"Si estás convencido de algo, lo consigues"
Humberto González ha perdido 142 kilos en un proceso en el que "lo peor es la parte psicológica"
Humberto pesaba 235 kilos y, un día, decidió dar un giro a su vida. Tras un largo proceso de más de cinco años, ya está casi en su peso ideal. "Lo más duro ya está hecho", afirma con optimismo este gaditano.
Humberto González Aguilera ha tenido problemas de sobrepeso desde pequeño, pero nunca se ha sentido mal. "Con 235 kilos tenía un estado de salud perfecto, los médicos se asombraban de que estuviera tan bien", comenta. A pesar de ello, él sabía que tarde o temprano "empezarían a salir cosas". De hecho, cuenta que comenzó a tener problemas para andar y a dolerle las rodillas y los tobillos.
Con 38 años se decidió a acabar con la obesidad y fue al médico. La única solución que le dio el endocrino fue la cirugía bariátrica, en concreto, la realización de una gastroplastia tubular vertical. Es decir, una reducción de estómago.
Antes de la operación, tuvo que pasar un análisis psicológico y varias pruebas médicas. El endocrino evaluó todos los resultados y lo derivó a cirugía. Tuvo que esperar dos años para la operación y, cuando le llamaron, no estaba en condiciones porque era fumador y su índice de masas corporal era superior a 50. "La operación tiene mucho riesgo y meterte en quirófano con un índice de masa corporal mayor de 50 multiplica exponencialmente los riesgos", explica Humberto. Entonces, tuvo que dejar de fumar, le pusieron una dieta de mil calorías y empezó a andar todos los días como mínimo una hora. En un año llegó al 50 de índice de masa corporal y se operó el 19 de noviembre de 2013 pesando 154 kilos. Un mes antes, tuvo que someterse a una dieta limitada a batidos proteínicos.
"Cuando me llamaron para ingresar, me harté de llorar, pero tenía muy claro que quería hacerlo a pesar del riesgo", afirma este gaditano, que cuenta que entró en el quirófano animado y muy tranquilo porque "sabía que por mis condiciones físicas todo iba a salir bien. Mi entorno estaba más preocupado". La operación fue por laparoscopia y duró una hora y media. 24 horas después le sentaron y le dieron un vasito de agua. "Era de chupito y me dijeron que me acostumbrara a tomar las cosas poco a poco porque ese era el tamaño de mi estómago", relata. Y es que le dejaron el 10% del estómago que tenía. 48 horas después de la operación, ya estaba andando y en menos de una semana se fue a casa.
Humberto señala que el proceso de recuperación es lento. "El primer mes sólo puedes tomar líquido, y vas perdiendo peso. El siguiente mes empiezas con dieta blanda y después, poco a poco, vas incorporando comidas. Te dan unas pautas y tienes que seguirlas a rajatabla. Hay un momento que llegas a comer con normalidad, con algunas pautas: no puedes comer y beber a la vez, no puedes tomar bebidas gaseosas ni alcohol, tienes que tomar todo despacito, masticando mucho la comida... ¡tienes que aprender a comer!". Dice que el proceso de adaptación a la comida es diferente para cada persona, porque "tienes que ir probando los alimentos para ver si los vas asimilando. Si no, tienes que probarlos al mes siguiente. Y si llenas el estómago más de la capacidad que tiene, vomitas".
Según Humberto, "te operan del estómago, pero no de la cabeza. Tú tienes que cambiar el chip. No sólo tienes que aprender a comer, sino que tienes que acostumbrarte a ver la comida y no poder tocarla, a ver cosas que te gustan y no poder probarlas, a ver a la gente comer... Lo peor es la parte psicológica. Mentalmente es un proceso muy duro. Y a eso tienes que sumarle los problemas personales". Él era autónomo y tuvo que dejar su empresa e irse a vivir con sus padres para poder operarse. "Si no fuera por ellos, estaría viviendo en la calle, porque ahora mismo tengo deudas y cero ingresos".
Añade que al perder tanto peso tan rápido, "estás sometiendo tu cuerpo a un gran estrés porque también pierdes hierro y vitaminas, y eso te provoca procesos depresivos". Por eso, dice que echa de menos un apoyo psicológico por parte de la sanidad pública tras la operación.
Ahora, Humberto ya puede comer de todo pero poca cantidad, y todavía le quedan cuatro operaciones más de cirugía reconstructiva de la piel sobrante. "Según estimó el cirujano plástico, me sobran entre 10 y 12 kilos en total", afirma. Esa piel hay que quitarla no sólo por estética, también por cuestiones psicológicas y "porque puede necrosarse y ulcerarse".
Asegura que su vida ha cambiado mucho, sobre todo en cosas cotidianas. Dice que ahora puede ir a comprarse ropa, algo que nunca había hecho, "y una cosa tan simple como cruzar las piernas. La primera vez que lo hice me quedé sorprendido". También, hacer ejercicio sin cansarse, hablar sin asfixiarse y montar en bicicleta. "Nunca he podido montar en bicicleta y ahora he tenido que aprender". Comenta como curiosidad que mucha gente no le reconoce cuando se cruza con él por la calle.
Su vida también ha variado en el terreno social. "Durante el proceso te aislas un poco porque no puedes comer ni beber y ahora lo que hago es quedar para charlar o dar un paseo".
Afirma que antes de empezar, no creía tener fuerza de voluntad. "He visto que tengo, y una frase que repito ahora mucho es que quien quiere hacer algo, lo puede hacer. Si estás convencido de que puedes hacer las cosas, lo consigues". Pero insiste en la necesidad de un apoyo psicológico en este proceso. Asegura que ha tenido que hacerse fuerte "porque los efectos de esta operación son reversibles y, si no eres una persona fuerte, después de pasar por todo esto puedes volver a estar como antes".
Humberto ha querido contar su experiencia para animar a otras personas que tengan problemas de sobrepeso a que hagan lo mismo que él y no tengan miedo. "Quien quiera acabar con el sobrepeso, puede hacerlo. Toda la información se la pueden aportar los médicos de la Seguridad Social, que son los que tienen que llevar todo el proceso".
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