"El cambio experimentado por Andalucía ha sido grande, pero incompleto"
El sociólogo Pérez Yruela aboga por que Andalucía se centre en un debate sobre su futuro · "Manteniendo un 33% de fracaso escolar no vamos a ninguna parte"
Manuel Pérez Yruela, el sociólogo de la Andalucía de los últimos veinte años por antonomasia, como le definió Ramón Vargas-Machuca, cerró ayer tarde el ciclo de conferencias Anticipar el futuro construyendo el presente, organizado por Diputación y patrocinado por Unicaja y el Grupo Joly, disparando una fotografía de una comunidad cuyo "cambio ha sido inmenso, pero incompleto".
Amparándose en un saco de cifras, Pérez Yruela consiguió su objetivo demostrando científicamente cómo la crisis le ha cogido a Andalucía corriendo detrás del progreso, acercándose mucho al resto del país, pero sin llegar a conseguirlo. Lo planteó desde diferentes ópticas, pero la primera fue la política. Si ni siquiera somos conscientes de generar un debate sobre nuestro futuro, difícilmente avanzaremos hacia él: "Los dos partidos predominantes han planteado el debate en los siguientes términos. El partido que, de manera encomiable, ha generado este enorme cambio en la región repite, y esta en su derecho, todos los logros obtenidos en estos treinta años, mientras el otro partido predominante contesta intentando negar esos cambios. Un debate sobre el pasado, sobre si hubo o no hubo milagro andaluz". Ya que los cambios se han producido, y así lo percibe la población, como demuestran las encuestas, no tiene sentido un debate en esos términos, sino en qué hay que hacer para completar lo incompleto. De nada sirve darnos cuenta que ya no somos un lugar "para buscadores de exotismos orientales", si no nos damos cuenta de que la brecha que habíamos conseguido reducir amenaza con volver a agrandarse.
Tras pasearnos por esa evidencia de cambio, en índices como camas hospitalarias por habitante, volúmenes de infraestructuras o, incluso, el control de la mujer sobre la reproducción con un incremento en la edad de nupcialidad y una reducción del número de hijos, Pérez Yruela acudió a los indicadores en los que realmente se tendría que centrar ese hipotético debate que no existe.
Y, aparte de muchas otras cosas, dos campos tienen perspectivas muy poco halagüeñas: la educación y la economía. En el primer caso, y si nos referimos a una máxima de la sociología que afirma que "las cosas no son como son, sino como la gente piensa que son", observamos un deterioro muy acelerado de la percepción de los andaluces sobre la educación. De hecho, el 49% de los andaluces piensa que está empeorando. Cómo no lo va a pensar si "seguimos manteniendo un tasa de abandono escolar superior al 33%. Nada podremos hacer si nos mantenemos en esos índices porque nos podemos consolar hablando de que hemos universalizado la educación, pero si esa universalización acaba en abandono antes de tiempo, poco habremos conseguido".
Si se cruza este dato con la proyección de necesidades del mercado de trabajo en un horizonte de diez años, un mercado que demandará, como sucede en Alemania, un pico importante en lo que nosotros conocemos como Formación Profesional, nuestras posibilidades de ser competitivos son nulas. Nuestro universal sistema educativo lanzará al mercado de trabajo un tercio de estudiantes que a ningún (o a muy pocos) empleador interesa.
Pérez de Yruela insistió mucho en ello porque nos lo dice la experiencia. "Hemos pasado, sin transición, de una sociedad agraria a una sociedad de servicios sin ofrecer atractivos a la industria, aunque en ello también se den "razones culturales y de escasa tradición". Lo cierto es que Andalucía aprovechó bien el ciclo de bonanza económica, el que se produjo entre 2000 y 2007, creando nada menos que 700.000 empleos y absorbiendo buena parte de la importante población activa nueva que se incorporó al mercado trabajo. Pero dónde se hizo eso: en el empleo público, la sanidad y la educación. En concreto, la mitad: 350.000. Un cuarto del resto del empleo se creó en la construcción, un total de 180.000. De esas 700.000, en Industria solo se crearon 23.000. Ese tren pasó cuando la recesión empezó a comerse todo el empleo creado en la construcción, pero manteniendo el empleo público, lo que desequilibra la balanza económica.
Y ese tren también pasó cuando observamos otros índices que el sociólogo quiso subrayar. El parón en el crecimiento se produce cuando la renta per cápita entre Andalucía y el resto de España seguía estando muy lejos. A cada andaluz le corresponden 17.498 euros al año; a cada catalán le corresponderían 26.863 euros.
Estas cuentas salen porque Andalucía, que cuenta con un 18% de población, "debería tener una aportación al país de un 18% en todo". No es así. En estos años de cambio Andalucía no sido capaz de moverse del 13,5% del PIB que aporta al país, pese a que sí ha conseguido acercarse en empleo, donde se consiguió aportar en 2007 hasta el 16%. Este dato era engañoso, no era necesariamente bueno, ya que si el PIB se mantenía y crecía la influencia del empleo, la ecuación nos daba como resultado que "estábamos cayendo en productividad y deteriorando nuestra competitividad". Una vez más, como en educación, competitividad.
Sus últimos datos enlazan bien con estos indicadores de educación y economía. Los andaluces, europeos que queremos a nuestra familia y nuestros amigos, somos los que más importancia de toda Europa damos al trabajo, pero, al mismo tiempo, un 45% de masa crítica andaluza piensa que dedicamos demasiado tiempo a romerías, procesiones y ferias. Por cierto, a los andaluces la política nos interesa un pimiento: 3 sobre 10.
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