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Anne Hidalgo. Alcaldesa de París

"¿Difícil llegar a alcaldesa de París? Lo de mis padres sí que fue heroico"

  • La primera mujer en gobernar París, gaditana de San Fernando, recibe en su despacho a Diario de Cádiz. Fue elegida como candidata del Partido Socialista en abril pasado.

-Paseando, y admirando, París he dudado si gobernar esta ciudad será un sueño o una pesadilla.

-¡Un sueño, un sueño! Porque esta ciudad es increíble, muy linda, muy histórica, pero también muy dinámica, somos una capital cultural, económica y política. Como yo dije en la prensa francesa, es un sueño y mucha felicidad ser alcaldesa, pero también una gran bolsa de problemas, porque París tiene 2.300.000 habitantes, es muy cosmopolita, están todas las nacionalidades, todas las religiones, y esto se tiene que llevar con mucha firmeza pero siendo a la vez bastante delicada. Esta ciudad necesita que sea uno delicado.

-Ese sueño lo será más aún siendo usted hija de inmigrantes gaditanos, que tuvieron que venir por la fuerza.

-Seguro, porque yo ni de pequeña ni cuando empecé a estudiar y trabajar pensé llegar a ser alcaldesa de París. Para mí no era un proyecto, vino luego cuando ya me interesé y me metí más en política. Es verdad que la probabilidad de que un hijo de inmigrantes o una hija, porque también para las mujeres es más difícil, llegue a un cargo como este es muy pequeña. Pero París es una ciudad en la que mucha gente tiene la misma historia que yo, la mitad de la gente viene de fuera a buscar también su suerte, su porvenir. Durante la campaña yo decía muchas veces que finalmente mi historia es la de miles y miles de parisinos.

-Claro, usted es criada en Lyon.

-Sí, yo venía de Lyon, que es verdad que es una ciudad muy bonita, donde crecí, hice mis estudios... pero yo de pequeña ya tenía de París la imagen del sueño, como la ciudad de la que todas las canciones y las películas hablaban, toda la actualidad de Francia estaba en ella. Y siendo estudiante de Derecho en Lyon siempre me decía "ay si estuviera en París iría a ver a Jean Paul Sartre, a Simone de Beauvoir…" ,

-Entonces, usted estaba predestinada.

-Sí, me vine como inspectora de trabajo y en seguida me encontré en mi casa, porque esta es una ciudad del Norte de Europa, en comparación con Cádiz, pero es muy latina, muy mediterránea. En cuanto hay un rayo de sol la gente sale, quiere compartir, tiene mucha curiosidad por el mundo. Todo eso pa mí era algo que también hablaba a mis raíces gaditanas. Asín que en seguida me encontré en mi sitio. Me gustaba, me gustaba la gente que venía del mundo entero... y poco a poco vine a entrar en política como militante, tampoco pensando que iba a hacer una carrera.

-¿Y hubo un momento en el que usted dice 'yo quiero ser alcaldesa de París'?

-Sí, pero eso fue ya en el año 2005, que ya estaba yo aquí aprendiendo con Bertrand Delanoe, como su primera teniente de Alcaldía, actuando en una ciudad que era una ciudad de izquierdas en un mundo de derechas. Y en ese año yo estaba pensando si seguiría en política o no, y recuerdo que Bertrand Delanoeme dijo que pensaba dejarlo: "Tú sabes que esta ciudad es la ciudad de tu destino, aquí tienes que quedarte", me animó, y que lo que le gustaría sería preparar que llegara la primera mujer alcaldesa, y que esa mujer podía ser yo, "si sigues, si trabajas y te agarras también a ese sueño, a esa idea", me dijo. Y a la vuelta de las vacaciones ya lo había decidido. Y a partir de entonces me dediqué tanto a estudiar dossieres como con mi equipo a formar una especie de 'alma de jefe', porque la gente tiene que tenerte confianza, sentir tu liderazgo. Y trabajé con asociaciones, con empresarios... hasta conocer esta ciudad al centímetro.

-En todo ese proceso ¿fue alguna vez un inconveniente ser nacida en España?

-No, nunca. Fue más inconveniente ser mujer, por lo menos en esto. La situación de los inmigrantes no ha sido nunca fácil, yo he visto a mis padres, en los años 60. Pero para llegar a la Alcaldía, esto de ser española y francesa, en absoluto ha sido un problema, sino más bien algo positivo. Creo que a los parisinos les ha gustado esa idea, que más bien muchos pensaron en su familia, en sus abuelos. Y además tengo la suerte de haber vivido en varios ambientes: vengo del mundo obrero, sé lo que son, soy hija de obreros y he vivido en un barrio obrero, con una familia humilde pero con muchísima voluntad de trabajo, de darle todo lo que podían a sus hijos. Luego he conocido otros mundos sociales. Conozco el mundo de los obreros y el de los potentes.

-Desde San Fernando se ve su historia como algo grande e increíble.

-Sí, es verdad, yo lo veo cuando hablo con mis tías, mis primos, desde allí, que se ve como que he conseguido algo muy difícil. Pero para mí no lo ha sido. Mucho más difícil fue el camino de mis padres, la generación de los que han emigrado, que salían por fuerza de España, que llegaban a Francia, que sí, sabían que había trabajo, no era como hoy, pero llegaban en un país donde no conocían el idioma ni las costumbres, con los hijos pequeños, sin ninguna seguridad en nada… Te planteas eso y eso sí que fue difícil y heroico. Ya una vez que estás aquí, que tus padres te dan lo que tienen que dar los padres, la confianza, la seguridad, el amor y que encuentras la posibilidad de estudiar… ya luego no es tan difícil, de verdad, no me lo parece.

-Además, usted ha dicho muchas veces que recuerda su infancia como muy feliz.

-Muy feliz, muy feliz. Bueno, no había mucho dinero, no íbamos de vacaciones todos los años, sólo cada dos a ver a la familia. No íbamos de restaurantes… pero no me ha faltado de nada. Al contrario, recuerdo que cuando éramos pequeñas en Lyon, la casa siempre estaba llena de shiquillos del barrio que venían a compartir la merienda. De verdad, no ha sido para mí difícil porque teníamos voluntad de integración y había trabajo, no este paro que frena la voluntad de integración y porque tuve también la suerte de que me gustaran los estudios como forma de conseguir mi libertad.

-¿Cómo se lleva con Manuel Valls, el primer ministro, también español?

-Bieeen, bien, es amigo, compañero. Aunque catalán, ja, ja, pero amigo.

-¿Cómo entiende que Valls, inmigrante como usted, tenga una postura tan dura con la inmigración?

-No sé si se puede decir así. Bueno, él ha sido ministro de Interior, que es un papel distinto al mío. Creo que compartimos los valores de la República francesa, que dicen que hay abertura y posibilidades de integración dentro de las leyes de la República. En esto estoy de acuerdo con él. Pero el asunto es un poco más complicado. Se puede decir que en nuestro caso había voluntad de integración, porque vinimos de fuera con ganas de estudiar... pero hoy resulta que la integración se le exige a gente que son franceses, que han nacido aquí. Y si tú le dices a alguien que tiene que integrarse cuando ha nacido aquí, si le mandas una imagen de 'no eres tan francés como nosotros", ellos mismos se van a revoltar. Hay que darle a la gente la posibilidad de tener el orgullo de su origen. La mayoría tiene esa voluntad de integrarse, aunque haya casos que dan que hablar pero que no ilustran la realidad de miles de personas. Pero cuando hablamos así la derecha francesa dice "ay, míralos están pensando como angelitos, como si todo el mundo fuera bueno'... y no, no somos naives (ingenuos).

-La llaman a usted La Belle de Cadix como en la canción de Luis Mariano.

-Ja, ja, sí, me lo han disho varias veces. No me molesta, es grasioso, grasioso. La primera vez que me lo hicieron fue en 2001, en la tele, que me invitaron a un acto que no era muy político. Y cuando entré allí en el plató, empiezan a cantar todos y el público: 'La Belle de Cadix a des yeux de velours...' (La Bella de Cádiz tiene ojos de terciopelo...) y yo pensé, verás como esto me lo van a sacar otras veces, y sí desde entonces cada vez me lo sacan. Pero es grasioso, es simpático, no me molesta.

-¿Sigue habiendo esa imagen un poco folklórica de los españoles?

.-No, tan folklórica no. Los franceses conocen a España. No, ya no es Carmen y Luis Mariano. Todo el movimiento de la movida ha sido muy importante, y cultura española es sinónimo de innovación. También de flamenco, por supuesto. Pero por ejemplo, Paco Ibáñez tiene un éxito increíble cada vez que viene. Esa visión de la cultura española típica sigue siendo algo fuerte, pero hoy la gente tiene una visión muy positiva de los españoles, pero muy positiva.

-Pero igual piensan que ya nos estamos pasando. Tenemos la alcaldesa, el primer ministro...

-Nooo, aquí resulta grasioso. Muchas veces lo comentamos con Manuel Valls, y estuvimos la semana pasada además con el Rey y la Reina que estuvieron en el Elíseo, y el mismo Hollande le comentó al Rey Felipe que estaba bien representado aquí con nosotros dos. Aquí parece casi natural. Parece más extraño a los españoles, que se preguntan si en España podría darse ese caso al contrario.

-No parece muy posible.

-No, no lo parece por ahora, porque España es todavía un país con una historia de inmigración no tan larga como Francia, y por es algo extraño. Pero creo que es algo que está dentro de los valores de la República francesa, valores de integración para gente como yo, como Manuel, como otros, porque hay muchos españoles por aquí, no somos los únicos.

-Con su victoria en París también se bromeó, como que era la venganza de los gaditanos sobre Napoleón, doscientos años después del asedio.

-Sí, ja, ja. Ha visto que tengo aquí la caricatura que me hicisteis cuando visité el Diario de Cádiz en la que aparezco como Napoleón, con el Puente Zuazo detrás... Es verdad que es muy graciosa esta historia. Yo se la cuento a los franceses, que no conocen ese episodio de que Napoleón no pudo pasar del Puente Zuazo en San Fernando, ja, ja.

-Esa batalla no la tienen grabada en el Arco del Triunfo.

-No, esa no, ja, ja, sólo las victorias. Así que yo se lo cuento a muchos, incluso a periodistas franceses. Muchos que vienen a mi despacho me preguntan qué es esto, y yo le cuento la historia. La tengo siempre aquí ¿eh? No la he puesto ahora porque veníais.

-Su lema de campaña fue Paris qui ose (París que se atreve). ¿Usted es también así, es verdad que esconde, como dicen, bajo su apariencia amable, una mujer luchadora y dura?

-Bueno, yo no escondo nada. Pero es verdad que si no fuera luchadora y osada no estaría aquí, de verdad, si no me gustara luchar, argumentar, la democracia, la batalla política no estaría aquí. Pero yo siempre intento poner racionalidad en las cosas. También emoción y todo lo que puede mover a uno, pero poner racionalidad, y exponer los problemas, plantearlos, hablarlos, discutir y decidir, que también hay que hacerlo. Y para eso es verdad que no hay tienes que quedarte donde te digan siempre. Si yo me hubiera quedado donde su suponía que tenía que quedarme, no hubiera hecho estudios ni nada.

-Es como si fuera usted la mezcla de dos tópicos, la pasión española y el cartesianismo francés.

-No, no lo sé, no creo. Yo soy alguien muy calma . Tal vez cuando algo va mal puedo ser un poco más apasionada en la manera de decirlo, pero yo intento siempre convencer con argumentos que cada uno pueda verificar. Y si no funcionan porque enfrente no quieren escucharlo o no están en la misma dinámica, sé luchar también.

-¿Eso es lo que le ha dado la victoria en un paisaje de una izquierda en baja?

-Hace poco, un alcalde de distrito de derechas me contaba el trauma que para ellos suponía perder la capital. Y yo le respondía que en cambio estaba contenta, ja, ja. La campaña ha sido muy difícil porque el contexto nacional para la izquierda no ha sido fácil. Yo he llevado mi campaña siendo mujer de izquierda, y me preguntaban si apoyaba las medidas de Hollande yo decía que quería que el gobierno tuviera su oportunidad de hacer sus reformas y todo eso, pero que yo me presentaba para París, con la libertad que supone ser alcaldesa de París, y esta libertad nadie me la quitaría. En estos tiempos, los ciudadanos lo ven todo, y si no eres auténtico se notará y la gente lo sabrá, así que yo dije siempre lo que pensaba. Y la gente lo vio. No todos me siguieron, pero vieron que yo era auténtica.

-¿Ahora se siente poderosa?

-Cuando estás en el poder, es siempre efímero, por el tiempo que te dan los ciudadanos. En este caso, seis años. Y hay que tener mucha lucidez, si no, es un problema. Pero sé que desde aquí puedo cambiar muchas cosas, puedo influir, tener un papel en el empleo, en la cultura, en los valores republicanos, son temas sobre los cuales la palabra del alcalde de París es algo importante. París siempre ha tenido una historia fuerte de conflicto con el Gobierno nacional, desde la Edad Media. Es la ciudad de todas las revoluciones, de la Comune de Paris, de la Liberación...

-Es la primera mujer en el Hotel de Ville (Ayuntamiento) ¿Se plantea ser la primera mujer en el Elíseo (sede de la presidencia de la República)?

-¿Qué, en el Elíseo, yo? No, qué va. Yo, París, de momento y más allá, ja, ja. París. No, de verdad, esta ciudad es algo increíble, porque es grande, hay un presupuesto que te permite llevar políticas que son también innovadoras en todos los temas, que tiene sus relaciones internacionales con otras grandes ciudades. Yo trabajo con el alcalde de Nueva York, con el de Londres, el de Madrid, el de Roma, el de Berlín, el de Dakar… Yo creo que en este momento de crisis, de desconfianza en los políticos, las ciudades-mundo como París tienen un papel bastante importante porque tenemos cosas parecidas en nuestras ciudades: una población cosmopolita, joven, de estudiantes, de gente que vienen del mundo entero, problemas de medio ambiente... temas en los que los alcaldes tenemos mucho que hacer. Es un momento en que ser alcalde de una ciudad como esta es muy interesante. Mucho más que estar en otro sitio, je, je.

-Yo lo decía porque me gustaría venir dentro de seis años a entrevistar a una presidenta gaditana.

-Ah, no, no, ja, ja, alcaldesa, alcaldesa.

-Precisamente en el socialismo español hay ahora una mujer que aspira a todo.

-Sí, Susana Díaz, la conozco porque ella vino aquí y me dio una medalla de Andalucía, y estuvimos juntas, al principio de mi campaña. Yo tengo muy buena opinión de ella. Es una mujer que lleva una región bastante importante, Andalucía, y es una mujer muy trabajadora, concreta y también política. Yo tengo bastante confianza en ella. Todavía no conozco a Pedro Sánchez, pero ya tendré la ocasión de conocerlo.

-¿Cuál es su sitio preferido de París?

-La Sena, la Sena. Yo creo que todo el borde del Sena es algo increíble. Pero hay tantos sitios que me gustan... Me encantan también los techos de París, verlos desde ese mismo nivel.

-Y ha puesto una playa en el río.

-¿Ha visto la playa, eh? Casi como la de Cádiz, je. La idea la tuvo el alcalde anterior, Bertrand. Fue gracioso porque él nació en Túnez, y también le gusta ese ambiente un poco andaluz. Durante una visita a Barcelona tuvimos la idea de poner palmeras en París, pero no aguantaron el invierno, y ya pensamos que una playa sí pondríamos, aunque de momento no se puede bañar la gente

-Dijo usted que no cambiaría su vida libre aunque saliera como alcaldesa ¿lo mantiene?

-Sí. Cambia la imagen que la gente tiene de ti, porque los alcaldes están en la cercanía con la gente, y esto le da una fuerza a la relación del ciudadano con la gente bastante impresionante. Eso cambia, pero no mi vida. Sigo trabajando en este despacho, seguramente el más grande y bonito de toda la República, con una historia muy fuerte, pero mi vida la sigo viviendo como siempre y donde siempre, con mi familia, salgo a hacer mis compras, tengo menos tiempo pero salgo y voy a comprar al supermercado de al lado de casa, sigo llevando mi hijo al cole por la mañana. Tengo menos tiempo para mi vida personal, pero no quiero cambiar.

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