Aparcamientos
Cádiz mantiene cerrada un centenar de plazas de aparcamiento, a pesar de la necesidad de estacionamiento en la ciudad

José Arvilla Hernández, ingeniero industrial

Antiguos alumnos del colegio San Luis Gonzaga

Especializado en combustibles líquidos, fue director general de Campsa

Falleció el 12 de junio de 1943, a los 45 años de edad

Su padre fue concejal en El Puerto y vicecónsul de Turquía

José Arvilla Hernández, ingeniero industrial.
Bernardo Rodríguez Caparrini

09 de junio 2019 - 06:00

José Arvilla Hernández nació en el número 7 de la calle Misericordia de El Puerto de Santa María (Cádiz) el 7 de octubre de 1897. Era el primogénito del matrimonio formado por el empresario portuense José Arvilla Colom y la malagueña Julia Hernández Crooke, que tuvieron además cuatro hijas: Adela, Julia, Margarita y María. El señor Arvilla Colom se dedicaba al negocio vinatero como socio de las firmas Arvilla y Compañía —con su hermano Ramón, presidente del Centro Peralista— y Sobrinos de Viuda X. Harmony, con Pedro Hernández Carrera y Julián Carrera Hernández. Desempeñó también en El Puerto los cargos de concejal y de vicecónsul de Turquía.

José Arvilla ingresó interno en el colegio de San Luis Gonzaga de su ciudad natal —dirigido por la Compañía de Jesús— el 30 de septiembre de 1907, poco antes de cumplir los 10 años. Entre sus compañeros portuenses de primer año de bachillerato podemos citar a Serafín Álvarez Martínez, Francisco Javier Martínez García de Valdeavellano, Juan Osborne Tosar y el futuro jesuita Rafael Sánchez de Lamadrid Cuvillo. Era entonces rector del colegio el padre Francisco Socorro, a quien sucederá en julio de 1909 el asturiano Rodolfo Velasco, en el cargo hasta el verano de 1915. La media de alumnos en los seis cursos de permanencia de Arvilla se situó en 200 (internos el 82 % de ellos), atendidos por una comunidad jesuita que se mantuvo en torno a los 32 miembros. Tras la academia que se celebró el domingo 26 de mayo de 1912, el congregante José Arvilla —alumno de 5º de bachillerato— recibió del prefecto Manuel Abreu un primer premio de conducta y otro de aprovechamiento (en Doctrina Cristiana). El día de la Inmaculada del curso siguiente (1912-1913), cuando tuvo lugar la primera proclamación de dignidades, nuestro biografiado compartió la de jefe de filas de la 1ª división con su condiscípulo de 6º año Miguel Buiza (quien durante la Guerra Civil será jefe de la flota republicana). Aunque el expediente académico de Arvilla es mediano, el tribunal del Instituto General y Técnico de Jerez de la Frontera le otorgó sobresaliente en dos materias de su último año de bachillerato: en Historia Natural y en Agricultura y Técnica Agrícola e Industrial, la última con derecho a matrícula de honor. Superó los dos ejercicios para la obtención del grado con sendos aprobados.

Ya bachiller, José Arvilla marchó al Colegio de Estudios Superiores de Deusto (Bilbao) con objeto de estudiar el preparatorio para ingeniero industrial. Durante su estancia en esta institución universitaria jesuita (1913-1915) coincidió con su paisano Hipólito Sancho Mayi, alumno de la Facultad de Derecho y miembro de la junta directiva del Apostolado de la Oración, donde Arvilla fue uno de los celadores. Una vez superado el ingreso en la Escuela Especial de Ingenieros Industriales de Bilbao, José cursó en dicho centro a lo largo de seis años académicos —1915-1921— las veintiséis asignaturas de que constaba la carrera, siendo calificado con notable en dieciséis de ellas y con aprobado en las restantes.

En 1923, José Arvilla ingresó en la Compañía Arrendataria de Tabacos, que le destinó a la fábrica de Sevilla. Allí prestó servicio hasta 1925, cuando pasó a la Sociedad Petrolífera Española —perteneciente al grupo Shell— como ingeniero jefe de su flamante factoría sevillana de Tablada. El 12 de septiembre de ese año 1925 casó en El Puerto con María Jiménez Sancho (1898-1968), fijando el matrimonio su residencia en Sevilla. Tras la creación en junio de 1927 del Monopolio de Petróleos, idea de José Calvo Sotelo, y resuelto a favor de la empresa privada Campsa el concurso que adjudicaba su administración, Arvilla fue nombrado ingeniero jefe de la factoría receptora de Sevilla e interventor de la zona sur, “funciones que desempeñó con tal acierto y tan perfecto dominio de la técnica petrolífera —subraya la revista Madrid Científico—, que en 1930 fue trasladado a las oficinas centrales de la Campsa [calle Torija, 9, Madrid] como jefe del Departamento de Industria, en el que ha desarrollado una labor altamente meritoria que acredita y destaca su personalidad en esa importante rama de la ingeniería”.

En julio de 1933 Arvilla asistió en Londres al primer Congreso Mundial del Petróleo

En noviembre de 1931 —ya instaurada la Segunda República— Arvilla Hernández formó parte de la delegación española que, designada por el socialista Indalecio Prieto (ministro de Hacienda), visitó durante cuatro semanas las principales ciudades, refinerías y centros industriales de la Unión Soviética invitada por el trust petrolero de la “Nafta Rusa”, importante proveedor de Campsa. “Es realmente grandioso el esfuerzo de este pueblo para industrializarse”, escribió a su mujer desde Moscú. En julio de 1933, Arvilla asistió en Londres al primer Congreso Mundial del Petróleo. Vacante la dirección general de Campsa por dimisión del ingeniero industrial José Maluquer a principios de diciembre de 1934, José Arvilla fue designado para este difícil puesto el 21 de febrero siguiente, con 37 años de edad. Correspondió aprobar su nombramiento a Manuel Marraco, del Partido Republicano Radical, ministro de Hacienda en el gabinete de centro-derecha presidido por Alejandro Lerroux. En ese año 1935, Campsa importó unas 800.000 toneladas de productos derivados del petróleo, de las que casi el 90 % lo fueron en buques de la propia flota.

El estallido de la Guerra Civil dividió a España y sus instituciones, Campsa entre ellas. En julio de 1936, José Arvilla veraneaba con su mujer y sus cinco hijos en Ávila. Desde allí se trasladó a Burgos, donde la Junta de Defensa del bando sublevado improvisó a mediados de agosto una oficina central de Campsa. Arvilla no debió de tardar en hacerse cargo de la dirección de la nueva Campsa-Burgos, pues el 7 de septiembre de 1936 la Gaceta de Madrid insertó un decreto de Manuel Azaña determinando su “separación absoluta del servicio”. Una semana después, el titular de Hacienda —Juan Negrín— aprobaba la designación del socialista eibarrés Toribio Echevarría como director general de Campsa-Madrid. Aunque la escisión de Campsa resultó desfavorable inicialmente para los sublevados, la ayuda casi incondicional a Franco de la poderosa petrolera norteamericana Texaco hizo posible el esencial suministro de combustible a la zona nacional en guerra.

José Arvilla Hernández reasumió en Madrid la tarea de director general de Campsa en la penosa coyuntura de la posguerra y de la Segunda Guerra Mundial. En diciembre de 1940 fue nombrado vocal del patronato “Juan de la Cierva” de Investigación Técnica, del CSIC. En noviembre de 1941 presentó la dimisión de su cargo en Campsa, siendo relevado por Félix de Gregorio Villota. Poco después, Arvilla fue elegido consejero delegado de la Sociedad Ibérica del Nitrógeno y consejero de la Compañía de Gas Madrid. Falleció el 12 de junio de 1943, a los 45 años de edad.

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último