Abusos a menores en Cádiz

Condenado por abusos sexuales a su hija de 11 años y a su amiga de 12

  • La Audiencia de Cádiz impone al pederasta seis años de cárcel

  • La hija le retiró la mano a su padre “una y otra vez”

Sala de vistas de la Sección Primera, donde se celebró el acto de conformidad. Sala de vistas de la Sección Primera, donde se celebró el acto de conformidad.

Sala de vistas de la Sección Primera, donde se celebró el acto de conformidad. / Julio González

La Audiencia Provincial de Cádiz ha condenado a un hombre a seis años de cárcel por abusar sexualmente de su hija de 11 años y de su amiga de 12 cuando disfrutaban de un fin de semana en un apartamento de veraneo en El Puerto de Santa María.

El pederasta evitó la celebración del juicio por cuanto admitió ser el autor de los hechos por los que venía siendo acusado. Esta confesión junto a las dos atenuantes contempladas por el tribunal, el consumo de alcohol y la reparación económica a las víctimas, le han valido al pedófilo una rebaja de la pena de prisión finalmente impuesta.

La sentencia, de la que ha sido ponente el magistrado Manuel Estrella, declara probado que el 7 de septiembre de 2017 el ahora condenado y su hija, de 11 años entonces, se fueron a pasar el fin de semana a El Puerto en compañía de un amigo de la familia, quien a su vez tenía dos hijas menores de edad, una de 12 años y otra más pequeña.

El propósito de los padres, ambos divorciados de sus respectivas esposas, era disfrutar todos juntos de un fin de semana en la playa, aprovechando que el procesado tenía un apartamento en la citada localidad y que sus hijas habían entablado una fuerte amistad.

Al llegar a la vivienda, prosigue la resolución judicial, se repartieron las habitaciones. Así, decidieron que el amigo del acusado dormiría en una habitación con su hija más pequeña, que las dos niñas mayores dormirían juntas en otra y que el encausado ocuparía un tercer cuarto él solo.

El pederasta le preguntó a una de las niñas si le había gustado

La noche del sábado 9 al domingo 10 de septiembre, una vez que todos las personas antes mencionadas estaban en sus respectivos dormitorios, el pederasta, “ligeramente afectado por la ingesta de bebidas alcohólicas”, se presentó en el cuarto de las niñas de 11 y 12 años, las cuales estaban despiertas jugando a las cartas y sentadas las dos sobre la cama con su espalda apoyada en la pared.

El procesado se sentó en medio de las dos menores y comenzó a contar historias de cuando él era pequeño hasta que, transcurridos unos minutos y movido por el ánimo de satisfacer sus instintos libidinosos, comenzó a acariciar el brazo de la hija de su amigo hasta que poco a poco fue acercando su mano al pecho de la niña y, tras introducirla por dentro de la camiseta y del sujetador, empezó a acariciarle los pechos ante el asombro de la menor, quien no supo cómo reaccionar y se quedó en estado de shock, inmóvil y con un fuerte sentimiento de vergüenza, hasta que se quedó dormida.

Al despertar a los pocos minutos, continúa la sentencia, la niña notó como el hombre le hacía tocamientos en sus partes íntimas. Para que cesara en esa actitud, se dio la vuelta y le dijo que tenía mucho sueño.

Tal y como recoge resolución judicial, además de abusar sexualmente de la hija de su amigo, el acusado también acarició el brazo y la pierna de su propia hija con el propósito de acceder tanto a sus pechos como a su vagina. La menor, que también se quedó asustada y en shock ante lo que su padre estaba haciendo, le retiró la mano “una y otra vez”.

Antes de marcharse de la habitación, el pederasta le preguntó a la primera víctima si le había gustado, a lo que ella no respondió nada.

A consecuencia de estos hechos, una de las menores sufre trastorno de estrés postraumático crónico.

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