Inversiones millonarias sin utilidad
Numerosos e importantes equipamientos sufragados con el dinero público están cerrados y acumulando desperfectos a la espera de su puesta en funcionamiento
En tiempos como los que corren, con una importante crisis económica generalizada, resulta especialmente llamativo ver cómo numerosos e importantes proyectos públicos, instalaciones y equipamientos llevan meses, e incluso años en algunos de los casos, acumulando humedades, desperfectos y otros problemas a causa de multitud de factores que impiden su puesta en funcionamiento.
Así, sólo hay que dar un paseo por algunas de las principales zonas de la ciudad para toparse de frente con edificios como el centro de salud de la costa (casi tres millones de euros de inversión, entre el presupuesto original y las mejoras de desperfectos), el pabellón deportivo de El Fontanal (1,4 millones de euros), el módulo de la primera pista del paseo marítimo de La Barrosa (700.000 euros), el centro cultural de la Casa Brake (1,8 millones), el centro de día para enfermos de alzheimer de Los Gallos (un millón), el centro comercial de la Plaza Mayor (siete millones de inversión privada con una concesión de suelo público por un canon de 58.000 euros anuales), etcétera, unas construcciones que llevan meses, en el mejor de los casos, aguardando una solución a cada uno de los problemas que impiden su necesaria puesta en funcionamiento.
Para muchos se trata de una pésima gestión por parte de las administraciones competentes; para otros los contratiempos habituales en cualquier proyecto que implique poner un ladrillo sobre otro y para la gran mayoría una incomprensible situación de dejación y abandono de instalaciones en las que se han invertido millones de euros de los contribuyentes, esos a los que se les sigue pidiendo un esfuerzo más para salir de la crisis. Equipamientos que, a juzgar por la falta de diligencia a la hora de darles utilidad por parte de los que deben velar por ello, parece como si no hubieran costado un 'duro'.
Sin duda, y aunque a primera vista pudiera parecer que es precisamente ahora, en tiempos de crisis, cuando más difícil resultará poner en funcionamiento estas instalaciones, quizás sería más lógico pensar que siempre será peor tener que construirlas de nuevo y perder las inversiones realizadas a causa de los daños irreparables que algunas de ellas pueden estar acumulando.
En cualquier caso, y aunque sólo fuera por un ejercicio de responsabilidad para con quien han pagado de sus bolsillos estas inversiones, los contribuyentes, las administraciones competentes, sean cuales fueren sus colores políticos, deberían dar alguna vez explicaciones convincentes y razonables de los motivos por los que estos equipamientos siguen esperando soluciones o, en el mejor, pero improbable, de los casos, hacer un último esfuerzo para sacarlos del ostracismo y darles la utilidad para la que fueron concebidos.
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