Caídos en el silencio
Sobre la Academia
Los socios y académicos de Santa Cecilia siguen compartiendo sus impresiones en este espacio semanal titulado 'Sobre la Academia'. Hoy es el turno de Ignacio Pérez Blanquer.
“El Puerto no hubiese sido lo que es sin la Academia Santa Cecilia”
Los goznes del viejo palacio de la Marquesa de la Candia han vuelto a girar, pero esta vez para cerrar. La Academia de Bellas Artes Santa Cecilia, centenaria y hecha de esfuerzo anónimo y vocación compartida, ha quedado en pausa. Los pasillos vacíos aún parecen contener el eco de miles de pasos.
Los cuadros esperan apoyados en las paredes. Los libros, reunidos en montones, guardan un sueño ligero. Todo respira un aire extraño, como si la casa estuviera conteniendo el aliento.
Cierra por obras, sí. Cierra porque es necesario emprender reformas en el edificio. Cierra porque el tiempo también pasa por las vigas y por las piedras. Pero este cierre, aunque obligado, pesa. La Academia no es solo un espacio. Es un latido que ha acompañado a nuestra ciudad desde 1900, cuando nació para ofrecer enseñanza artística gratuita. Músicos, pintores, artesanos y soñadores han cruzado sus aulas. Más de veinte mil alumnos han encontrado allí un rumbo, una vocación o al menos una antorcha para el camino. Todo eso queda ahora suspendido, como una respiración interrumpida.
No hablamos de un adiós, hablamos sólo de un silencio. Un silencio que duele, pero que también prepara y apresta. La Academia ha sobrevivido a épocas duras, a cambios de siglo, a crisis y olvidos. Esta pausa será otra página que contar. Mientras tanto, desde el altavoz generoso de Diario de Cádiz mantendremos viva su presencia. No dejaremos que el polvo cubra la memoria ni que el cierre apague su energía.
La casa volverá a abrirse. Volverá la música, volverán las exposiciones, volverán las voces jóvenes y los gestos pacientes de quienes enseñan. Cuando el cerrojo se retire y la luz vuelva a llenar los pasillos, la Academia brotará de nuevo con la pasión que siempre la ha definido. Hasta entonces, permanecemos aquí. En el silencio, sí, pero en pie.
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