Al Guadalquivir no le gustan los buques de gran calado
Con este siniestro en el que se ha visto involucrado el carguero holandés Citadel, los empresarios sevillanos tendrán una nueva y buena excusa para volver a recordarle a las distintas administraciones involucradas que el dragado del río es necesario y que sin él, "el puerto de Sevilla está abocado a la muerte".
El que hasta hace poco era presidente de los empresarios de Andalucía, Santiago Herrero, se ocupó hace unos meses de recordarlo aprovechando la presentación de un proyecto para una zona franca en Sevilla. Herrero lo expuso como una de las medidas necesarias para reactivar la economía sevillana. Dijo que de no llevarse a cabo el dragado del Guadalquivir, "quedaría incompleta" la obra de la nueva esclusa, cuyo coste ascendió a 170 millones de euros.
Si el río no se draga no será posible, sin duda alguna, que naveguen por el Guadalquivir embarcaciones del tipo del Citadel, con un calado de seis metros, cuando el río tiene una profundidad máxima de seis y medio.
Fuentes del sector portuario aclaran que la navegación es sólo garantizable si por debajo de la quilla queda, al menos, un metro de agua. Y, en el caso de los grandes buques, lo prudente es que entre el casco del buque y el suelo quede una distancia de más o menos un 10% del calado total de barco.
Y la imposición de estos límites no es nada caprichosa, dado que en los último años se han registrado varios embarrancamientos de embarcaciones a lo largo del cauce del río Guadalquivir. Sonado fue el protagonizado por el Sichem Colibri, de 92 metros de eslora (19 menos que el Citadel), que quedó varado en agosto de 2009, cargado con más de 3.000 toneladas de sosa cáustica. El barco, de bandera maltesa, pudo ser rescatado en cuestión de horas aprovechando la pleamar. En aquel entonces, la Capitanía Marítima de Sevilla -adscrita al Ministerio de Fomento y que tiene la competencia de la seguridad en el río- puso en marcha un dispositivo que finalmente dio buen resultado.
Años antes, en 2003, fue un catamarán con 340 pasajeros a bordo, el Luna de Sevilla, el que embarrancaba en la desembocadura del Guadalquivir, frente a Sanlúcar, esta vez por la apertura de una misteriosa vía de agua.
Fuentes de la comunidad portuaria de Cádiz afirman que cada año se dan entre 8 y 10 acaecimientos de este tipo, pero que muchas veces pasan desapercibidos porque es la propia pleamar la que devuelve al buque a su ruta. En esas ocasiones, el que sale mal parado es el armador, que pierde tiempo y el dinero que le cuesta contratar los remolcadores.
Estas normas que dicta el propio río hará imposible el paso por el Guadalquivir de los grandes cruceros que tanto ansía la autoridad portuaria de Sevilla y sus empresarios, de manera que durante mucho tiempo tendrán que seguir usando Cádiz como su puerto para los grandes cruceros.
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