene 448 miembros con 335 casas (el 80% vive ahora en Reino Unido: muchos han regresado).

Desde hace tres años, la figura del despreocupado jubilado inglés que todos tenemos en mente es algo más umbría que su cliché: es un sector de población al que la incertidumbre le pesa. “Lo que quieres cuando te haces mayor y, sobre todo, cuando tomas una decisión como la de venirte a España, es sentir que, a partir de ahora, vas a ir a velocidad de crucero. Es así como te ves a ti mismo, como quieres que sean las cosas “, explica David.

El escenario post Brexit, con un Brexit duro en el horizonte, hace tambalear todo esto. “Si eres joven y puedes tener la posibilidad de buscarte un trabajo, puede ser distinto. Pero nosotros dependemos enormemente del valor de nuestras pensiones”.

Si el valor de la libra cae, sus pensiones se resienten. Si la inflación sube, el valor de la vida se resiente. David compró su casa en 2002 con la libra a 1.63 euros: ahora, la libra está a 1.18 euros (ha perdido un 30%). Y está el tema de la cobertura sanitaria, que ahora mismo funciona gracias al acuerdo intergubernamental: “A mi amigo Walter le dio un ataque al corazón este lunes: a los veinte minutos, llegó una ambulancia y lo metieron en la UCI. En Inglaterra, pueden llegar a pasar seis horas si te da un infarto en la calle. Y si tienes más de 75 años, no eres atención prioritaria. Que sepamos, los acuerdos al respecto tienen por ahora una validez de tres años. Con gran generosidad, el gobierno español ha asegurado atención a los británicos residentes en España en caso de Brexit duro, claro, siempre bajo la premisa de la reciprocidad”.

Otro de los temas que afecta directamente a los jubilados residentes en España es el del mercado inmobiliario, que se resentirá por la inestabilidad, especialmente en sitios como Chiclana, con un montón de viviendas irregulares. Y, relacionada con esto, la cuestión de aquellos británicos con doble residencia, que pasan la mitad del año en Inglaterra y la otra mitad, en España: si su vida “oficial” está en Reino Unido, la dualidad administrativa dejaría de ser posible.

Entre los cambios que se conocen, el más básico: los actuales papeles de residencia se cambiarán por la Tarjeta de Identidad de Extranjero. El que más afecta al día a día: el carné de conducir, que ha de canjearse por un permiso español si aún no se ha hecho. Si no es así, cuando acabe el año, es probable que los conductores británicos tengan que examinarse.

Con 4819 residentes, Cádiz es la tercera provincia andaluza con mayor población británica

Los jubilados integran gran parte de la marea británica en Cádiz y en Andalucía. Tras ellos, el ingente número de profesores de inglés que se reparten por centros y academias de todo el territorio. Estos dos grupos conforman el grueso evidente de la comunidad británica. Según el Instituto de Estadística de Andalucía, los ingleses son el segundo grupo de extranjeros residentes en nuestra provincia, con 4.819 personas –se llevan la palma, con varias cabezas por delante, los alemanes: 17.960–. En toda España, según datos del 1 de enero de 2019, el padrón contabilizaba a 249.015 los ingleses residentes en nuestro país. Eso es lo que dicen los papeles: se calcula que, realmente, al menos el doble –medio millón de ingleses– viven en España.

Es un gremio sobre el que también ronda la incertidumbre: frente a las facilidades que se abrían hasta ahora, será mucho más complicado, una vez termine el “periodo de gracia” de este año, plantearse la enseñanza en España como una opción vital o profesional. No todos pueden tener los recursos, además, para optar a la figura de residente; por no hablar de los posibles impedimentos a nivel económico. Como en el caso de cualquier extranjero, si demuestras que puedes mantenerte, que eres autosuficiente, tendrás cobertura sanitaria: si no, habrás de recurrir a seguro privado. “Buenas noticias para los profesores de inglés de Irlanda”, dice Laura.

Su caso mismo es un ejemplo de los reparos que provoca el Brexit (aun estando sin estar, el Brexit de Schrödinger):“Siempre había fantaseado con la posibilidad de pasar una temporada larga enseñando inglés en el extranjero –comenta–. Y tras el referéndum tuve claro que, o lo hacía entonces, en los pocos años que pasaran antes de que se concretara en algo, o después lo iba a tener mucho más difícil”. Laura estaba en Inglaterra cuando se celebró la consulta, y admite que le costó salir del “shock”: el día a día de su trabajo, como contable para la administración británica, la pone en contacto con numerosa población extranjera. “Así que diría que, más que enfado, me produjo tristeza”.

Laura y Andrew forman parte del grueso de profesores británicos en nuestra provincia, aunque sus perfiles son distintos: Andrew lleva ya siete años en España, ha vivido en Cádiz y Cataluña. Está prometido. Todo en su vida parece un remanso: “Bien, bien, todo bien, siempre estoy bien”. Se ha imbuido de la misma actitud zen, o del estoicismo, de los que parece hacer gala la administración británica ante sus expats en España: un “No lo sabemos” muy grande, con una gran, nerviosa sonrisa. A corto plazo, Andrew no cree que tenga que preocuparse. Tampoco su familia galesa le insta a volver y, a excepción de navidades y demás, no tiene en mente regresar a Reino Unido.

Ni Laura, ni Andrew, ni David, ni la mayor parte de británicos residiendo en España, o con planes de hacerlo, pensaron que abandonar la Unión Europa fuera una buena opción: más allá de todo, ¿por qué votar por algo que, como extranjero en un país extranjero, te va a complicar la vida?

2020 se contempla como un periodo de adaptación, aunque el plazo podría ampliarse

“Aun así –apunta Laura–, hay muchos jubilados, también residentes en España, que votaron pro Brexit”. Los mayores han comprado más la propaganda y el discurso de “los viejos buenos tiempos”: la brecha generacional en el resultado del referéndum era abrumadora, el 58% de los mayores de 65 años votó por abandonar la Unión Europa, mientras que el 64% de los votantes de 18 a 25 años lo hicieron por seguir siendo miembros de la UE. No es de extrañar que la juventud británica sienta que, en gran medida, han decidido su futuro por ellos: “La mayor diferencia, sin embargo –continúa Laura– estaba entre quienes tenían educación universitaria o no, pero viene a confirmar un poco esto: es mucho más común que la gente joven tenga un título que los nacidos en los años cincuenta y antes”.

Todos culpan del actual estado de grisedad e incertidumbre –David va más allá de la incertidumbre: para él, el Brexit es “lo peor que le podría haber sucedido a Inglaterra”– al escenario de noticias falsas, virales, toxicidad y mensajes adulterados. Un escenario que –advierte Laura– no es nuevo, sino que lleva cuarenta años en liza. Ocurre que, en los últimos tiempos ha vivido –vive, como sabemos– momentos de especial eclosión. Entre la reina de las mentiras estaba el gran ahorro que una salida de la Unión Europea iba a suponer para las arcas del NHS, el vapuleado sistema de salud británico:“No te puedes imaginar la cantidad de votos que arrancó”, admite Andrew.

“Tan idiota... Cameron fue tan idiota que ni siquiera planteó una consulta con un 60/40, por amor de Dios –recuerda David–. Y así estamos, por un 52%. Yo no quiero ser parte de un país elitista, sino de uno de gente que vive hombro con hombro”.

Les digo que no son pocos los que piensan, desde el otro lado, que Reino Unido ha salido de la Unión Europea porque nunca quiso estar: “Puede ser cierto, sí”. Y eso, a pesar de que la sociedad inglesa ha logrado ser enormemente diversa: “Lo contrario es algo que me sorprende mucho aquí”, dice Laura. Reconocen que en este abundamiento de la splendid isolation hay algo de soberbia: un cierto sentimiento de creerse mejores, ajenos a “una identidad cultural que se ha ido forjando a lo largo del tiempo”.

“Los brexiters creen que pueden volver a 1950, lo mismo porque no lo recuerdan bien”, comenta David. “En parte de todo el discurso pro Brexit, hay cierto sentimiento de pérdida del imperio británico”, reflexiona Laura. Una especie sentimental que no sólo es aprovechada por el área más reaccionaria y partidos de la extrema derecha de Inglaterra, sino en todo el mundo, en una táctica que convierte el pasado, a través de lo emocional, en algo más cercano (o apetecible) que el presente.

Al depender en gran medida de sus pensiones, la incertidumbre es grande para los jubilados británicos

“Hay que ser estúpido”, resopla David. “¿Cómo piensan que va a ser, cómo creen que es el mundo? ¿Han olvidado cómo era la vida con aranceles? Buena suerte montando los coches por piezas”. Porque, recuerda, ni siquiera hay ya industria automovilística en Reino Unido: todo se hace en España o en Francia. “¿Alianza con Estados Unidos? No va a funcionar”.

Británicos, dan ganas de decirles, vivís en una isla. Tenéis inviernos largos y duros. Necesitáis naranjas, ¿en qué estáis pensando? Laura nació a comienzos de los setenta: “Cuando era pequeña, la fruta en invierno eran peras o manzanas. Y, en Navidad, mandarinas”. La línea general parece indicar, sin embargo, que la condición del Reino Unido post-Brexit sería similar a la de los países que integran el Espacio Económico Europeo.

“Inglaterra es, además, una isla súperpoblada, ese es uno de los grandes problemas del país –acota David–. Quitando Escocia, Andalucía ocupa unos dos tercios de la extensión de Inglaterra, y tiene unos diez millones de habitantes. Nosotros tenemos a sesenta millones”.

“Pienso que no entienden realmente cómo es el mundo, cómo ha cambiado todo”, David es una de esas personas que lo pueden apreciar en su justa medida. Trabajó como ingeniero informático en Sussex: empezó cuando los ordenadores ocupaban lo que una habitación y una tarjeta era como una mesa:

“Un móvil tiene miles de megabytes: es otra dimensión. No son conscientes de, a pesar de todo, lo bueno que es esto. Nada puede ser ya como era antes, o como creen que era antes”.

El Brexit se traduce en "buenas noticias para los profesores de inglés irlandeses", apunta Laura

El padre de David –cuenta– nació en 1898: sí, esa generación afortunada que se comió dos guerras mundiales. Recién cumplidos los 18 añitos, de hecho, lo reclutaron para la Gran Guerra. Murió antes de saber qué era jubilarse, pero sin duda habría aplaudido un proyecto que se formó bajo la premisa de no dejar que la civilizada Europa se autodestruyera con saña. David sabe que vivió mejor que él pero, también, con mejores aspiraciones de las que tienen sus hijos, de las que podrán tener sus nietos.

El Brexit, en cualquier caso, es. Y lo es empecinadamente, con unas elecciones generales que dieron en diciembre la victoria a Boris Johnson. Una votación que se presentó como una especie de órdago a la salida de la UE, y que traslucía “una pequeña esperanza: de convocar una segunda consulta, o de negociar bajo acuerdo”, comenta Andrew. Para las últimas elecciones, sin embargo, Laura estaba ya más allá de toda esperanza: “No, yo no quería otra elección”. La convocatoria arrojó un resultado que, en términos Brexit, era un calco del referéndum: en gran parte, por la tibia postura del Partido Laborista al respecto.

En esta realidad, no todo es culpa de las mentiras y de un mal entendido sentido de la nostalgia:si le preguntas a ganaderos y pescadores ingleses, te hablarán de cosas similares a la gente del campo aquí. Que en Europa no les han hecho caso, que parecen no querer entenderlos. La sensación de desconexión política –¿qué es lo que hacen exactamente en Bruselas?– ha sido muy grande. Y, durante esos cuarenta años de propaganda antieuropea, nadie se ha tomado la molestia de elaborar un contra-discurso. Nadie ha contestado a aquello de: ¿Los romanos, qué han hecho los romanos por nosotros?

Laura suspira: “No creo, en cualquier caso, que sea tan malo como el peor escenario posible”. Si partimos de las buenas intenciones y promesas sugeridas, los ingleses disfrutarán de un estatus “especial” en Europa. Aun así, solicitar la nacionalidad española será algo –admiten– que muchos de sus compatriotas residentes se planteen. Sobre todo, si la ruptura termina siendo desastrosa. No es tan fácil como parece. David echa un capote comprensivo a la inercia de “guetto”: “El hecho de que puedas desenvolverte diariamente con el inglés, que todo el mundo te entienda, y el estar rodeado de ingleses, hace que saber más español para muchos esté siempre en la lista de propósitos”.

Tampoco descartan que, en unos cuantos años, Inglaterra se retracte y solicite replantear los términos de separación, o incluso una vuelta a Europa. David lo achaca a la perspectiva ruinosa que prevé; Laura y Andrew, por su parte, a la tremenda injerencia que supone en el futuro de los jóvenes.

“Yo quiero asegurar mi casa en Chiclana por mis nietos, para que tengan opción de conocer lo que yo creo que es la buena vida –explica David–.Si son inteligentes, encontrarán la manera de hacerse europeos”.

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