En la fábrica de los sueños

Eduardo Ordóñez, el hombre que dirige la primera escuela de Andalucía, la de Jerez, fue un maletilla de los de antes. Desde hace veinticinco años, dirige la Escuela Municipal de Tauromaquia, por donde ya han pasado unos 1.800 alumnos.

Juan P. Simó / Jerez

27 de junio 2010 - 07:57

..Aquella noche de plenilunio, el malvado ganadero Manolo Costa Abellán, alertado por los gritos, ordenó a dos de sus empleados perseguir y tirotear hasta morir a los novilleros Andrés, Lorenzo 'El Loren' y Juan Carlos, cuando 'hacían la luna', desnudos de todo boato que les impidiera sacar cualquier muletazo limpio, con el corazón latiendo a mil por el peligro del toro y el celo de los vigilantes de la finca Charco Lentisco. Aquel suceso se llamó 'el crimen de los novilleros'.

Ya no hay apenas noches de 'hacer la luna'. Ni quedan maletillas. Los maletillas y su leyenda. Aquellos bravos jóvenes que recorrían todo el país para aprender. Muchos murieron en las noches de luna clara. Otros saltaban al ruedo en plena corrida. Ahora existen las escuelas. Eduardo Ordóñez, el hombre que dirige la primera escuela de Andalucía, la de Jerez, fue un maletilla de los de antes. Desde hace veinticinco años, dirige la Escuela Municipal de Tauromaquia, por donde ya han pasado unos 1.800 alumnos. "Fui un maletilla de los antiguos. Me fui de mi casa con un hatillo al hombro a Guadalajara. Mi padre es primo hermano del padre de Antonio Ordóñez, el Niño de la Palma. Era el año 57, con dieciséis años. Sin medios, con dos compañeros más... Y ahí triunfábamos, en las capeas. Y había auténticas tragedias. Yo vi morir algún maletilla en esos pueblos. Entonces, yo creo que todo aquello que pasó no es necesario en estos tiempos, porque se puede tener ambición de ser torero, de triunfar y tener una posición social y luego, conseguir todo eso, sin pasar hambre. Hoy día, casi nadie pasa hambre".

Y nacieron las Escuelas de Tauromaquia. Y ya no hicieron falta los espontáneos, ni las noches de plenilunio, ni jugarse el tipo y el dinero ante las autoridades, ni el miedo a pagar la multa. La escuela de Jerez, por ejemplo, ha dado al mundo del toreo figuras importantísimas: Alejandro Morilla, Caro Gil, Jesulín de Torrecera y tantos otros. "Y nos decían: Es que ustedes 'fabrican toreros'. Mire usted, el torero nace, no se hace. Eso no se puede fabricar. Cada ser humano es único, irrepetible. En el toreo pasa lo mismo. Por tanto, el que lleve los genes para ser un gran torero, lo va a ser".

"¿Maletillas? Algunos ganaderos se quejan, porque dicen que les gustaría tener algunos de ellos en los tentaderos que hacen. Antes se iban a las tapias, les gustaba a los ganaderos que espontáneamente salieran a torear. Hoy, sin embargo, la mayoría de los alumnos va de la mano de la escuela, invitados, en un autobús. Por eso hay ambición. Te cuento un ejemplo: El otro día estuvieron cerca de cuarenta alumnos de la escuela en la finca del maestro Espartaco. Cuando llegaron allí y Espartaco les enseñó su finca, unos salones preciosos con cabezas de toros, la plaza, aquello les deslumbró. ¿Y esto se puede conseguir siendo matador de toros?

Estaban maravillados. Y Espartaco vino de una familia que era muy humilde. El padre de Espartaco estuvo trabajando en la finca de Juan Belmonte y era un vaquero. Eso les atrae a los jóvenes. Pero está claro que el joven que quiere ser torero es disciplinado, respeta a los demás, trabaja con su espíritu de sacrificio, que nada es gratis; o sea, lo estamos formando. El que quiere ser torero lo tiene que ser por sus propios medios y tiene que tener muchas horas de sacrificio. Privarse, como decía Espartaco, de que no va a tener casi juventud; y contaba que se privaba de salir por las noches, con el guisquisito, con las chavalas, porque su vocación era ser matador de toros. Y el padre, incluso, cuando veía que se despistaba un día, le reñía. Es que las escuelas forman a los jóvenes como personas de bien, respetuosas y como hombres de futuro".

Estamos en la plaza portátil de Chapín. En mitad del coso está 'El Cámara', el viejo banderillero de Paula que vigila los movimientos de los chavales. En el callejón, observando, está Sandra Moscoso, una de esas figuras que formó la escuela. Y en el albero, una cuarentena de alumnos aprenden. Antonio Lozano es el director artístico de la Escuela.

-¿Qué estamos viendo desde la grada?

-Estamos viendo un ramillete de sueños. Yo me acuerdo cuando quería ser torero; lo único que me importaba del mundo era coger un capote y una muleta, formarle un lío muy gordo a un toro y sentía el calor de que iba avanzando y consiguiendo mi objetivo. Tú los ves a ellos que sufren porque todos no pueden torear, porque hay distintos niveles, hay chavales que empiezan, otros que ya han tenido ciertas decepciones porque han tenido algún fracaso, entonces tienen sus dudas, siguen luchando pero, en el fondo, esto es una fábrica de sueños".

En la escuela de Jerez hay un puñado de promesas. Juan Luis Sánchez es una de ellas, como Miguel Andrades, David Campo o José Manuel Monje, en su mayoría 'morantinos', seguidores de Morante de la Puebla, entre los catorce y diecisiete años y a los que todos ellos le llevó a los toros su afición.

La crisis no cuenta entre estos novatos. Dice Eduardo que hay casos en los que el joven no se encuentra bien anímicamente y sus padres consideraban que no servía para estudiar y lo han traído aquí porque pensarían que no tenía futuro, "pero en esos tres o cuatro años que ha pasado entre nosotros, el chaval ha madurado, le ha servido todo esto. Si no ha llegado a matador, hay muchos que se han metido a banderillero y han podido vivir de esta profesión". Y bien, ¿qué puede salir de aquí? Antonio cree que aquí hay una cosa común a todos: Serán aficionados a los toros cualificados. "Si estos chavales no llegan a ser toreros, podrán disfrutar de su profesión y serán la semilla de la continuidad del aficionado. Y escuelas de aficionados no existen, porque ya los abuelos no llevan a sus nietos a los toros".

En la plaza portátil de Chapín sigue todas las tardes la actividad desde las siete de la tarde. Eduardo, Antonio y 'El Cámara' vigilan a los chavales. Todos ellos están en época de exámenes y no faltan, día a día. No padecen de pobreza extrema ni entienden de crisis. Es solamente afición. La afición en esta especie de fábrica de lo sueños.

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