Provincia de Cádiz

La batalla de Safaa por estudiar: “No me doy por vencida”

  • Safaa, una joven marroquí paralítica cerebral y afincada en Algeciras, ha logrado sacar ESO y Bachillerato. Hace tres años que no puede continuar su formación por falta de personal de apoyo

Safaa con una de sus monitoras en Algeciras. Safaa con una de sus monitoras en Algeciras.

Safaa con una de sus monitoras en Algeciras. / D.C.

Con 9 años, Safaa Allal Ahassan desembarcó en Algeciras procedente de Marruecos sin saber leer ni escribir. No había pisado un colegio, pero ella quería “ser alguien”. Ni su parálisis cerebral, ni su condición de emigrante, ni su desconocimiento absoluto de la lengua española la apartaron de su sueño. A sus 27 años, Safaa ha peleado en cada una de sus etapas educativas por lograr una formación “digna y adecuada”. Ahora pretende cursar estudios superiores. Voluntad y ganas no le faltan, pero el camino se le complica. Aún más. Y ella no está dispuesta a rendirse.

Safaa nació en Castillejos, el último pueblo de Marruecos antes de Ceuta, el 10 de febrero de 1993. Vivía en una casa construida por su familia. Cuando tenía cuatro meses, su abuela se dio cuenta de que la niña no se sentaba bien. Algo extraño pasaba, así que la llevaron al médico a Ceuta, pues la asistencia sanitaria en Castillejos era mala. El diagnóstico fue rotundo: parálisis cerebral por falta de oxígeno en el parto. “Ahí comenzó la lucha y la preocupación de mis padres por cómo iba a ser mi vida”, afirma Safaa.

El proceso de escolarización de Safaa fue difícil desde sus inicios. En sus primeros años de vida estuvo en tres guarderías. En las tres surgieron problemas para que la pequeña fuese atendida en base a sus necesidades específicas. Safaa no se encontraba a gusto, así que se quedó en casa de los 5 a los 9 años. “Los días eran muy parecidos los unos a los otros, me levantaba, desayunaba, veía la tele, jugaba a la casita con los muñecos e inventaba historias, fantaseaba. También jugaba a papás y mamás yo sola. Tenía un balcón, ahí pasaba la mayor parte del tiempo, viendo cómo los niños iban y venían al colegio”, recuerda la joven.

Por aquel entonces, el padre de Safaa llevaba tiempo trabajando en España. “Mi madre me recuerda que mi padre tenía papeles desde antes de que yo naciera y nos podía traer a España. Al principio, yo no quería venir, temía el cambio, pero al final lo acepté y  vinimos mi madre y mis dos hermanos gemelos, que tenían un año. Mi padre pensaba que en Marruecos no había medios para mi rehabilitación y que allí yo no podía estudiar".

En Secundaria, Safaa empezó a utilizar el ratón del ordenador con la barbilla y el móvil, con la nariz

En diciembre de 2002, la familia se trasladó a Algeciras en busca de un futuro mejor para Safaa. “La despedida fue muy dura. Estás todo el día rodeada de tu gente y de repente viajas a un país en el que no tienes a nadie y ni siquiera conoces el idioma. Llegué y la ciudad no me gustó mucho a primera vista, pero luego me acostumbré y me integré rápidamente en el ambiente. Fue un cambio radical en mi vida que me abrió muchas oportunidades. Yo quería una vida mejor y con una educación digna, como cualquier niña que sueña con ser alguien en un futuro”.

Ese año Safaa no pudo ir al colegio porque no había plazas y tuvo que esperar hasta septiembre del año siguiente para matricularse. Aprovechó ese tiempo para dar clases particulares de español en una iglesia. “Aunque mi padre sabía español,  en casa hablábamos el dialecto árabe marroquí (dariya). También conservamos nuestra religión. Cocinábamos de todo un poco: nuestros platos y nuevas recetas que no tuvieran jamón ni vino. Mi madre rememora ese periodo de mi vida como una etapa difícil. Tenía miedo a que me pudiera pasar algo y que yo no supiera cómo reaccionar”.

En el curso 2003/04, con 10 años, Safaa entró por primera vez en el colegio. Fue en el centro Virgen del Pilar y allí aprendió a leer, a escribir y a utilizar el ordenador en tan solo nueve meses. Permaneció en ese colegio hasta sexto de Primaria.

La monitora abraza a la joven mientras pasean. La monitora abraza a la joven mientras pasean.

La monitora abraza a la joven mientras pasean. / D.C.

Safaa cursó la Secundaria en el IES Ciudad de Algeciras en el año académico 2006/07. Comenzó sus estudios en un aula específica pero los acabó en un aula ordinaria. “Podía seguir el ritmo”, asegura la joven. Fue en ese periodo cuando Safaa dispuso por primera vez de una silla eléctrica, cuando empezó a utilizar el ratón con la barbilla y el móvil con la nariz. Hizo la ESO en seis años.

Al finalizar el último curso de la ESO, Safaa quiso seguir estudiando Bachillerato. “Quería intentarlo pero el equipo directivo del centro tenía miedo, no le pareció bien mi propuesta. Yo no sé por qué la gente tiene tanto miedo. Nadie sabe lo que va a pasar”, relata Safaa.

La joven marroquí pasó entonces al IES Getares –porque está adaptado– e hizo la modalidad de Ciencias Sociales fraccionada en cuatro años. “En ese tiempo conté con el apoyo de mi amiga Ana. Me ayudaba a pasar las páginas y a aparcar la silla, ya que siempre había problemas con la disposición de las mesas en el aula. Había compañeros de clase que tenían mucha paciencia conmigo. Otros, no tanto”, explica Safaa sin lamentarse.

"Quizás yo no pueda aportar mucho como otras personas, pero algo aportaré"

Acabado el Bachillerato, la trayectoria educativa de esta chica se complicó como nunca antes. “Me matriculé en un grado superior de Comercio Internacional y aquí empezaron mis sueños y mis deseos a caerse poco a poco. Llevo tres años sin hacer nada”.

La joven cuenta que cuando empezó el curso 2018-19, la administración tardó un mes y medio en mandar a una monitora de apoyo al centro. La especialista, además, solo estaba con Safaa las tres primeras horas lectivas. “Para mí eso fue un caos, yo soy una persona que le gusta llevar todo al día”.

Ese año, Saffa se dio de baja porque no pudo alcanzar el ritmo de la clase. “Opté por matricularme al año siguiente pensando que todo sería más fácil, pues tanto el instituto como Educación estaban al tanto de mi situación, sin embargo, la cosa se complicó aún más”. El curso 2019/20 arrancó de nuevo sin monitora para Safaa y el instituto le ofreció como solución la posibilidad asistir a un 50% de las clases sola, bajo su  responsabilidad (o la de sus padres). “Y así empecé, yo ya estaba acostumbrada a no tener una monitora a mi lado las ocho horas. Pensé que me las apañaría con un poco ayuda de los profesores, pero la realidad no fue tan fácil como pensaba”.

La primera semana Safaa asistió a las asignaturas que le asignaron ese curso. “Mi madre me dejaba en la clase y cuando termina la jornada, venía a por mí. El problema surgió, como en todas mis etapas educativas, por ser yo la primera alumna con necesidades especiales que estaba allí. Fue difícil para los profesores y para mí entendernos sin un intermediario (monitora). Por otra parte, yo tenía una adaptador de mentón y cuando me di de baja la primera vez en el instituto, me dijeron que lo tenía que entregar. Cuando regresé, el adaptador no estaba y sin ese adaptador no podía mover el ratón del ordenador. Después se solicitó de nuevo el adaptador pero trajeron uno diferente al que yo tenía. Ya era mediados de noviembre, iban a empezar los exámenes, me entraron los nervios y me di de baja de nuevo”.

Safaa es consciente de que los estudios que pretende cursar no son obligatorios. No obstante, ella lanza la siguiente reflexión: “si una persona quiere seguir adelante, ¿por qué romper sus sueños? Quizás yo no pueda aportar mucho como otras personas, pero algo aportaré. Ninguna discapacidad puede ser barrera para la formación, algo siempre se consigue”.

Orgullosa de todas las etapas que ha superado con esfuerzo y paciencia a lo largo de su vida, Safaa está convencida de seguir adelante. “No me doy por vencida”.

Para la realización de este reportaje se entrevistó a Safaa a través del móvil y del correo electrónico y se consultó su Hoja de vida, publicada en Trayectoria de las aulas especiales. Los dispositivos de atención educativa al alumnado de origen extranjero a examen, de Rodríguez, R.M., González-Falcón, I. y Goenechea, C. (2018). 

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