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Alcalá de los Gazules, 2011: Donde más escuece a los socialistas (segunda parte)
Historias de Cádiz-Herzegovina | Capítulo 56
Un pacto PP-IU echaba hace 15 años al PSOE de la Alcaldía de Alcalá de los Gazules, la cuna indiscutible del socialismo gaditano
El PP e IU aprovecharon que a Arsenio Cordero le faltaron 11 votos para la mayoría absoluta y propiciaron así un cambio político histórico
Chiclana, 2007: Donde más escuece a los socialistas (primera parte)
Y Luis Pizarro se cansó de correr
Todos tenemos uno, pero a veces deberíamos tener dos, sobre todo cuando llega una noche electoral y no atinamos a percibir el significado de ese escrutinio en toda su plenitud.
Ese elemento que tenemos todos, y pobrecito el que no lo tenga, se llama el epitelio olfativo y es la clave para que podamos reconocer un aroma. Olemos porque nuestro sistema olfativo detecta moléculas volátiles en el aire a través de ese epitelio olfativo, convirtiéndolas en señales eléctricas que viajan luego al sistema límbico y al hipocampo, y es ahí, en el cerebro, donde posteriormente interpretamos esas señales como aromas.
Pero deberíamos tener otro epitelio olfativo, aunque lo usáramos simplemente cuando llega una noche electoral. Con él nos ahorraríamos tantos quebraderos de cabeza, tantas interrogantes y tantas interpretaciones que, transcurridas unas semanas, se demuestra que eran erróneas. Porque la experiencia dice que, efectivamente, el primer aroma que desprende ese escrutinio suele ser el que termina cristalizando cuando transcurrido un tiempo se constituye un gobierno o un ayuntamiento. Es verdad que siempre hay que dejar un resquicio por si se produce una traición o un giro inesperado en el guion. Pero, por lo general, contados todos los votos ya se puede intuir si se avecina continuidad o cambio en esa administración que se ha sometido al escrutinio general.
Del epitelio olfativo seguro que saben mucho Julio Toscano y Arsenio Cordero. El primero sigue siendo a día de hoy el único alcalde no socialista que ha tenido Alcalá de los Gazules en democracia. Médico de profesión, seguro que en algún momento de su carrera tuvo que estudiar el sistema olfativo. Y Arsenio Cordero, concejal y alcalde por el PSOE en esta localidad alcalaína durante varios mandatos corporativos, vivió en primera persona como candidato a la Alcaldía los únicos dos escrutinios en los que el Partido Socialista no logró mayoría absoluta en unas elecciones municipales en esta población. La primera vez, la noche electoral de 2003, Arsenio Cordero no olió que se avecinara un cambio político en Alcalá, pero por el contrario sí le llegó, y con un aroma muy fuerte además, ocho años después, en 2011. Y en ambas ocasiones su epitelio olfativo no le falló.
Hay una verdad incuestionable y es que Alcalá de los Gazules será ya para siempre la cuna del socialismo gaditano. En el futuro esta agrupación alcalaína del PSOE podrá tener más o menos relevancia en el conjunto del partido en la provincia, pero es indiscutible que apellidos fuertemente radicados en Alcalá como Perales, Pizarro, Toscano, Blanco, Aido, Romero, Almagro o Vázquez, entre otros, contribuyeron de una manera esencial desde la reinstauración de la democracia al crecimiento del partido en la provincia de Cádiz y en el conjunto de Andalucía. Aquello de el clan de Alcalá tuvo siempre una base muy consistente.
Pero la cuna indiscutible del socialismo gaditano quedó hecha añicos hace 15 años, cuando después de las elecciones municipales de 2011 el PP e IU cerraron un acuerdo de gobierno que mandó al PSOE a la oposición. Aquello cristalizó el 11 de junio de ese año y la imagen de Julio Toscano, el candidato del PP, con el bastón de alcalde dio la vuelta a España. El PSOE había perdido Alcalá de los Gazules. Increíble pero cierto.
Ese pacto PP-IU se cerró cuatro años después de que ambas formaciones, junto con los dos partidos nacionalistas (el PA y el PSA) echaran al PSOE de la Alcaldía de Chiclana, otro de los grandes emblemas del socialismo gaditano. Pero si el aroma del acuerdo de gobierno que se cerró en Chiclana sólo era algo perceptible dentro de la localidad chiclanera, el de Alcalá de 2011 no fue tanta sorpresa, sobre todo porque era el segundo tren que pasaba por ahí para intentar echar al PSOE de su castillo alcalaíno. Y estaba cantado que ya no iban a dejar pasar esa oportunidad.
El primer tren pasó por Alcalá a mediados de 2003. En esas elecciones el PSOE perdía un concejal, se quedaba con seis y se despedía de su mayoría absoluta de siempre. Se abría la puerta para que los tres ediles de IU, los dos del PP y los dos de VIDA, un partido nuevo formado por escindidos del PSOE, propiciaran un vuelco político. Pero al candidato de IU, Juan Carlos Fernández Luna, le dio vértigo llegar así a la Alcaldía. La dificultad de poner de acuerdo a tres partidos en torno a un programa de gobierno, poder contar con la llave de la gobernabilidad desde la oposición y, quizás, el convencimiento de que Arsenio Cordero no aguantaría los cuatro años en minoría, frustraron ese acuerdo y el PSOE logró salvar los muebles.
Vinieron cuatro años de angustias socialistas –con el alcalde llegando a ser reprobado incluso por la oposición– y luego otros cuatro años en los que, ahí sí, Arsenio Cordero pudo gobernar con mayoría absoluta (2007-2011). Pero llegados a este último año la ola azul que impulsó al PP en casi toda España llegó también a Alcalá de los Gazules.
Once votos. Apenas once votos separaron al PSOE alcalaíno de mantener la mayoría absoluta en 2011 y eso trajo aquel histórico cambio político. Aquí la ecuación ya era más fácil porque no estaba VIDA de por medio. Sólo hacía falta que los cuatro concejales del PP liderados por primera vez por Julio Toscano y los tres de IU que mantenían a Fernández Luna como referente se pusieran de acuerdo. Y lo hicieron. Es cierto que la dirección provincial de IU que comandaba ya Manuel Cárdenas afeó a sus ediles de Alcalá que elevaran a la Alcaldía a un candidato del PP, pero también es verdad que en IU de Cádiz ya no subían tanto el tono como habían hecho cuatro años antes en Chiclana. Ver al PSOE de Alcalá en la oposición tampoco les disgustaba tanto.
El pacto PP-IU logró mantenerse en pie los cuatro años, pese a que en octubre de 2012 el Partido Popular se vio obligado a expulsar a una de sus concejalas, que se integró en el Grupo Mixto dejando al gobierno en minoría. Fueron cuatro años además en los que el alcalde estuvo liberado sólo al 50% (por las mañanas estaba en el Ayuntamiento y por las tardes pasaba consulta en Jerez) y en los que su primer teniente de alcalde (Fernández Luna, de IU) tampoco se liberó porque continuó dando clases de Biología. Era un gesto aplaudido por unos, porque ambos demostraban así que no tenían mucho apego a la política, pero criticados por otros, que se sentían huérfanos en el Ayuntamiento en unos años además de crisis y de dificultades económicas.
Otro dato curioso es que ninguno de estos tres actores se presentó a la reelección en 2015. Julio Toscano, que jamás militó en el PP, dejó paso a Susana Ruiz; Luna sí iría en la lista de IU, pero cediendo la cabecera de la misma a Zulema Sánchez; y Arsenio Cordero ponía fin a su carretera política para centrarse en la que era y sigue siendo su gran vocación: impartir clases de Historia.
De lo que dijeron estos tres dirigentes hace 15 años a lo que dicen hoy hay algo que se parece mucho a un abismo. Arsenio Cordero, por ejemplo, decía en 2011 que ese acuerdo PP-IU en Alcalá era el “pacto del odio” contra los socialistas alcalaínos, pero hoy dice que no guarda rencor por aquello y que si dejó la política no fue por ese revés sino porque terminó “achicharrado” tras ver en primera persona el sufrimiento que aquella crisis económica causó entre sus vecinos.
Julio Toscano defendía al llegar a la Alcaldía que ese acuerdo de gobierno lo que buscaba era acabar “con tanto enchufismo y tanto clientelismo político” que a su entender existía entonces en Alcalá de los Gazules tras 32 años de gobiernos socialistas. Hoy, asentado como médico en la capital gaditana, Toscano opina que no buscaron derrumbar al PSOE “sino mejorar el pueblo pensando en el futuro de la gente”. El que fuera alcalde del PP agradece aquella colaboración de cuatro años de Fernández Luna y de los otros dos ediles de IU y asegura incluso que tanto entonces como ahora “Arsenio Cordero siempre se ha portado como un caballero”.
Y Fernández Luna, el único de los tres que sigue metido en política como concejal de IU, veía entonces lógico ese pacto con el PP y hoy lamenta que ese gobierno no pudo hacer más cosas en el pueblo “por tantísimas deudas como nos dejaron los socialistas” y aclara que la gente de IU en Alcalá “aprendió la lección” y que no repetirían otro acuerdo con el PP “porque comprobamos que es muy difícil gobernar en contra de lo que piensa la gente”.
Aquella experiencia de un gobierno de populares e izquierdistas apenas duró esos cuatro años. En 2015 la Alcaldía alcalaína recayó de nuevo en un PSOE que ya estaba liderado por Javier Pizarro, el actual regidor. El hijo de Luis Pizarro, histórico dirigente del socialismo andaluz, suma ya tres mayorías absolutas indiscutibles, logrando diez, diez y nueve concejales respectivamente en una Corporación que tiene un total de 13 ediles.
Quedan 15 meses para unas nuevas elecciones municipales, que en política es mucho tiempo. Pero en Alcalá de los Gazules ningún epitelio olfativo vaticina cambio, que sepamos.
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