Los hombres también tienen derecho a llorar
El papel que el género masculino debe desempeñar en la equiparación de derechos entre sexos es clave
Fuerte, seguro, triunfador, proveedor. Que no se vislumbre, ni por asomo, un atisbo de vulnerabilidad. Estos son los parámetros que desde la infancia, bien sea en la escuela o en el seno familiar, se le consignan de forma automática a los hombres. Convertido en una especie de superhéroe, el género masculino, aún hoy, está encorsetado bajo estas exigentes premisas que son las que sustentan el modelo patriarcal que impera, sí o sí, en nuestra sociedad.
Esta situación provoca grandes desigualdades entre hombres y mujeres en diferentes ámbitos de su vida, ya sea profesional, personal... Urge encontrar una solución a esta lacra social. Octavio Salazar, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba y unos de los ponentes de las jornadas organizadas por la Diputación de Cádiz la semana pasada bajo el título Nuevas masculinidades: ¿realidad o ficción? propone "una revolución masculina".
Partiendo de la base de que vivimos en un Estado democrático en el que se ha avanzado mucho en materia de igualdad, la realidad nos demuestra a diario que siguen existiendo "enormes diferencias de oportunidades" entre ambos sexos.
Así pues, para alcanzar una equiparación real de derechos hay que tener en cuenta que este reto "no es una cosa de mujeres, es una cuestión de democracia, de ciudadanía", señala Salazar, quien considera que en esta importante tarea los hombres deben "incorporarse a la lucha por la igualdad participando activamente en la transformación nuestro actual modelo patriarcal para convertirnos en mejores personas".
Para este especialista en Derecho, dicho cambio debe venir vertebrado en dos ejes fundamentales: "Integrar en el espacio público y en las estructuras de poder la gestión de la mujer", por un lado; y por otro, "incorporar a la subjetividad masculina elementos femeninos que siempre hemos rechazado", esto es, las emociones, los sentimientos. Los chicos sí pueden llorar.
Los hombre "castran" su parte emocional desde la niñez, sin embargo, es precisamente ese lado más sensible (y oculto) de los varones el que hay que sacar a flote para desarrollar "un proceso de reconstrucción absoluto del modelo de masculinidad de manera que todos, hombres y mujeres, seamos más felices", dice Octavio Salazar.
No obstante, si bien es cierto que "la brecha entre sexos precisa de una revolución masculina", también lo es que en dicho 'levantamiento' "los hombres tendrán que perder privilegios a favor de las mujeres", expone Salazar. "Por ejemplo, si una mujer entra en una lista electoral es porque ha salido un hombre de ella". La pregunta que surge entonces es: ¿Están todos dispuestos a pagar ese precio?
Otras de las ponentes de las jornadas Nuevas masculinidades: ¿realidad o ficción? fue Patricia Aragón, especialista en género y representante de la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPiiNA), quien desarrolló el taller denominado 'Corresponsabilidad'.
El objetivo de esta acción fue "evidenciar que la ausencia del hombre en el ámbito doméstico y de cuidados pasa factura a las mujeres en forma de discriminación en el ámbito laboral, en su salud y en la desigualdad en el uso de los tiempos. Creemos que fomentar la corresponsabilidad es un objetivo que implica a toda la sociedad y proponemos como medida básica la equiparación de los permisos parentales. Es una reforma barata, fácil de implementar y con un alto impacto en materia de igualdad", asegura Patricia Aragón.
Desde la PPiiNA, una asociación independiente a cualquier vinculación política, defienden pues una reforma legislativa que establezca que los permisos por nacimiento o adopción deban concederse a cada progenitor de tal manera que "sean intransferibles, de igual duración, con la misma parte obligatoria y pagados al 100%". Además, solicitan que el permiso de los padres se fije "de inmediato en seis semanas".
De llegar a conseguir la igualdad en los permisos de maternidad y paternidad se rompería la tendencia a "perpetuar roles tradicionales que conducen a la mujer a asumir la responsabilidad de cuidar y a los hombres, a cumplir sólo con su empresa y su empleo", afirma la especialista.
Además, la responsable de PPiiNa considera que habría ventajas tanto para los hombres como para las mujeres: "Ellas reducirían su carga de trabajo al repartirse equitativamente la crianza y se evitaría la etiqueta de menos disponible que tienen las madres a los ojos de las empresas. Ellos, por su parte, fomentarían la vinculación emocional temprana con los hijos, disfrutarían más de las criaturas y desarrollarían otro tipo de relación con el trabajo remunerado".
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