La Marina ya no es lo que era en la Isla

Fuerzas armadas La localidad tenía una población permanente de 5.000 hombres en instrucción

La memoria de la presencia militar en San Fernando cabalga en la nostalgia · El abandono reina en las instalaciones

1. Un muñeco caracterizado de soldado publicita productos en liquidación en la tienda Buenavista. 2. La destartalada fachada del polígono de tiro de San Fernando, donde los soldados siguen realizando ejercicios. 3. El dependiente de la tienda Buenavista muestra dos gorras de uniformidad.
1. Un muñeco caracterizado de soldado publicita productos en liquidación en la tienda Buenavista. 2. La destartalada fachada del polígono de tiro de San Fernando, donde los soldados siguen realizando ejercicios. 3. El dependiente de la tienda Buenavista muestra dos gorras de uniformidad.
M. Fossati · J. Garret / San Fernando

12 de octubre 2009 - 05:01

La película de la historia de amor entre San Fernando y la Marina española está seguramente grabada en la trastienda de negocios como Foto Fabra y en los archivos del fotógrafo Quijano, tanto como en la memoria de miles de isleños, militares o no. Ellos fueron habitantes de un tiempo no tan lejano en el que "de la Marina comíamos todos", según Mari Carmen Ortiz y Manuel Hernández, que durante 50 años regentaron una tienda de ultramarinos al lado de los cuarteles, una entre la decena existente entonces en menos de doscientos metros de recorrido. Ellos son de los pocos supervivientes. Han sido afortunados. Ahora es su hijo Carlos quien dirige el negocio.

Hoy, en el barrio o población militar de San Carlos, según quien lo diga, siguen oyéndose casi a diario las ráfagas de las prácticas de tiro de los infantes del Tercio de Armada, un residuo casi, y en el paseo arbolado las tropas retumban el suelo con su paso ligero e hieren los oídos con sus cantos de machotes. Pero las instalaciones del polígono muestran un deterioro desolador, lo mismo que el entorno antaño reluciente de los cuarteles y dependencias militares.

Es sin duda ésta una película acabada y no con un final feliz. Ahora, si acaso, quedan secuelas o episodios como un serial muy desmejorado comparado con el original. Entonces, no hace tanto, hasta una década si acaso, "la Marina lo era todo" según dice, recogiendo un consenso no expresado, el fotógrafo Enrique Rioja, hijo de un antiguo funcionario civil de la Armada, artificiero de lo que entonces se llamaba la Maestranza.

Cuesta explicarse una ruptura tan radical y rápida con ese pasado. No hace falta sacar números. Miles y miles de isleños encontraban su sustento en esa relación y San Fernando, una referencia "discutida, pero era nuestra personalidad", como razona el fotógrafo Pablo Fabra, que ha retratado junto a su padre a decenas de miles de marineros, soldados e infantes de Marina, en juras de bandera, en esas fotos que se pusieron de moda, en las que aparecía en el centro el barco en el que el recluta estaba destinado y en los vértices superiores su rostro a un lado, y el de su novia a otro.

"Había colas en la puerta de la tienda, eran cursis pero era la época... tuvieron un éxito increíble", recuerda Pablo, y remacha: "Yo añoro aquellos años, lo reconozco". Aquellos años setenta en los que su padre obtuvo el permiso para retratar los actos oficiales. Una mina. La misma que encontraron, y que supieron buscar, Manuel Muñoz y Josefina Rodríguez, fundadores de Efectos Militares Buenavista a mediados de los sesenta. En las multitudinarias juras montaban un tenderete en el que "el padre, los hermanos y los hijos y quien pillara por allí" no daban a basto vendiendo recuerdos militares, cerámicas y muñecas Wendy, recuerdan Ana María Muñoz y su marido Carlos Rábano, su "asesor", que heredaron el histórico negocio hoy situado en la Glorieta. Días de fiesta. "Épocas muy buenas", añora él.

En el último decenio el negocio, como tantos otros, se ha ido perdiendo como la tropa, y ha tocado reconversión en Buenavista. "Aventura, supervivencia, regalos, seguridad, artesanía, naval, complementos para FFAA", anuncia el rótulo de la tienda.

Pudo ser la supresión de la mili obligatoria la puntilla a aquel modo de vida de una ciudad en torno a uniformes. San Fernando tenía una población permanente de más de 5.000 hombres que acudían a hacer la instrucción o estaban destinados a cumplir el servicio militar en Marina o en el Ejército de Tierra. El industrial Manuel Hernández lo tiene claro: "La culpa la tuvo Trillo, que se llevó la Marina a su tierra, a Cartagena. Y este pueblo y sus políticos, que no supieron movilizarse para impedirlo".

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