La lluvia truncó las salidas de Misericordia y Dolor

Los Cerillitos tuvo que regresar a la Prioral hacia las diez de la noche y el Cautivo apenas llegó a salir

Teresa Almendros El Puerto

27 de marzo 2013 - 06:44

AL final no pudo ser. Los elementos se impusieron a las ganas de salir a la calle y las hermandades del Martes Santo vieron truncados sus recorridos procesionales, sobre todo el Dolor y Sacrificio cuyo primer paso apenas si pudo hacer acto de presencia en la plaza de España.

La jornada comenzaba con normalidad a las siete de la tarde, cuando la hermandad de la Misericordia procedía a efectuar su estación de penitencia a pesar de que los partes meteorológicos no auguraban nada bueno. El paso del Santísimo Cristo de la Misericordia salía del primer templo portuense hacia las siete y cuarto de la tarde y el "valiente del Martes Santo", en palabras de uno de los capataces, comenzaba su recorrido a los sones de las marchas interpretadas por la banda de cornetas y tambores Rosario de la localidad malagueña de Arriate. Poco después, hacia las siete y media, pisaba la Plaza de España Nuestra Señora de la Piedad, con la candelería encendida y a los sones de la banda de música de Rota interpretando la pieza A mi Virgen de la Piedad.

La plaza de España se encontraba aún con bastante gente esperando la salida de la segunda hermandad en salir a la calle el Martes Santo, la del Dolor, cuando ya las nubes amenazaban cada vez más negras y un incómodo viento amagaba con traer agua. Aún así, a las ocho y veinticinco de la tarde la hermandad del Dolor se preparaba para procesionar y tras dedicar una oración a sus titulares, en riguroso silencio, se abrieron las puertas de la Prioral con el único sonido de los rezos del Rosario.

Las luces del templo se apagaron y la Cruz de Guía estaba a punto de salir a la calle cuando comenzó a llover con fuerza, por lo que se decidió esperar un poco a ver si escampaba. Un cuarto de hora después, a las nueve menos cuarto de la noche, la hermandad decidió seguir adelante, aunque advirtiendo a todos los hermanos que si la lluvia volvía debían regresar por el camino más corto y protegiendo con plásticos los diferentes enseres.

Sobre las 20:50 horas se abrieron de nuevo las puertas de la Iglesia Mayor Prioral, de nuevo con las luces apagadas y tras salir la Cruz de Guía, lo hizo poco después -con la horquilla marcando el paso de los nazarenos encargados de portar las andas- la imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo, sobre un calvario de claveles rojos y seguido por un gran número de devotos cumpliendo sus promesas. La plaza de España en silencio fue testigo, una vez más, de la salida de una de las hermandades más sobrias y singulares de El Puerto, con el sobrecogedor sonido de las cadenas de algunos de los penitentes arrastrándose por el suelo de la Prioral.

Hacia las nueve y cuarto de la noche se disponía a salir a la plaza de España María Santísima del Dolor y Sacrificio, ataviada con su manto de terciopelo rojo y con un pañuelo bordado en la mano, cuando la lluvia comenzó a caer con mucha insistencia, de manera que ante la evidencia de que resultaría imposible procesionar de ese modo se optó por dejar la imagen de la Virgen en el interior del templo. Muchos de los hermanos no pudieron evitar las lágrimas, aunque el silencio y la disciplina continuaron siendo las notas predominantes tras la dura decisión adoptada de suspender la estación de penitencia. Mientras tanto el Cristo, que ya estaba en la calle, regresaba a paso de agua entre aplausos y con los enseres bien cubiertos por plásticos, haciendo su entrada en la Prioral hacia las nueve y veinte de la noche.

"¡Viva el Cautivo!", se escuchaba gritar al público que permanecía en la Plaza de España armado con paraguas, a la espera también del regreso de la hermandad de la Misericordia, a la que la fuerte lluvia sorprendió en la calle Misericordia. Entre tanto, los hermanos del Dolor y Sacrificio dedicaba un gran aplauso a sus titulares, ya a resguardo en el templo.

El camino de regreso de la Misericordia no se realizó a paso de agua, a pesar de la lluvia que caía, sino que la procesión volvió recorriendo la calle Palacios incluso con la banda de música tocando. Eran ya las nueve y cuarenta minutos de la noche cuando el Cristo de la Misericordia regresaba al templo, mojado tras el chaparrón recibido. Poco después, sobre las diez y diez de la noche, lo hacía la Virgen de la Piedad, que era recibida también entre aplausos por parte del público que aún llenaba la plaza de España.

El Puerto se quedó por tanto este año sin ver el retorno de la hermandad del Dolor a su Barrio Alto, con un recuperado itinerario con el que se quería volver a los orígenes de esta hermandad, a su paso por la zona más humilde de la ciudad.

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